La felicidad cabe en una maleta (II)

Monito mirándose en un espejo. La conciencia de sí mismo es aceptada como signo inequívoco de cierto nivel de inteligencia.

Cosas de familia

Además de leer sobre Cosmología e Historia, a mí me gusta andar curioseando -con mirada de aficionado- en algunas ciencias que han tenido un desarrollo descomunal en los últimos años como la Genética y la Antropología, porque me ayudan a comprender de dónde provenimos, y hacia dónde nos dirigimos como especie.

James D Watson, co-descubridor del ADN. Tomado de https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15189479

La mayoría de la gente parece no darse cuenta de la importancia de descubrimientos tales como el mecanismo de la herencia (ADN) realizado en 1953 por Watson y Crick [ver ***], el mapa del Genoma Humano terminado en 2003 gracias a Craig Venter  y más recientemente, lo que se ha dado en llamar Epigenética para referirse a la forma en que el ambiente influye en los genes a través del mal llamado “ADN basura”, descalabrando de paso la teoría que suponía que la herencia genética lo era todo en cuanto a evolución se refiere, y que el medio no influía directamente y a corto plazo en la modificación de los genes.

(De manera que Lysenko -además de ser un gran hijoeputa y el responsable principal del tremendo atraso de la URSS en materia de Genética- no estaba del todo equivocado, para consternación de muchos. Parece que Diosito, al no usar nuestros modelos demasiado esquemáticos nos sigue dando lecciones de humildad, que -para decirlo de la forma más amable que se me ocurre- no aprovechamos).

Pero en vez de discutir sobre la posibilidad de curar enfermedades hereditarias, de reparar fallos en la inmunología del cuerpo que pueden dar lugar al cáncer, o de producir embriones humanos con características específicas a través de la manipulación de sus genes -con todo el embrollo moral y social que esto conlleva- me gustaría referirme a un aspecto en particular.

Antes de que se conociera completamente el genoma humano, se aventuraban opiniones sobre su tamaño. A los que hablaban de millones de genes, la realidad los impactó: apenas son unos 30 mil. Eso, créanlo o no, hirió el orgullo de muchos.

¿Cómo podía ser posible que la “receta” para hacer un ser humano fuese tan pequeña? -pensaban los partidarios de situar al Hombre en un pedestal semi-divino- Nosotros, que somos semejantes a Dios, reducidos a menos de 30 mil instrucciones? Qué horror!

Pero a estos presumidos les esperaba una desilusión aún mayor: la diferencia en términos genéticos entre un chimpacé y un humano, apenas alcanza a un 2% !!!  O dicho con otras palabras: los chimpancés y nosotros, compartimos un 98% de nuestros genes.

De manera que nos guste o no, los chimpancés y los humanos somos “primos” bastante cercanos, genéticamente hablando.

Lo cual -sin considerar los aspectos éticos o filosóficos del asunto- valida la posibilidad de estudiar los rasgos más básicos de la conducta humana a través de ellos.

Rio Congo, tomado de https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=11641755

Río Congo

Uno de los ríos más importantes de Africa, es el Río Congo, que corre primero hacia el norte, y luego de Este a Oeste por la zona central del continente.

Chimpancé común o Pan Troglodytes. Tomado de https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=13547

Esto ha dado lugar a un fenómeno de diferenciación muy interesante: como el río Congo es muy caudaloso y en general los chimpancés no saben nadar, pues resulta que con los años se han desarrollado dos sub-especies distintas aisladas entre sí por el río, los chimpancés comunes o Pan troglodytes y los bonobos o Pan paniscus, cada uno con características propias, bastante bien definidas.

Los bonobos viven al sur del río, y los chimpancés comunes, al norte del mismo.

Hábitat natural del Bonobo

Bonobos

Los bonobos son más pequeños, más prietecitos (incluso en su cara y orejas) y tienen brazos y piernas más largos que sus primos en relación con el tamaño de su cuerpo, caminan erguidos en sus dos pies con bastante frecuencia, se asemejan por su inteligencia a los chimpancés comunes (aunque hay quien sostiene que son más inteligentes), y para gran espanto de los moralistas a ultranza -parece que a Diosito le gusta hacer travesuras- la principal diferencia entre las dos sub-especies es su comportamiento social, en especial su comportamiento… sexual.

La compasión es aceptada como rasgo de humanidad

Mientras los chimpancés comunes practican el canibalismo, y todas sus disputas territoriales las resuelven a palos y mordidas (mmmm… ¿porqué será que esa actitud me resulta vagamente familiar?…), los bonobos son mucho más pacíficos y amigables, al punto que se cree que practican la compasión, un sentimiento con un alto contenido de humanismo. Y para muchos expertos, la razón para tal proceder es que en vez de hacer la guerra en sus discusiones, practican el sexo. Con lo cual no solamente se desfogan y resuelven de manera pacífica sus problemas, sino que además, disfrutan.

Bastante sabios los muchachitos, cierto?

Con este cuento no pretendo promover a un bonobo para que dirija la escuela de relaciones internacionales de la Universidad de Georgetown o el Pentágono, pero sí afirmar que deberíamos sacar provecho de la observación del comportamiento de la sub-especie. Ya que la naturaleza nos brindó en el resto de los primates (gorilas, orangutanes y en particular chimpancés), un modelo “simplificado” del primate mayor, el Homo Sapiens, vale la pena que los estudiemos porque así pudiéramos quizás aprender algo sobre nuestros instintos básicos, sin complicarnos con otras actitudes más elaboradas que posiblemente -ésas sí- sean exclusivas de los humanos.

Quién puede negar que esta monita está sufriendo porque su hijo se desmayó? Un poeta diría que está ¨clamando al cielo¨… Por supuesto que algunos animales sienten emociones y posiblemente la conciencia forme un continuo (en el sentido matemático) desde los coacervados hasta el Hombre !

Claro, todo tiene su precio: como los bonobos no hacen parejas de por vida, los hijos no conocen a sus padres sino a sus madres, por lo que se favorece el matriarcado. Los vínculos afectivos con la madre son fuertes, con el padre no tanto.

Dicen los antropólogos que los humanos también tuvimos una etapa de matriarcado, pero que a medida que la caza y la agricultura fueron sustituyendo a la simple recolección de alimentos, la ley de selección natural favoreció a los machos más fuertes y sanos -mejores cazadores y agricultores- para que éstos impusieran su herencia genética porque así se aseguraba la supervivencia de la especie.

Con esto sólo me estoy refiriendo a la teoría de porqué hay machismo en el mundo, en ningún momento lo estoy validando como “superior”. Es más, para decirlo claramente, NO soy machista y me avergüenzo de los extremos a los que se ha llegado por esta vía, como la lapidación por adulterio, la venta de hijas como mercancía, o la ablación del clítoris en algunas regiones empantanadas en el atraso.

No he sido testigo de tales extremos (y me sería muy desagradable serlo), pero sí de algunas costumbres que me resultan medio embarazosas. Por ejemplo, cuando viví en Bulgaria aprendí que allí los hombres caminan delante, y las mujeres y los niños unos tres pasos detrás. Esa costumbre proviene de la cultura turca, porque Turquía dominó a Bulgaria durante casi 5 siglos.

También me llamó la atención que allí no puedes piropear en público a una mujer, porque según su cultura, el piropo equivale a un insulto, a algo que la rebaja moralmente ante los demás. Idea que en Madrid, lugar en donde se exalta la gracia de un “piropo retrechero” como dice la inmortal canción de Agustín Lara, sería impensable. Cosas de la vida.

Felizmente, parece que el machismo está en retirada en muchos lugares del mundo (aunque no en todos). No niego que el feminismo a ultranza tampoco me seduce mucho, porque me parece “la misma gata, pero revolcada“, como dicen en México. Yo soy partidario de una visión más igualitaria, menos de “vencedor”, y más de “compañeros” en plan de igualdad de derechos y obligaciones. Pero en fin, esa es sólo mi opinión.

Para decirlo en términos de primatólogo, mi visión y mi deseo sobre este punto es mucho más “bonobiana” que “chimpanzoniana”.

Símbolo Paz y Amor

All you need is love

En el mundo han habido signos de cambio en este sentido. En los tiempos de los hippies, aquella consigna de “Hacer el amor y no la guerra”, creo que es un buen ejemplo de ello.

The Beatles – All you need is love

Hasta The Beatles, con su genial manera de describir el mundo y hablar sobre las cosas serias mediante sus supuestamente “inocentes” y pegajosas melodías, reflejaron la idea con su famosísima canción, que repite la frase: “All you need is love, love, love, love is all you need!”…

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Yo no me he sentido nunca hippie ni bonobo, pero indudablemente que -como a muchos otros- el amor ha dejado huellas profundas en mi psiquis.

Fachada del edificio de la Escuela Nacional de Natación para deportistas acuáticos de alto rendimiento Marcelo Salado. Antiguo Club de Profesionales, en la calle Ira y 36, en Mirarmar.

María Elena (I)

Tendría yo unos 6-7 años y asistía con frecuencia a un club de playa que estaba en Miramar a escasas dos cuadras de mi casa, el Club de Profesionales (el mismo que luego de la Revolución el Fifo convirtió en el Marcelo Salado, la escuela para los niños que estaban destinados a convertirse en deportistas acuáticos de alto rendimiento y que hoy en día es una ruina como todos sus locos proyectos).

Estado actual de la Escuela Nacional de Natación para deportistas acuáticos de alto rendimiento Marcelo Salado. Antiguo Club de Profesionales, en la calle Ira y 36, en Mirarmar. Puede apreciarse el estado ruinoso de las albercas y del edificio principal, al que se le ha caído hasta el repello de las paredes, a causa del salitre por la cercanía al mar. Todas las cosas de la Revolución son por el estilo, grandes planes que con el tiempo se convierten en monumentales fracasos. La torre almenada con estilo medieval que aparece al fondo pertenece a la embajada de la antigua URSS. Todo un símbolo de decadencia, cierto?

Allí, entre otras cosas, asistía a clases de natación en la gran piscina que había al fondo, enfrente al mar.

Un buen día estando en el borde de la alberca, fui sorprendido por una chiquilla que se presentó delante de mí y arrodillándose como seguramente había visto en alguna comedia de tv, me preguntó con un gesto grandilocuente si yo quería ser su novia.

Yo quedé de una pieza, nunca me esperé algo así. Pero en el fondo me gustó su gesto, y como la chiquilla era simpática y bonita, pues le dije que sí.

Así tuve mi primera noviecita. O más bien (hablando de matriarcados)… ella me tuvo a mí. Porque la iniciativa en el asunto, fue suya.

Supongo que era simpático vernos a los dos -unos vejigos que apenas sobresalíamos un metro sobre el piso- tomaditos de la mano, caminando por todas partes. A nuestros padres les hizo gracia aquello. Y como resultó que nuestras casas estaban separadas por apenas una cuadra y su familia tenía un nivel socio-económico similar a la mía, pues no hubo problemas de clase y comenzamos a visitarnos. Lo mismo yo estaba en su casa, que ella en la mía. Jugábamos, conversábamos, nos reíamos. En fin, éramos amiguitos y además -decíamos nosotros- novios.

Por cierto, ella era la mar de fiestera y bailadora y como por aquellos tiempos Elvis Presley y el rock & roll estaban haciendo furor entre la juventud y no había reunión de pepillos sin Jailhouse Rock , Hound dogBlue Suede Shoes -con todas las maromas y contorsiones que eso conlleva- siempre que íbamos a un guateque salíamos de pleito, porque parece que a mí Diosito me fabricó con los dos pies clavados al piso. Pero en el fondo nos queríamos, y salvo los momentos amargos del baile -cuando a ella se le antojaba que yo hiciera las piruetas de moda y yo no tenía puta idea de cómo complacerla- nos llevábamos muy bien.

Las cosas transcurrieron así, en un plano de amistad infantil, sin una pizca de sexo… hasta que cierto día en que estábamos jugando en su cuarto ella dijo que sentía calor y le pidió permiso a su mamá para quitarse el overolcito que tenía puesto, y quedarse en bloomers. Y aquella señora que no podía imaginarse lo que sucedió y era muy buena persona y liberal por instinto, le dijo que sí.

No voy a negar que aquello me gustó pero yo seguía sin darme cuenta de a dónde quería ir a parar, hasta que ella me preguntó si yo también no sentía calor y me pidió que me quitara los pantalones y me quedara en calzones. Para no hacer el cuento largo, la cosa terminó con los dos sentados desnudos frente a frente con las piernas bien abiertas, tocándonos y revisando con inusitado interés y desenfado nuestras partes íntimas.

Recuerdo perfectamente la sensación de deleite que nos embargó a los dos mientras hacíamos aquello, al punto que comenzamos a reírnos en voz alta. Y esa fue nuestra perdición, porque al oír las risas la madre entró en el cuarto para ver qué estábamos haciendo.

Desde un punto de vista estrictamente bonobiano, no estábamos haciendo nada malo sino que satisfacíamos un instinto básico presente en los seres vivos desde hace unos 1200 millones de años y cuyo fin es la preservación de la vida y la evolución de las especies a través de la selección natural y el intercambio genético al azar que llamamos sexo. Y por supuesto mientras más entrenado estés en la cosa, mejor. Pero desde el punto de vista de la moral judeo-cristiana imperante (o chimpanzoniana, según quieran verlo) con todo su conjunto de reglas absurdas, cometíamos pecado de lujuria.

Y ahí mismo se armó la de Dios es Cristo.

-Ah, pero que mosquita muerta resultaste ser!, repetía aquella señora mientras se inclinaba debajo de la cama -el único  lugar en donde pude meterme, completamente desnudo como estaba- para tratar de darme cintazos con toda su fuerza. Y no jugaba, alguno que otro latigazo dio en el blanco y me hizo chillar de dolor, hasta que pude agarrar la punta del cinto e impedir que continuara aquella especie de flagelación de Santo Tomás, jejeje…

En definitiva fui yo el que cargó con toda la culpa de aquello, aunque en realidad no lo había comenzado. Pero en un mundo machista, era de suponer que fuera yo el iniciador, no?. Sin embargo, quizás aquella señora tenía algo de razón porque como dice el refrán, “Tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le aguanta la pata”

Por suerte, la sangre no llegó al río. Luego de algunos regaños y de muchas risas, seguimos siendo noviecitos. Sólo que aquellas sesiones exploratorias o clases prácticas de anatomía -como quieran decirle- tuvieron que continuar en otro lugar, es decir, en mi casa -en el cuarto de criados, para ser exactos-, cuando mis padres no estaban.

De entonces para acá, han pasado más de 60 años. La familia de María Elena fue de las primeras en abandonar la Isla luego del triunfo de la Revolución del Fifo, y nunca supe nada más de ella (otro desarraigo, de los muchos que el hijoeputa del Fifo me hizo sufrir). Pero la sigo recordando con mucho cariño y ojalá que aquellas experiencias le hayan servido para ser feliz en su vida de adulto, en cualquier lugar del mundo en donde se encuentre.

No por mucho madrugar amanece más temprano

No por mucho madrugar… amanece más temprano

Por la precocidad de mis primeras peripecias, pudiera pensarse que también fui precoz al tener mi primer sexo real. Nada más lejos de la verdad. Mientras la mayoría de los muchachos de mi generación tuvieron sexo sobre los 14 ó 15 años, yo no lo conocí hasta los 22.

Sí, estuve enamorado una pila de veces en la escuela secundaria y en la prepa, pero nunca llevé el gato al agua hasta que fui adulto.

Pudiera aducir una serie de razones más o menos creíbles, pero pienso que en el fondo no era más que timidez.

Toda mi educación primaria transcurrió en el Colegio de Belén, manejado por la Compañía de Jesús. Allí, ver una mujer era casi tan difícil como ver un marciano. Cuando por alguna razón muy especial entraba alguna, enseguida se corría la voz como si fuera algo raro: ¨Mira, una mujer!…¨ Eso, por supuesto, no ayudaba en nada al tan necesario aprendizaje de las relaciones humanas, en particular con las personas del sexo opuesto.

A lo que sí ayudaba era al desarrollo del homosexualismo y del estupro, como ha quedado en evidencia en los tiempos modernos. Y no es que yo condene a los homosexuales (creo que todos tenemos el derecho de hacer lo que se nos antoje con nuestro cuerpo de forma voluntaria), ni que afirme que todos los curas son despreciables violadores. Pero indudablemente que el celibato es contra-natura y fue impuesto por la Iglesia Católica para evitarse los pleitos de herencia que se producirían si los sacerdotes pudieran tener hijos (con los votos de castidad y pobreza se aseguraba que al morir el cura todas las propiedades fueran para ella, no en balde el Banco del Vaticano tiene fama de ser una de las más grandes instituciones financieras del mundo).

En fin, que a pesar de las peripecias con mi tata y con Maria Elena ya relatadas, hasta que el Fifo intervino todas las escuelas privadas y tuve que asistir a la pública, el instinto natural del sexo no pudo florecer a gusto en mi psiquis. Pero para ese entonces, padecía una timidez crónica.

Portada de la Cartilla de Alfabetización, Cuba, 1961. Recuerdo que era de una cartulina gruesa con consistencia de papel secante, por eso la tinta se desprendía muy fácilmente con el uso y la humedad.

La Alfabetización

Con los años viene la experiencia, y a uno le resulta más fácil analizar el pasado. A estas alturas comprendo que como dicen en México, el Fifo ¨no daba paso sin huarache¨. Es decir, ninguno de sus actos eran tan espontáneos o inocentes como él pretendía sino que todos tenían segundas intenciones -egoístas casi siempre-, disimuladas bajo un manto de generosidad o patriotismo.

Página de la cartilla de alfabetización. Obśervese que todo el texto es una abyecta alabanza al Fifo y comparsa. Por cierto, eso de pasear en yate… lo prohibieron casi desde el principio. Y lo de ir a las playas exclusivas para extranjeros, también (me recuerda a las leyes que escribió Chillón en la pared del granero, en La Rebelión de la Granja, de George Orwell).

La Campaña Nacional de Alfabetización fue una de ellas. Porque debajo del muy noble objetivo de erradicar el anafabetismo, había otro: adoctrinar. O sea, aprovecharse de la credulidad y la ingenuidad propias de la gente ignorante, para asociar en su mente la educación con el discurso político oficial, y convertirlos en incondicionales partidarios del gobierno.

Por eso las cartillas estaban llenas de alabanzas a la Revolución que era tan buena que se preocupaba por enseñarles a leer y escribir, pero no decían nada del precio a pagar: la libertad de palabra, de movimiento, de comercio, de disentir… en fin, la libertad a secas.

Hay un proverbio chino que reza: ¨Si das un pez a un hombre, comerá una vez. Si lo enseñas a pescar, comerá toda la vida¨. Muy cierto.

Pero en nuestro caso y haciendo uso del humor criollo, yo le daría un pequeño giro: ¨Si das un pez a un hombre, comerá una vez. Pero si lo enseñas a pescar y luego le impides que pesque, entonces se morirá de hambre y tú eres tremendo hijoeputa!¨

Es decir, de nada sirve que alguien sepa economía, si las consideraciones políticas están siempre por encima de todo. De nada sirve que alguien aprenda a manejar negocios, si luego no lo dejan abrir una empresa. De nada sirve que alguien estudie leyes, si lo único que cuenta es la voluntad del jefe. De nada sirve que alguien adquiera educación profesional para hacer cualquier cosa, si cuando tiene una idea o la ilusión de comenzar algo -una escuela, una fábrica, una oficina, un servicio, etc- no lo dejan reunir los fondos necesarios para ello. De nada sirve que estudies, si el criterio para lograr el éxito no es tu capacidad o tus conocimientos sino tu incondicional entrega al gobierno, y los más brutos pero más abyectos son los que siempre logran los puestos de dirección en todas las empresas y actividades.

Resumiendo, de nada sirve estudiar si luego no puedes ser el dueño de tu destino.

Para ser justos, creo que es cierto que la educación pública en Cuba dejaba bastante que desear, en especial en las regiones rurales. Para muchos campesinos, saber leer y escribir era un lujo al que ni siquiera aspiraban. Y en su lamentable horizonte intelectual, el concepto de libertad no pesaba más que un buen plato de arroz con frijoles.

Al final, como ya sabemos, se quedaron sin libertad, y sin frijoles.

Monograma que usaban los alfabetizadores en la camisa

Para realizar la Campaña de Alfabetización, prácticamente se paralizó el país. Durante meses las escuelas y la mayoría de las empresas y oficinas estuvieron cerradas, porque todo el mundo tenía que ir a alfabetizar. El que ponía excusas, se arriesgaba a perder su puesto o a que lo sometieran a algún tipo de castigo. A los estudiantes que no fueron -y hablo de mi caso- no los dejaron matricularse en el siguiente curso escolar.

Y aprovechando la oportunidad de pasar inadvertida en medio de la rebambaramba y del desorden institucional generalizado que produjo la paralización de la actividad económica, el Fifo decretó la intervención de las escuelas privadas, una medida que en otro momento hubiera suscitado mucho más la atención y el rechazo de la clase media, a la que todavía no tenía completamente acogotada, y a la que en ese entonces aún temía.

Si en vez de hablar de sucesos de la vida real, estuviera relatando un cuento para niños, aquí es donde cabría la frase: ¨Y entonces el lobo feroz sacó sus feas pezuñas por debajo de la piel de oveja con la que se cubría…¨.

Sobre el éxito de la Campaña Nacional de Alfabetización o hablando en términos más generales, el éxito de la educación pública en Cuba, se pueden decir muchas cosas. Lo que sí resulta innegable es que Cuba debe ser una de las pocas naciones del mundo en donde el jefe del servicio de cirugía de un hospital de cobertura nacional, prefiere lanzar por la borda su carrera de medicina y manejar un taxi para turistas, como es el caso de Erasmo Gómez Sosa, al que conocí personalmente cuando trabajé en el Oncológico. O en donde la máxima aspiración de la mayoría de los jóvenes no es ser médico, ingeniero o abogado, sino barman o portero de un hotel para extranjeros. O emigrar. Y en donde muchas jineteras (las putas que solo se acuestan con los que les pueden pagar en dólares) tienen colgado en sus casas un título universitario que no les sirve ni para comprarle un litro de leche a sus hijos…

Ah, los grandes logros de la Revolución…!

Al final, declararon que habían triunfado y Cuba era ¨territorio libre de analfabetismo¨.

En lo que a mí concierne, la Alfabetización tuvo varias consecuencias. En primer lugar, no pude seguir estudiando en el Colegio de Belén, que fue intervenido y convertido en el ITM (el Instituto Técnico Militar, una especie de universidad para formar ingenieros militares, tanquistas, artilleros, pilotos de Mig, etc).

No deja de ser interesante el hecho de que el Fifo había estudiado en el Colegio de Dolores (la sucursal del Colegio de Belén en Santiago de Cuba) y una de sus primeras acciones al tomar el poder fue destruir su propia Alma Mater, lo cual resulta un raro ejemplo de amor filial… (Qué troncoehijoeputa!!!)

En segundo lugar, perdí un curso escolar porque ese era el castigo para los que no alfabetizaron (en realidad el curso que siguió a la Alfabetización fue muy corto porque descontaron el tiempo que había durado la Campaña).

Y en tercer lugar, fui a parar a Trinidad, mi pueblo.

Vista del Palacio de los Condes de Brunet y la torre del Convento desde el Parque Martí (Plaza Mayor), en Trinidad

Villa de la Santísima Trinidad, Cuba

Desde que tengo uso de razón, Trinidad ha tenido para mí un significado muy especial. Me imagino que para mucha gente el lugar en donde naces y pasas los primeros años de tu vida deja una huella indeleble en tu mente.

No voy a permitirme el lugar común de declarar que Trinidad es mejor que otros sitios. Pero definitivamente, es MI pueblo. Allí dí mis primeros pasos, mi olfato percibió los primeros olores y mis oídos escucharon los primeros sonidos. Allí se formó mi yo, mi personalidad.

A principios del siglo XIX no había buenos caminos en Cuba y la producción de azúcar de la zona central de la Isla se sacaba por el Puerto de Casilda, cercano a Trinidad.

Sentimentalismos aparte, es una población cuyo perfil urbanístico corresponde aproximadamente a 1850. Es decir, Trinidad está como detenida en el tiempo. Fue fundada por Diego Velázquez en 1514 y tuvo su época dorada a principios del siglo XIX, cuando no habían caminos decentes y prácticamente toda la producción de azúcar de la región central de la Isla (incluyendo el famoso Valle de los Ingenios) tenía que embarcarse hacia otros lugares a través del Puerto de Casilda, el más cercano de la zona.

Bahía de Casilda. Se observa su proximidad a Trinidad (unos 4 km) y las condiciones naturales de resguardo del puerto.

Eso hizo que la actividad económica de Trinidad alcanzara niveles importantes. Y junto con el dinero, vinieron los lujos, las artes, los palacios, etc. Algunas familias alcanzaron riqueza y renombre: los Cantero, los Brunet, los Del Valle, los Villafaña, los Borrel, los Echerri, los Bécquer, los Mauri… Se habla de un tal don Mariano Borrel, alguien tan rico que en un alarde de opulencia quería utilizar monedas de oro para tapizar el piso de su casa y sólo lo detuvo la exigencia oficial de que tenía que ponerlas de canto para que no pisara el escudo español o la efigie del Rey. Cierto o no esto último, la bonanza económica terminó abruptamente, cuando llegó el ferrocarril y los caminos se hicieron más transitables.

Trinidad se convirtió entonces en una suerte de castillo encantado de la Bella Durmiente, detenido en el tiempo y esperando por un príncipe que nunca llegó. Las familias arruinadas ser refugiaron en su orgullo, mientras los palacios que una vez brillaron por su esplendor, comenzaron a envejecer lentamente.

Sala de una casa colonial en Trinidad, Cuba

Sin embargo, algo quedaba aún de las pasadas glorias cuando yo vine al mundo en una de aquellas casas coloniales, y me dio tiempo a disfrutar del ambiente de placidez y seguridad que se respiraba entre sus anchos muros de piedra.

Yo no voy a renegar de lo moderno. Me encantan el internet, los celulares, el GPS, los streamings de música y video, las noticias al instante, leer libros en mi Kindle, y las compras por Amazon. Sin embargo, no puedo menos que mirar con cierta compasión a muchos de los jóvenes de hoy, a los cuales si le quitas la electricidad o la tableta se quedan desconcertados sin saber qué hacer.

En mi  niñez, sabíamos jugar a los escondidos, al arroz con pollo, al pegao… y cuando el día estaba lluvioso jugábamos brisca o leíamos un libro (de los de papel de verdad, que no necesitan baterías) o nos entreteníamos armando un rompecabezas, nombrando las capitales de los países o aprendiendo la letra de algún corrido mexicano de moda.

Además, no teníamos problemas para identificar si una mata era de plátanos, de mangos o de aguacates. El olor del jazmín nos era familiar, al igual que el de los caballos, las vacas y el carbón. Sabíamos qué comen las gallinas porque alimentábamos algunas en el patio, y nuestros perros no eran de raza pero sí muy cariñosos e inteligentes.

En fin, que no me costó ningún trabajo regresar a mi pueblo, con mis tíos y mis abuelos, mientras se terminaba la Campaña Nacional de Alfabetización y transcurría el curso escolar al que no me dejaron asistir como castigo por no haber sido brigadista.

Allí, y para no desaprovechar completamente el tiempo, comencé a tomar clases de matemáticas e inglés con profesores particulares, y de taquigrafía y mecanografía en una academia validada por la Escuela Politécnica Nacional y en la que terminé obteniendo la máxima calificación (100 puntos) en ambas disciplinas. Algo que de verdad me ha servido de mucho durante el resto de mi vida.

Patio de casa colonial trinitaria

Y cuando comenzó un nuevo curso, como ya no podía regresar a Belén y además cualquier escuela daba igual porque ahora todas se regían por el mismo currículum, decidí quedarme en mi pueblo a terminar allí la secundaria básica (grados 7-9).

En cuanto comencé a asistir a clases me di cuenta que el nivel escolar en Belén era superior al de las escuelas públicas, por lo que muchas de las cosas que me explicaban en matemáticas u otras asignaturas, yo ya las conocía. Eso contribuyó a que me sintiera aún más cómodo y en la misma medida que ganaba popularidad y me integraba a las actividades normales de la escuela y de mi grupo de condiscípulos y amigos, comencé a sentirme como pez en el agua.

Villa de la Santísima Trinidad, fundada por Diego Velázquez en 1514. Al fondo, puede apreciarse el Escambray, la cadena de montañas situada en la región central de la Isla de Cuba.

En ese tiempo Trinidad, aunque ya era el centro logístico del ejército del Fifo para luchar contra las guerrillas anticomunistas del Escambray, todavía mantenía vivo algo del tejido social anterior a la Revolución. Para decirlo de otra forma, mientras muchas familias preparaban sus maletas para emigrar, aún había algún tiempo para disfrutar de cosas más placenteras como reuniones familiares, serenatas y paseos.

Y en aquel ambiente mucho más propicio que el de Belén para los asuntos de faldas, mi instinto sexual -luego de haber estado reprimido durante años- comenzó de nuevo a florecer.

María García Granados, La Niña de Guatemala

María Estela

¨Como de bronce candente al beso de despedida, era su frente la frente que más he amado en la vida¨, estrofa del poema La Niña de Guatemala, de José Martí.

Cada vez que pienso en María Estela, siento una lacerante sensación de culpa. Ella era una señorita perteneciente a una de las familias de abolengo de la sociedad trinitaria. Su papá gozaba del prestigio de ser una persona íntegra y había caído preso por motivos políticos, como sucedió muchísimas veces al comienzo de la Revolución del Fifo, que a pesar de sus pretensiones de humanista era en realidad un despreciable y abusador tirano que metía en la cárcel a todo el que se le opusiera. Su mamá se distinguía por ser una amorosa e inteligente mujer, muy buena esposa y madre.

Por más que me esfuerzo, no logro recordar el momento exacto en que la conocí. Tengo, sin embargo, muy claro el momento en que comenzó nuestro romance: jugando a ¨la botella¨ en la casa de una amiga mutua.

Juego de la botella

Para los que no lo conozcan, el juego consiste en formar un círculo entre todos los participantes, poner una botella en el centro, y darle un impulso para que de vueltas. Cuando se detiene, la persona a la que apunte su pico, tiene que hacer algo que por lo general es embarazoso. En este caso, el ¨castigo¨ consistía en escoger a quien más te gustara del resto del grupo, y darle un beso. No uno de lengua como sería lo normal hoy en día, sino un casto y puro beso en la mejilla. Pero para nosotros aquello era una excitante y atrevida forma de disfrutar y mostrar nuestras preferencias, coqueteando con el límite de lo permitido por la decencia.

Juego de la botella

De nuevo, como en el caso de mi noviecita del club de playa, la iniciativa no fue mía sino de ella. Resulté sorprendido cuando María Estela me besó. Era una señal inequívoca de que yo le gustaba, y aquello encendió mi libido a niveles estratosféricos.

Al poco tiempo ya andábamos ¨rompiendo sillones¨, el eufemismo que se utilizaba para denotar el noviazgo, tal como se concebía en aquellos tiempos. Hoy en día las cosas son muy distintas, pero en aquel entonces el proceso era largo y complicado. Había lo que se llamaba ¨días y horas de visita¨, en los que el novio llegaba puntualmente a la casa de la interfecta vestido con sus mejores galas. Ella lo esperaba acicalada de igual manera, y una vez intercambiadas las expresiones de rigor (Buenas noches, cómo está Ud? -refiriéndose a la madre, que era la que por lo general abría la puerta- Se encuentra Fulanita?…), la novia y el novio procedían a sentarse en sendos sillones -de ahí el eufemismo-, adminículos que casi siempre se encontraban en la sala de la casa, bajo la atenta mirada de la madre o peor… del padre.

Por supuesto, en esas condiciones habían muy pocas posibilidades de hacer lo que uno de veras tenía ganas de hacer, es decir, besar y abrazar a tu novia. A lo más que podías aspirar, era a agarrarle la manita y sobársela disimuladamente con la punta de los dedos.

Sin embargo, a veces se presentaban coyunturas fugaces en donde la chaperona bajaba la guardia (por ejemplo, si la madre desaparecía por unos instantes para ir a la cocina a colar café). Y aunque resultaba arriesgado -porque en cualquier momento podía regresar- esa era la oportunidad que los enamorados aprovechaban para acariciarse o conversar sobre sus intimidades. Nada de tocamientos indecentes (como decían los curas, líbreme Dios!) ni nada por el estilo, pero al menos cogías tu agüita…

Patio interior de casa colonial trinitaria. En lugares como éste transcurrió mi niñez. Al ver la imagen, casi puedo sentir el olor de los azahares, de las rosas y de la enredadera de jazmín.

Nuestro primer beso

Así transcurrió el noviazgo durante unos meses, hasta que las hormonas tomaron el control y tuvieron su clímax durante la fiesta de Año Nuevo.

Hay que comprender que en ese tiempo la Isla comenzaba a sufrir escasez de todo, y ya no era tan fácil como antes el conseguir las mil cosas necesarias para organizar una fiesta de Fin de Año: cerveza, ron, refrescos, hielo, vasos y platos de cartón, pastelitos, croquetas, bocaditos, cakes, serpentinas, confeti, pitos, matracas, sombreritos, adornos, buena música, equipos de audio, mesas y sillas, etc.

Sin embargo, los deseos de divertirse de la juventud seguían intactos, y gracias al ánimo de un buen amigo que me embulló a ello, comenzamos a hacer los preparativos para celebrar una gran fiesta de Año Nuevo en mi casa.

Sala de casa colonial en Trinidad

Luchamos muchísimo para conseguir las cosas, pero al final logramos obtener todo lo necesario. Esperábamos unos 150 invitados entre los que figuraban, por supuesto, María Estela y su mamá.

Como era práctica común en aquellos tiempos, los organizadores del festejo teníamos pensado quitar la luz durante unos instantes exactamente a las doce para que aprovechando la oscuridad, cada cual pudiera felicitar a su pareja y amigos de la forma que más le conviniera, sin mucho exhibicionismo.

Esa noche, al llegar ella, la llevé aparte y le dije: ¨Hoy, a las 12 de la noche, te beso en los labios¨. Ella puso cara de sentenciada a muerte -el pudor a veces estorba-, pero yo estaba decidido a hacerlo. No sé si se percatan de que esta última frase implica que NUNCA lo habíamos hecho.

El tiempo transcurrió entre bailes y risas, y de pronto nos dimos cuenta que faltaban unos minutos para la medianoche.

Mi tía se situó junto al interruptor para evitar que el corte de luz fuera demasiaaaaaado largo, y comenzó la cuenta regresiva: diez, nueve, ocho…

Cuando nuestros labios se unieron, una magia desconocida hasta entonces se apoderó de mí. Los labios de María Estela eran jugosos y provocativos como los de las Criollitas de Wilson, y yo no tenía para cuando acabar. Ella se resistía pero eso encendía aún más mi deseo. Nuestras lenguas se encontraron y sentí una descarga eléctrica seguida de un placer raro e intenso…

Pasillo del patio interior de casa trinitaria

José Martí, en su paso por Guatemala tuvo una experiencia interesante y penosa al mismo tiempo: conoció a María García Granados, una señorita de sociedad, hija de un ex-presidente del aquel país. Martí era feo de encargo, pero si lo dejaban abrir la boca era capaz de conquistar a Afrodita. El caso es que María se enamoró de él y probablemente tuvieron sus escarceos amorosos que al final no prosperaron porque además de la diferencia de edades, él ya estaba comprometido para casarse con Carmen Zayas Bazán. Y aunque no le ocultó el detalle, parece que María tenía esperanzas de que al fin y al cabo Martí se decidiera por ella y abandonara a Carmen.

Pero no fue así, y cuando él regresó casado, ella se suicidó tirándose a un río (o al menos, eso es lo que dicen algunos historiadores, aunque otros lo niegan).

Martí escribió entonces uno de sus más bellos poemas, el cual tituló La Niña de Guatemala.

¨Quiero, a la sombra de un ala, contar este cuento en flor: la niña de Guatemala, la que se murió de amor…¨

Yo no soy Martí y por supuesto no tengo ni la milésima parte de su valor, su ingenio y su cultura, pero no dejo de asombrarme al notar como las situaciones dramáticas se repiten en distintas épocas y planos. Existe incluso quien afirma que todos los dramas posibles pueden clasificarse en 36 tipos, no más.

Nuestro noviazgo terminó por culpa mía, de eso no tengo la menor duda. Cuando yo terminé la secundaria básica, gané una beca para estudiar el preuniversitario en el Cepero Bonilla, en La Habana.

Y la distancia, enfrió mi pasión.

Haciendo un esfuerzo por recordar mis sentimientos de entonces a través de los más de 50 años transcurridos, creo que yo me estaba dejando llevar por las costumbres pero en el fondo tanta formalidad no era de mi agrado, me asustaba. María Estela me gustaba, pero sentía que estaba cayendo en la trampa demasiado temprano, que no estaba preparado aún para el matrimonio. En fin, la filosofía del eterno soltero: yo quería más.

El asunto se complicó cuando me enteré de que ella había tenido un accidente bastante serio, en donde parece que un vehículo la arrolló. Estuvo cierto tiempo en un hospital entre la vida y la muerte, pero por suerte al final la cosa no fue fatal. Sin embargo, yo no fui capaz de ir a verla y eso no tiene otro nombre que cobardía. Nunca me he perdonado a mí mismo por ello, por eso comienzo este cuento diciendo que cada vez que pienso en ella, siento un lacerante sentimiento de culpa. Perdón, Mary, si alguna vez lees esto. Evidentemente tú eres mejor que yo, no te merecía.

Y aunque realmente no creo en la teoría del karma revertido y esas cosas, la vida se ha encargado de darme una buena lección: tanta experiencia quise tener antes de casarme, que he tenido unas 5 relaciones más o menos estables (y… otras tantas inestables), ya estoy llegando a los 70, y todavía no he encontrado a mi verdadero amor. No que quería experiencia? Pues tómala!!!

Carmen Zayas Bazán, esposa de José Martí

Por cierto, a Martí también le fue como en feria, parece que Carmen nunca supo aquilatar a su esposo -quería que dejara la política, lo cual en su caso equivalía a que renunciara a lo más profundo de sus convicciones, mira tú!. Al final terminó por cansarse de ser la esposa de un disidente pobre y perseguido y aunque no se divorció, en la práctica lo mandó a volar.

Quizás si Pepe se hubiera casado con María -La Niña de Guatemala- le hubiera ido mejor en su vida afectiva… Pero el ¨quizás¨ nunca existió.

En fin, prosigamos con mi historia.

Club de Cazadores – Trinidad. Almuerzo en familia. Yo aparezco a la derecha, entre dos de mis primas. Foto tomada mucho antes del relato que sigue. Las cajas que aparecen sobre la mesa son de cartuchos para las escopetas de perdigones utilizadas para el tiro al plato. Al fondo, en la cabecera, mi tío Cuco.

Mis primas Estela María y Dolores Elena

Los primos gozan del privilegio de estar juntos desde pequeños porque son familia. Pero la proximidad e intimidad provocan que en muchas ocasiones, terminen por enamorarse. Lo bueno del caso es que no tienes que luchar mucho para encontrar pareja: la tienes al lado. Lo malo es la cercanía genética, la cual en muchas ocasiones se traduce en hijos con taras.

Yo no estuve exento de la influencia descrita y terminé enamorado de una de ellas, con la particularidad que no me hizo el menor caso. Sin embargo y para que se cumpliera la Ley de Murphy que establece que si algo puede complicarse se complica, la que se enamoró de mí fue su hermana. De forma que se estableció un cierto triángulo amoroso asimétrico, en donde yo suspiraba por la que no me hacía caso, y yo no le hacía caso a la que suspiraba por mí. Definitivamente, el mundo está lleno de contradicciones.

Felizmente para la reserva genética de la raza humana, ninguno de esos anhelos se concretó nunca.

De aquella época a la actualidad han pasado muchos, muchísimos años y el tiempo tiene un increíble poder apaciguador. De todos aquellos ardores juveniles sólo me quedan dos cosas: un bonito recuerdo, y la inquietud de pensar en la frecuencia con que se han presentado en mi vida ciertos nombres en sus diversas permutaciones: María, Estela y Elena.

Si yo fuera un judío cabalístico, posiblemente encontraría en algún oscuro texto bíblico las razones de tanta repetición. Porque ya llevo dos largos artículos, aún no termino con la historia, y en el que sigue los tengo que volver a usar.

(Continuará)

-0-

[*** Nota aclaratoria: Una vez publicado este artículo, una buena amiga me hizo una observación que creo vale la pena aclarar. Existe una vieja controversia sobre la paternidad del descubrimiento de la estructura del ADN, que además involucra un caso de lo que pudiéramos llamar ¨machismo científico¨. Porque aunque la ciencia es una especie de espiral ascendente en donde cada cual se apoya sobre los hombros de los que lo precedieron (casi nunca se descubre algo completamente aislado de los conocimientos previos sobre el tema), en este caso específico existe evidencia bastante clara de que se pasó por alto deliberadamente la participación de Rosalind Franklin, una científica que trabajaba en difracción de rayos X en el mismo grupo de investigadores y que fue la primera persona que obtuvo -e interpretó- datos experimentales que sugerían la famosa estructura de doble hélice. El asunto es peliagudo y existen personas a favor y en contra de esta tesis. Pero no me cuesta mucho trabajo imaginar que en la Inglaterra de los años 50 del siglo pasado, unos estirados gentlemen quisieran despojar de sus méritos a una mujer judía. Porque estamos hablando de uno de los descubrimientos científicos más importantes de todos los tiempos, algo que se sabía llenaría de gloria eterna a su descubridor. De todas formas les dejo una liga para que puedan juzgar por sí mismos. Gracias, I!]

Rosalind Franklin

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Acerca de azayas48

Físico médico, programador de computadoras. Fan de Visual Basic y SQL. Cubano por nacimiento, mexicano por naturalización y por corazón.
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3 respuestas a La felicidad cabe en una maleta (II)

  1. Pingback: La felicidad cabe en una maleta (I) | Las cosas que me gustaría saber

  2. Margarita dijo:

    Un gusto volverlo a leer, me preguntaba estos días si el terremoto lo habría afectado. Espero la próxima entrega!

  3. Ada dijo:

    Al fin…!!! Despuès de tantos dìas de espera… Como siempre un gusto leerte y seguir tus peripecias y reflexiones… Espero atenta la segunda parte de este fascinante relato. Abrazo.

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