Un mundo feliz, o falaz (X)

Poster del filme "La Dictadura Perfecta"

Poster del filme “La Dictadura Perfecta”

Mario Vargas Llosa y sus frases famosas

A lo largo de su vida Mario Vargas Llosa, el escritor peruano premio Nobel de Literatura 2010, ha pronunciado o escrito varias frases lapidarias, de ésas que se recuerdan a través de los años.

La más famosa -al menos en cuanto a México se refiere, creo yo- fue el 30 de agosto de 1990 durante un programa de la tv mexicana en el cual participaban prestigiosos intelectuales como Enrique Krauze y Octavio Paz, cuando sin pelos en la lengua y refiriéndose al gobierno del PRI que ya llevaba unos 60 años contínuos como partido político en el poder, dijo: México es la dictadura perfecta“, aludiendo al hecho de que el gobierno mexicano se presentaba públicamente como una democracia estable que en realidad enmascaraba a una dictadura.

(En aquel momento la apertura de la libertad de prensa recién comenzaba en el país y el asunto quedó en un escándalo mediático que comprometía en cierta forma a los organizadores del programa –Octavio Paz enseguida le contestó espantado y trató de “remendar” el insulto al gobierno-, pero más adelante aquella frase dió pie a un filme del mismo nombre en el que en medio de la chacota algunas escenas recuerdan sin lugar a dudas, episodios de la vida real.)

Portada del libro Conversacion en La Catedral de Mario Vargas Llosa 2 - Copy 3

Sobrecubierta de una edición de la novela “Conversacion en La Catedral” de Mario Vargas Llosa, en donde puede verse, rodeada por un óvalo rojo, la famosa frase que encabeza esta sección.

En qué momento se jodió el Perú?

Otra frase quizás menos conocida pero no menos importante fue cuando en el primer párrafo de su novela “Conversación el La Catedral” (1969), cuya trama se desarrolla no en una iglesia sino en su antítesis: un bar que se llamaba así por la altura de sus techos y en la que hace referencia a cierto período de la historia política del Perú, te encuentras con la frase: “En qué momento se había jodido el Perú?”.

Cuando la leí hace años, enseguida surgió en mi mente una pregunta equivalente y perfectamente lógica:

“Y México, en qué momento se jodió México?”

(Para los que no entiendan a qué me refiero: jodido en delincuencia e inseguridad -que atestiguan varias decenas de miles de asesinatos y secuestros-, en corrupción generalizada, en impunidad, en pobreza, en calidad de educación pública, en falta de oportunidades laborales dignas, en un manejo inadecuado y poco inteligente de su economía y sus enormes recursos naturales…)

Ambas preguntas dan por sentado que hubo un tiempo anterior en que el Perú o México -o para el caso, cualquier otra nación latinoamericana- NO estaban jodidos.

Pero… en realidad hubo un período “dorado“, o siempre hemos estado así?

Y la continuación natural a esta interrogación es el preguntarse porqué hay un abismo tan grande entre la sociedad norteamericana y el resto de los países de América.

¿Será un problema genético (latinos vs. sajones), será un problema religioso-moral (católicos vs. protestantes), será consecuencia de una bajo nivel de educación cívica, o será solamente un problema coyuntural, es decir, una fluctuación estadística capaz de ser revertida o anulada con el tiempo?

Por supuesto, la respuesta a tal pregunta sería de interés para los que pretendemos heredarle a nuestros hijos y nietos un mundo mejor.

Migraciones humanas

Mapa aproximado de las migraciones humanas. Sin ser un hecho probado, puede notarse cierto grado de correlación entre el trazado geográfico de dichas migraciones y el desplazamiento de los polos culturales y de predominio de las naciones a lo largo de la Historia

Porque la Historia nos revela que a lo largo de los siglos, el liderazgo en disciplinas tales como la arquitectura, la escultura, la pintura, el teatro y en general todas las artes, la medicina y el resto de las ciencias, la tecnología, el comercio, la navegación, la filosofía, la religión, etc, ha sufrido un contínuo desplazamiento entre culturas muy alejadas entre sí: África (Egipto, Etiopía), Mesopotamia (Persia, Isfaján, Bizancio), Asia (China, India, Japón), Europa (Grecia, Italia, Inglaterra, Francia, España, Portugal)… hasta llegar a América (México, Perú, EU).

Portada del libro SOCIEDADES COMPARADAS de Jared Diamond

Portada del libro SOCIEDADES COMPARADAS de Jared Diamond

Cuál será la fuerza que impulsa este desplazamiento? O será -para decirlo con el lenguaje de la Física- una especie de movimiento inercial sin aceleración, es decir, la casualidad haciendo de las suyas?

De lo que sí no me cabe duda es de que cada sociedad es en su conjunto el producto del comportamiento de sus ciudadanos y de su interacción con otros grupos. De ahí la importancia de la educación cívica y la sociología.

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Quizás me convenga hacer un examen de conciencia para recordar cómo fue evolucionando mi mente y mi concepción del mundo desde que era un bebé hasta la adultez. No digo que a todos nos haya pasado lo mismo, pero sospecho que mi caso no es aislado, sino que representa a una buena parte de los seres humanos.

En mi primera infancia, todo lo aceptaba tal cual. No me hacía muchas preguntas sobre el origen o el sentido de las cosas, más bien sentía una tremenda curiosidad por lo que me rodeaba, porque todo era nuevo: la comida, los olores, las texturas, los colores, los lugares, los juguetes, los familiares, las mascotas…

Cigüeña con bebé

Entrando ya en la niñez, comencé a preguntarme un poco por mi origen: de dónde había salido yo? Y enseguida me dieron la respuesta: “la cigüeña te trajo de París, igual que a todos los demás niños”.

Con esa respuesta duré un tiempo satisfecho, hasta que comencé a sospechar que era falsa. Recuerdo la vez en que fui a visitar al hospital a mi tía Arcelis, que había tenido una bebé. Me acerqué a su cama y luego de darle un beso, le pregunté: “Oye, y porqué tú estás aquí acostada como si estuvieras enferma, si fue la cigüeña la que trajo a mi primita?

Risas generalizadas y miradas de complotados descubiertos infraganti…

La Creación, de Miguel Angel Buonarroti

La Creación de Adán (~1511), de Miguel Angel Buonarroti

El camino, la verdad y la vida

Luego, fueron los curas jesuítas del Colegio de Belén los que me contaron su versión: estábamos aquí, porque Diosito nos había creado. Incluyendo el Sol, los planetas, las estrellas y pacabar pronto, todo el Universo. Y por ello, debíamos adorarlo. Y además, hacerle caso a todo lo que dijera el Papa, su vicario en la Tierra -que por cierto, era infalible- y en general cumplir con todos los ritos de la Iglesia Católica.

Confieso que al menos de momento, les creí. Incluso -razonaba yo- si todo eso era verdad, entonces no tenía mucho objeto dedicarse a otra cosa más que a adorar a Dios y a Jesús, su hijo. Por eso quería ser cura yo también. Todo lo demás me parecía superfluo.

En ese tiempo yo era como un pequeño San Agustín en ciernes. Es más, mi “padre espiritual” (un cura que te asignaban para conocerte a fondo y lavarte el cerebro, profesión similar a la de los “instructores politicos” con los que luego me topé en el ambiente militar-comunista del Cepero Bonilla, no en balde los jesuítas se manejan como un ejército y viceversa) me regaló un Kempis (Imitación de Cristo) de bolsillo, y al principio no lo soltaba ni para ir al baño, al punto de que hoy -más de 60 años después- aún recuerdo el exergo que aparecía en la primera página del famoso libro: “YO soy el camino, la verdad y la vida. Quien me sigue, no anda en tinieblas…” Aquellas palabras adquirían en mi mente ribetes de conjuro mágico que me abriría las puertas del Cielo.

No entendía cómo mis compañeritos de escuela podían pensar en otra cosa (por ejemplo, en los deportes –aclaro que muchos de mis profesores eran sacerdotes españoles que sentían furor por el balompié).

Partido de balompie infantil

Partido de balompie infantil

Recuerdo que en el largo recreo de después del almuerzo, que duraba más de una hora antes del turno de clases vespertinas, casi todos iban a jugar beisbol o futbol en los terrenos de la escuela. Yo también lo hacía, pero a desgana. A la primera oportunidad me declaraba cansado y me sentaba a la sombra de alguno de los muchos y frondosos álamos que había en hilera junto a la barda del fondo de la escuela, que daba a la avenida 51 de Marianao, a disfrutar tranquilamente de mi tiempo libre.

Tantas veces sucedió aquella escena, que los curas comenzaron a sospechar que yo no era un niño “normal”, y llamaron a mis padres para ponerlos sobre aviso y tratar de averiguar el motivo de ese comportamiento tan extraño. Para ellos, yo “debía” de tener algún problema.

A mí me parecía al revés, es decir, que los del problema eran ellos. Quizás allí nació mi carácter rebelde y mi amable pero profundo e incontrovertible desprecio por todo tipo de fanatismo: deportivo, político, religioso, etc. Aquello de correr incansablemente detrás de una pelota, me parecía una aburrida tontería, demasiado repetitiva para llamar mi atención.

Una vez, jugando un partido de futbol, el balón cayó cerca de mí y un compañerito del otro equipo y yo fuimos a discutirlo. La intención de cada uno era hacerse con la bola y patearla hacia la portería contraria. Pero yo llegué un instante después y el único resultado de mi esfuerzo fue que recibí un impacto directo del balón en mi cara, con toda la fuerza de un balón recién pateado. Caí de espaldas al césped y estuve un tiempo aturdido, sintiendo que mi cabeza y sobre todo mi nariz, habían estallado. Ahí mismo juré que no volvería a jugar nunca más. Por supuesto que no cumplí mi promesa, pero creo que aquella experiencia quedó gravitando para siempre en mi psiquis.

Nunca estuve muy seguro de si el balonazo había sucedido por casualidad, o había sido a propósito para inhabilitarme.

En Escocia se vio una de las peores patadas que se recuerde en el partido entre Livingston y Hearts donde Jason Talbot le enterró todos los tapones de los tacos en la cara a Sam Nicholson. Lo más increíble es que el árbitro no expulsó a Talbot por una agresión que merecía hasta algo más. Sam mostró su rostro herido tras el partido.

En Escocia se vio una de las peores patadas que se recuerde, en el partido entre Livingston y Hearts donde Jason Talbot le enterró todos los tapones de los tacos en la cara a Sam Nicholson. Lo más increíble es que el árbitro no expulsó a Talbot por una agresión que merecía hasta algo más.  (09/02/2015)

Hoy en día, cuando veo en la tv las patadas, zancadillas, empujones y codazos que se dan los jugadores profesionales con tanta frecuencia, recuerdo aquel episodio y me pregunto seriamente por la limpieza y el espíritu deportivo de algunos los integrantes de los equipos. Y doy gracias a Dios porque no me hizo árbitro. Ni policía.

Pero prosigamos con el examen de conciencia.

Mi infección de misticismo religioso comenzó a ceder cuando se me ocurrió pensar: “Ok, Dios nos hizo. Mmmmm… pero ¿Y quién hizo a Dios?”

Cuando le pregunté aquello a mi padre espiritual, su respuesta me defraudó: “Dios SIEMPRE existió y ya. Creer cualquier otra cosa, es pecado”.

Francamente, no veía la diferencia entre eso y  “La materia SIEMPRE existió, y ya“, que era la respuesta de los materialistas a la misma pregunta. Excepto, claro está, por la velada alusión al Infierno y al miedo que te provoca la idea de arder eternamente en él, en caso de no aceptar la respuesta del catolicismo.

Parece que por aquel tiempo comenzaba a surgir en mí lo que se llama “uso de razón”, que es lo que diferencia a un adulto de un niño.

De manera que llegando a la adolescencia, todo el terreno que perdía en mi cerebro la teología lo ganaba la ciencia, disciplina en la cual el juez supremo no es un libro sagrado -escrito hace miles de años por gentes seguramente muy inteligentes para su época, pero muy ignorantes para la mía- sino algo verdaderamente imparcial, eterno, y muy difícil de manipular y corromper: el experimento.

Portada del disco de Carlos Puebla con la famosa tonada "Y eso llegó Fidel"

Portada del disco de Carlos Puebla con la famosa tonada “Y en eso llegó Fidel”

Llegó el Comandante y mandó a parar

Quiso el destino que por ese tiempo en mi patria ocurrieran los hechos conocidos como “Revolución Cubana” y mi atención se enfocó hacia otro tipo de asuntos que hasta ese momento no habían captado mi interés: los problemas sociales.

Muy pocos sudan calenturas ajenas y yo, como miembro de una familia de clase media cubana bien establecida y equilibrada, no había tenido mayores problemas: cariño, comida, casa, educación, comodidades de todo tipo, eran vistas por mí como algo natural.

Sin embargo, el terrible y drástico cambio político que se produjo en mi patria me abrió los ojos a otro mundo: al parecer, no toda la gente era tan feliz como yo. Es más, la mayoría de la gente no disfrutaba de la misma bonanza material.

La conclusión lógica de tal proceso mental, saltaba a la vista: algo había que hacer para aliviar ese estado de cosas.

De manera que pasé de la religión, a lo que llamaré -alguna palabra tengo que usar al fin y al cabo- la socialdemocracia.

No puedo decir que aquello fuera la gran cosa -sobre todo teniendo en cuenta que mucha gente en mi país, por conveniencia o por convencimiento, comenzaban a abrazar sin reservas las ideas comunistas -o quizás debería decir la voluntad del Fifo- pero al menos me había movido ideológicamente hacia la izquierda.

Claro, nunca milité en ningún partido. Sobre todo, porque ya no los había: el Máximo Líder se había ocupado minuciosamente de acabar con todos ellos, excepto el suyo (igualito que Hitler, por cierto). Y quizás por eso mismo, por constatar cómo bajo el disfraz de salvador de los pobres se ocultaba una terrible dictadura personal que con la excusa de satisfacer las necesidades materiales de la gente, les negaba lo principal: su libertad para escoger cómo llevar su vida, comencé a recular.

De nuevo mi psiquis empezó a buscar algo mejor en qué creer, una ideología que no estuviera viciada de entrada por el autoritarismo y el engaño.

Y todo ello, a pesar de mi consciente renuencia a “formar parte” de cualquier cosa.

Contradicción?… Claro que sí!

La razón de tal comportamiento es -según mi modesta opinión- que todos estamos inclinados genéticamente a pertenecer a algo. Es lo que yo llamo “mis genes de manada”, una especie de atavismo que jugó un papel importante en la supervivencia de las especies anteriores al homo sapiens y del cual no podemos prescindir, como no podemos prescindir de la sed o del deseo de hacer pipí.

Es a lo que los psicólogos se refieren cuando mencionan la frase “el Hombre es un ser social”, es decir, sufre si se siente solo y por eso busca compañía. La contradicción es que muchas veces esa necesidad de pertenencia lo lleva a ser manipulado: ¡pura dialéctica!.

Entonces empezé a admirar al país que a mi entender era el mejor exponente de los ideales del “pursuit of happyness” que se merecían todos los hombres: los Estados Unidos.

Para mi desgracia, aún estaba muy joven para tomar decisiones por mí mismo y mis padres -por temor a abandonar sus bienes y su cultura- permanecieron en Cuba.

José Perez del Río, conductor del programa "Buenos Dias América" de la VOA (Voz de los Estados Unidos de América).

José Perez del Río, conductor del programa “Buenos Dias América” de la VOA. Foto muy posterior a la época del relato.

Eran los tiempos en que mi tío Gustavo escuchaba con gran interés a Radio Swan y yo a José Pérez del Río, el locutor del programa “Buenos Días América” de la programación para América Latina de La Voz de los Estados Unidos de América (VOA).

Por contraste a mi realidad de ese entonces -viviendo en un país sin leyes y en manos de un caudillo mesiánico que destruía sistemática y minuciosamente el tejido social de mi patria- imaginaba a EU como un país idílico, en el que todo era riqueza, orden y satisfacciones personales. Y claro, sentía un gran deseo de vivir en aquella sociedad perfecta.

Mi pensamiento permaneció así durante un largo período de tiempo. Mientras más años transcurrían y más crímenes y locuras cometían en mi patria el Fifo y sus secuaces, más deseos de  emigrar y más admiración sentía por la sociedad norteamericana, la democracia y el capitalismo.

Vivir con esas convicciones dentro de Cuba era como vivir una pesadilla interminable.

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Más o menos por aquella época comencé a enterarme de los crímenes cometidos por la Iglesia Católica a lo largo de su historia. Es decir:

  1. Los casi 1000 años de oscurantismo medieval en los que tuvo sometido a gran parte del mundo occidental, donde desde posiciones de poder se perseguía la razón y se exaltaba el fanatismo religioso y la fe ciega, al punto de prácticamente detener el desarrollo de la ciencia, lo cual dió como resultado que se olvidaran filosofías y conocimientos que ya existían en los tiempos de la Antigua Grecia.
  2. Los aprox. 300 años de los temidos Tribunales de la Santa Inquisición con sus torturas, asesinatos y quema de “herejes” vivos por cosas como negar la teoría heliocéntrica (recordar a Giordano Bruno o a Galileo Galilei y su “Eppur si muove”) u otras tonterías ilógicas como la Sagrada Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) o la Creación según el Génesis.
  3. Su ridícula negación de la Teoría de la Evolución de Darwin y en general de cualquier posición filosófica, científica o política que rebajara o pusiera en peligro el predominio de la Iglesia Católica sobre los hombres.
  4. Su pacto con los nazis (Concordato Pacelli-von Papen), firmado en 1933, cuando ya Hitler era Canciller de Alemania.
  5. Su sistemático encubrimiento a los crímenes de los curas pederastas, algo especialmente despreciable.
  6. Su recalcitrante machismo al oponerse a la igualdad entre hombres y mujeres en lo que se refiere a su papel en la familia (trabajo, crianza de hijos, etc).
  7. Su negación al derecho de aborto y su intento mal intencionado de hacer que la gente lo confunda con la exaltación del aborto como método anticonceptivo.
  8. Su condena a priori del homosexualismo, lo cual implica el desprecio al criterio de cada cual respecto a una cuestión estrictamente personal.

Ya no se trataba solamente de diferencias filosóficas. Estos ya eran crímenes mondos y lirondos. Cosas que en mi opinión no se saldaban con una simple disculpa, sino que merecían la erradicación de la organización que los había cometido.

Mi naturaleza de librepensador  y mi idea de que cada cual tiene derecho a opinar como le dé su gana siempre y cuando no le haga daño a su prójimo, me impedían jugar a ser líder mundial de una cruzada anticatólica. No iba a convertirme en lo mismo que criticaba. Sin embargo, a título personal no tuve ningún problema en despreciarlos aún más.

Y así lo hice.

Genes

Genes

De manera que me iba quedando sin mitos en los cuales depositar mi confianza, una verdadera tragedia para mis genes de manada.

Por eso me resultó especialmente doloroso cuando comencé a darme cuenta de que la sociedad norteamericana tampoco era perfecta.

No me gusta repetirme y en artículos anteriores ya he hablado sobre este problema. Pero haciendo un resumen general, descubrí que cada gobierno o sociedad tiene su “historia oficial” en donde resaltan o inventan hechos a conveniencia, mientras esconden o niegan otros cuya difusión consideran “inapropiados”. El objetivo de tal proceder está claro: manipular a la gente.

Por ejemplo, no es lo mismo mandar a un soldado a una guerra de “ideales” o “por la libertad”, que mandarlo a una guerra de rapiña. La primera motivación es capaz de lograr que el soldado arriesgue su vida de motu propio. La segunda, no.

Imagen del filme "The pursuit of happyness"

Imagen del filme “The pursuit of happyness”

De modo que cuando descubrí que difícilmente podía hacer coincidir la bonita historia de los Padres Fundadores o el cuento de la excepcionalidad de USA y aquella frase del “pursuit of happyness” que aparece en la Declaración de Independencia norteamericana, con la Guerra de Vietnam y otras muchas guerras de rapiña -incluyendo la mexicana de 1848-, el criminal racismo sureño que se desbordó en los años 60 del siglo XX, la amistad con tantísimas dictaduras por todo el mundo (o sea, el pragmatismo político conocido como la política de “our son of a bitch”) o cuando caí en cuenta del terrible e  hipócrita abismo que existe entre el discurso moralista del gobierno norteamericano sobre el problema de las drogas y su posición real manteniendo durante 50 años una prohibición que solo ha dado como resultado el surgimiento de una narco-mafia que ha permeado y prostituído muchos gobiernos en todo el mundo, el alma se me fue a los pies.

Déjenme explicar algunas cosas bien claro:

NO estoy diciendo que los Estados Unidos sean algo así como el Imperio del Mal a perpetuidad. De hecho, creo que si actualmente hay alguna nación en la cual yo pueda depositar alguna esperanza de que a la larga ayude a resolver -o al menos disminuír- los inmensos problemas del mundo, ésa es Estados Unidos. Y no porque no tenga problemas, sino porque su sistema ha demostrado que los puede enfrentar y resolver, es decir, que puede mejorar y no siempre enquistarse en posiciones retrógradas e inamovibles. Eso es su principal atractivo, al menos para mí.

Si lo tuviera que definir con una sola palabra, creo que utilizaría “dinamismo”.

Por ejemplo, del racismo galopante y criminal que produjo el asesinato de Martin Luther King y los disturbios del 68, al presidente negro del 2008, va un cierto nivel de evolución positiva, no? Aunque muchas de las acciones de Obama no sean precisamente de mi agrado sino todo lo contrario.

De las trampas electorales de “Dirty Dick o Dirty Tricks” -o sea “Dick el Tramposo o Trucos Sucios”, el juego de palabras usado como sobrenombre despectivo de Richard (Dick) Nixon luego del escándalo de Watergate-, a la renuncia de un presidente en funciones producto de la acción de la justicia y la presión popular va un cierto tramo, cierto?. Aunque luego Gerald Ford lo haya perdonado en vez de castigarlo como se merecía.

Aclaro que en mi opinión lo importante no es el hecho de que un tramposo haya llegado a la presidencia. Eso es explicable o natural, porque los tramposos buscan instintivamente el dinero y el poder como las moscas buscan la mierda. Y es en los gobiernos donde siempre se concentran con mayor densidad el dinero y el poder.

Lo admirable es que el sistema haya sido capaz de reformarse a sí mismo y expulsarlo.

Algo que otros muchos gobiernos -incluyendo el de mi patria, por supuesto- están a mil leguas de emular.

Pero con la misma sinceridad con que admito eso, tengo que admitir que esa visión de Tierra Prometida, de adalid y garante de la libertad mundial con que nos quieren tupir los apologistas del gobierno gringo, es falsa.

Algo especialmente importante que quiero hacer notar es que me estoy refiriendo al gobierno, no a la gente común. Cualquier juicio que involucre a todo un pueblo y le asigne una característica general como “vago”, “tramposo”, “corrupto”…, es producto de la ignorancia o de la mala intención. De hecho, he visitado muchas veces esa nación y he conocido muchísimas más personas buenas, que malas.

De manera que de nuevo volví a cambiar mi mente, esta vez hacia una posición mucho más definitiva y dialéctica: todos tenemos algo de bueno y de malo. Y en todos los gobiernos y pueblos hay gente buena y mala.

Y como solución a mi problema de equilibrio filosófico-existencial, me acerqué a la cultura.

La cultura como el conjunto de conocimientos, costumbres y creencias

La cultura como el conjunto de conocimientos, costumbres y creencias humanas

La cultura, esa noble y escurridiza dama

En realidad desde pequeño me había gustado leer, y por suerte había podido disfrutar de los clásicos infantiles y juveniles. Luego la vida de adulto con sus exigencias y sus responsabilidades, me sacó del buen camino y tuve que dedicar la mayor parte de mi tiempo a la simple supervivencia.

Ahora en la vejez he vuelto a reencontrarme con mi antigua conocida, la literatura (o a retomar mi antiguo vicio, según se vea con buena fe o con picardía).

En cuanto a los temas de los libros que leo soy bastante omnívoro, aunque siento inclinación por los de divulgación científica (cosmología, biología, genética, etc) además de biografías noveladas o novelas históricas, y de vez en cuando sobre historia, economía, política o filosofía.

En música soy un mero diletante, una especie de “bon vivant” musical que sin saber de armonías, timbres o ritmos va por ahí oyendo y seleccionando melodías que le emocionan, sin comprender la estructura de las piezas musicales. Puro “dejarse llevar” por los sonidos.

Hoy, me gusta pensar en la cultura como el mejor intento de comprender y tomar postura frente al mundo. Ya que no sabemos a ciencia cierta quienes somos o por qué estamos aquí y ni siquiera comprendemos a fondo las razones por las que se producen los sucesos históricos, creo que lo mejor que podemos hacer es mirar a nuestro alrededor y disfrutar del paseo.

Y aunque la poesía no siempre me emociona, a veces encuentro alguna que me electriza:

He andado muchos caminos - Antonio Machado

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra.

y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra…

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan adónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja.

y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos
descansan bajo la tierra. 

Antonio Machado (Soledades, 1903)

Putísima! Por qué habrá poemas que me dejan indiferente y hay otros que hacen como que me taladran el cerebro con sus verdades?

Conocí este poema en los 60, cuando Juan Manuel Serrat lo comenzó a cantar.

Lo que plantea es muy sencillo: que en todas partes hay gente mala y gente buena. Una verdad de Perogrullo, pero yo necesité toda una vida para comprender su significado profundo y moldear mi visión del orbe a ese simple postulado.

Y claro que siento vergüenza por ello, pero creo que no tanta como la que deben de haber sentido algunos de nuestros políticos actuales, que han dado muestras de una ignorancia supina en temas literarios.

Como cuando Fox le cambió el nombre a Jorge Luis Borges y lo llamó “José Luis Borgues”, o cuando lo mencionó entre los Premios Nobel de Literatura (Borges nunca lo obtuvo, quizás por su respaldo a las dictaduras chilena y argentina), o cuando dijo que Vargas Llosa era colombiano (supongo que lo confundió con el Gabo).

Martita Sahagún (esposa de Fox y ex Primera Dama) no se quedó muy atrás cuando le cambió el sexo a Rabindranath Tagore y dijo algo así como “la gran escritora hindú Rabina Gran Tagora”.

O cuando Josefina Vazquez Mota -la Secretaria de Educación- confundió a Carlos Fuentes con Octavio Paz y además le cambió el nombre a una de sus obras.

Pero la palmas se las lleva nuestro presidente actual, Enrique Peña Nieto, que en una feria literaria (la FIL de Guadalajara) fue incapaz de mencionar tres autores de libros que hubieran influído en él. Y cuando quiso reparar el daño resultó peor, porque confundió el autor de La Silla del Águila (Carlos Fuentes) con Enrique Krauze.

Burros

Burros

Definitivamente, con estos políticos no tenemos que pensar mucho para encontrar la razón por la cual la educación pública en México deja tanto que desear…

Quevedo y los frutos del árbol

Y este tema hizo que recordara un viejo chiste:

Cuentan que unos padres muy orgullosos de las aptitudes literarias de su hijo, lo llevaron al gran poeta español para que lo evaluara. Entonces Quevedo llevó al muchacho a un balcón desde donde se podía disfrutar de la Luna en medio de una bonita noche estrellada y le pidió que se inspirara. El muchacho miró durante un rato al cielo, y de repente declamó el siguiente verso:

Mirad la Luna vomitando estrellas! Ay, ay, ay que bella! Ay, ay, ay que bella!

Los padres miraron expectantes a Quevedo, y entonces éste les dió su opinión, también en verso:

Si de este árbol queréis sacar mejor fruto… Ay, ay, ay, que bruto! Ay, ay, ay que bruto!

(Continuará)

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Acerca de azayas48

Físico médico, programador de computadoras. Fan de Visual Basic y SQL. Cubano por nacimiento, mexicano por naturalización y por corazón.
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7 respuestas a Un mundo feliz, o falaz (X)

  1. Ada dijo:

    Leo con mucho gusto tu relato, extrañaba tu buen decir. No te pierdas.

  2. Margarita dijo:

    Siempre me agrada leerlo. Pensamos y escribimos de manera similar, aunque no alcanzo su profunda cultura. Y no en todo estamos de acuerdo …como debe ser!
    Me gustaría saber de sus pareceres de temas cubanos de actualidad…

  3. Margarita dijo:

    Me gustaría saber qué piensa de temas cubanos de actualidad…

    • azayas48 dijo:

      Hola, Margarita. Ok, a mí también me gustaría conversar contigo sobre Cuba. De hecho, es mi tema preferido. Sólo que es posible que no esté muy actualizado porque hace unos 25 años que salí de allí. Quizás tú puedas ilustrarme. Pero en general, creo que el régimen sigue siendo “la misma gata, pero revolcada”, como dicen en México para indicar que algo no ha cambiado mucho, sólo en apariencia. Escríbeme: azayas48@hotmail.com Saludos!

  4. cereal dijo:

    no coincido con usted en el tema eeuu, no me tome tampoco por un “adorador incondicional” del americanismo norteño, siemplemente me di cuenta a tiempo que tambien tenemos nosotros mucha culpa de sentirnos hasta cierto punto decepcionados con eeuu al notar que no se corresponde totalmente con la idealizacion que del mismo hacemos como pais.

    tiene y comete errores, como toda otra nacion, pero su dinamismo como usted mismo lo explica hace la maravilla que enmienda muchas acciones de mala caladura, como fue el esclavismo que en una epoca fue normal pero hoy es aborrecible (como debe ser) y es que pensamos en una nacion perfecta, donde todo funciona/existe segun nuestros suenos. pues no es asi y contiene como el poema bien explica gente mala y gente buena. la droga es un problema a resolver, pero no es un punto de doble moral de la sociedad americana, simplemente es una economia muy grande, con un altisimo poder adquisitivo lo que la convierte en el primer mercado del mundo para los narcotraficantes, eso no quiere decir que el gobierno no sepa y combata con todos los recursos a su disposicion el narcotrafico.

  5. cereal dijo:

    y que por cierto admiro, leo y aprendo de sus escritos. me gusta su prosa y la forma en que desarrolla sus temas. un abrazo.

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