Un mundo feliz, o falaz (IX)

libertad4Aprendiendo a ser libre

A las pocas semanas de haber llegado a México como profesional enviado por el gobierno cubano para cumplir un contrato de trabajo, y mucho antes de saber si podría satisfacer mi oculto deseo de quedarme a vivir aquí y mandar al carajo al Fifo y su Revolución, quise demostrarme a mí mismo que -llegado el momento- sería capaz de hacerlo. Es decir, que tendría el coraje suficiente para valerme solo.

Para los que no entiendan bien mi inquietud, les explico que me sentía un poco como un preso que luego de vivir muchos años encerrado -en donde la disciplina carcelaria lo obliga a un régimen estricto y él no decide nada: ni qué comer, ni qué vestir, ni cuando bañarse, o tomar el sol, o trabajar, o dormir…- al ver acercarse el fin de su condena, siente temor por volver a la libertad, en donde debe asumir ser el dueño de su destino pero a costa de no tener garantías de nada, incluyendo la simple supervivencia. Dicho en pocas palabras: el vivir en libertad se aprende. O se olvida, según sea el caso.

De manera que como el que se toma una medicina, me impuse un plan: con la excusa de conocer el país, aprovecharía un fin de semana para hacer un viaje a Puebla. En realidad, quería demostrarme a mí mismo que yo sabría desenvolverme en una sociedad libre.

Escogí esa ciudad no porque tuviera algún interés específico en ella sino porque era una de las que más había oído mencionar desde chico –cuando mis padres hicieron un viaje turístico a México– y me informé que estaba relativamente cerca del DF de forma que el viaje no sería muy largo. En ese tiempo yo prácticamente no conocía la Historia ni la Geografía de México y además todo lo que veía me resultaba interesante, así que decidí que Puebla estaría bien.

Terminal TAPO (Terminal de Autobuses de Pasajeros del Oriente)

Terminal TAPO (Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente). Su arquitectura destaca por la gran cúpula central, alrededor de la cual están situadas las oficinas de ventas de boletos de las distintas líneas, con el área de alimentos en el centro. Los ómnibus están dispuestos radialmente en el exterior, para aprovechar el perímetro circular del recinto.

Pregunté sobre las formas de viajar en ómnibus y aprendí que el DF cuenta con 4 terminales, cada una dedicada a uno de los cuatro puntos cardinales. Como Puebla está al Este, debía ir a la terminal “TAPO” (Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente). Por suerte, el metro tiene una estación precisamente en los sótanos de la TAPO, así que la cosa sería fácil.

Utilicé un fin de semana largo, y luego de advertirle a mis compañeros que haría un viaje turístico durante los días de asueto para que nadie se preocupara por mi ausencia, me lancé a la aventura.

En la terminal me enteré que había “corridas” a Puebla cada 15 minutos, así que enseguida compré mi pasaje y me subí al siguiente camión. No pude dejar de comparar la facilidad con que había conseguido lugar, con las condiciones imperantes en Cuba, en donde para conseguir un pasaje de La Habana a Trinidad para pasar unas vacaciones tenías que hacer cola durante los dos meses anteriores al viaje, “marcando” tu lugar dos veces al día, temprano en la mañana y por las noches. Y si fallabas una sola vez, perdías tu turno en la cola. Era como tratar de comparar el Cielo con el Infierno. Y la mejor lección práctica sobre las “ventajas” del socialismo…

Al llegar a Puebla, tomé un taxi y le pedí al chofer que me llevara a un hotelito barato que estuviera cerca del centro y que por favor me explicara cuáles sitios de interés podía visitar en la ciudad. Entre los que me propuso estaban la Catedral, la Capilla del Rosario, Cholula y los Fuertes de Guadalupe y Loreto. Yo no había oído hablar de ninguno de ellos, pero tomé nota y me propuse conocerlos.

Catedral de Puebla

Catedral de Puebla

La Catedral de Puebla

Creo que antes de continuar debo hacerles una confesión: De niño, las formas y los colores me emocionaban profundamente, sin embargo de adulto perdí esa habilidad. En general, las artes plásticas: pintura, escultura, arquitectura, etc, no me emocionan tanto como la música o la matemática. No me enorgullezco de ello, pero es una realidad.

Sin embargo, cuando penetré en la Catedral de Puebla, me tuve que sentar de la emoción. Mi respiración se entrecortó y sentí un disfrute estético profunto, casi místico.

Altar de la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción de Puebla

Altar de la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción de Puebla

Claro, en ese tiempo podría decirse que tenía la sensibilidad a flor de piel. Me sentía profundamente dichoso por haber recuperado mi libertad. Muchas cosas me emocionaban hasta las lágrimas, no solamente la arquitectura novohispana.

Uno de los dos órganos de tubos de la Catedral de Puebla

Uno de los dos órganos de tubos de la Catedral de Puebla

Pero también es cierto que la Catedral es una obra impresionante. Sus dos torres -altas, cuadradas y dominantes como dos inmensos guardianes renacentistas- me transmitían una sensación de fuerza y seguridad increíbles. La belleza y exquisitez de la decoración interior me dejaron boquiabierto. Los dos órganos de tubos, imponentes y preciosos, inmediatamente hicieron que recordara mi época como integrante del Coro del Colegio de Belén.

No pude dejar de pensar en que si a mí -agnóstico recalcitrante de finales del siglo XX- la Catedral me producía esa sensación de apabullamiento espiritual, ¡qué no habrán sentido los pobres indígenas de los tiempos coloniales, mucho más sugestionables por poseer un horizonte intelectual más limitado!.

Seguramente, para ellos sería como echarle un vistazo al Cielo.

La Capilla del Rosario

A poca distancia de la Catedral de Puebla se encuentra el Templo de Santo Domingo -otro de los lugares que me habían recomendado visitar- anexo al cual se haya la famosa Capilla del Rosario, considerada por muchos como la mejor expresión del barroco novohispano.

De nuevo sentí la misma sensación de arrobamiento místico ante la magnificencia de su decoración, abundante en plata y oro y de una prolijidad absolutamente asombrosa y bella.

A medida que continuaba con mi viaje, el motivo por el cual lo comencé -mi temor a no saber vivir en libertad- iba siendo reemplazado en mi cerebro por el placer de disfrutar la belleza de los lugares visitados. Definitivamente, el esfuerzo había valido la pena.

Cholula - Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios y Popocatepetl

Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, famosa por haber sido construída no precisamente a partir de los materiales de una antigua pirámide azteca que se desmontara para fabricar el templo católico -como sucedió en otras muchas ocasiones con la intención de exterminar los “ritos paganos”- sino SOBRE la pirámide, sin destruírla. Al fondo, nevado, el Popocatépetl, uno de los volcanes emblemáticos de México. En una vieja leyenda azteca, el “Popo” simboliza un guerrero que cuida el sueño de una doncella representada por otro volcán, el “Iztaccíhuatl -conocido como “La Mujer Dormida” a causa de su perfil que simula una mujer acostada. Una bella historia de amor que me recuerda a Romeo y Julieta. Ambos volcanes son claramente visibles hacia el Oeste de Puebla y también hacia el Sureste del DF.

El Teocalli de Cholula

Recuerdo que de muchacho, cuando era alumno de segundo o tercer año en la Secundaria de Trinidad, Lionella Mainegra -mi profesora de literatura- nos hizo conocer y leer En el Teocalli de Cholula, una poesía de José María Heredia referente a un templo azteca (teocalli) que había sido mudo testigo de una de las mayores matanzas de indígenas realizadas por Cortés y sus tropas.

Quetzalcoatl, la Serpiente Emplumada

Quetzalcoatl, la Serpiente Emplumada

Resulta que a medida que Cortés avanzaba hacia Tenochtitlán -la capital del imperio azteca- en su afán por encontrar oro, los temores del emperador Moctezuma se iban incrementando. Al principio, cuando tuvo las primeras noticias de su llegada a la costa del Golfo, había pensado que se trataba de Quetzalcoatl -la Serpiente Emplumada- que regresaba al país desde el Este, como predecía una de las principales leyendas mexicas. Si así fuera no habría nada que hacer, era una cuestión de dioses y se sometería.

Pero poco a poco las dudas comenzaron a roer su fe religiosa: ¿sería en realidad el dios de la profecía, o un simple conquistador extranjero?. Y comenzó a enviarle magníficos regalos junto con mensajes de que no sería necesario llegar hasta la capital porque él reconocía desde ya, su poderío y supremacía. Por supuesto, en realidad era una forma velada de evitar su llegada (si esto hubiera ocurrido en la actualidad, le llamaríamos “diplomacia”).

Pero aquellos suntuosos regalos surtieron el efecto contrario: en vez de disuadir a Cortés, estimularon su ambición.

Entonces Moctezuma trazó un plan para acabar con los españoles: en Cholula, situada en el camino hacia la capital, les tendería una emboscada. A su llegada a dicha población, las autoridades indígenas -que respondían al Emperador- los recibieron como huéspedes de honor, para no revelar sus verdaderas intenciones. El plan consistía en atacarlos de manera sorpresiva cuando estuvieran desprevenidos, utilizando unos 20 mil soldados de Moctezuma que acampaban disimuladamente en las afueras del pueblo.

Sin embargo, Cortés tuvo noticias del plan por una delación y decidió vengarse.

A esas alturas él ya se había dado cuenta que podía utilizar las antiguas rencillas entre las etnias indígenas para sus propósitos de dominación y conquista. Por ello había logrado pactar con los tlaxcaltecas que eran enemigos naturales de los aztecas y de esa forma se había hecho de un ejército de varios miles de soldados, mucho mayor al de los pocos españoles que habían venido con él desde Cuba, que en realidad no sobrepasaban un centenar.

Así que los sorprendidos no fueron los españoles, sino los indígenas. Convocó a las principales autoridades del pueblo a lo que supuestamente iba a ser una gran fiesta. Y cuando todos estaban reunidos… sacó su espada y comenzó la matanza. Cuentan que en el transcurso de unas horas, las tropas de Cortés masacraron a unos 5-6 mil cholultecas, incluyendo mujeres, ancianos y niños. Se habla de riachuelos de sangre en las calles de Cholula. Lo cual, teniendo en cuenta la crueldad de los conquistadores españoles -demostrada en otras muchas ocasiones- posiblemente no sea una exageración.

Una vez controlada la situación, los sobrevivientes pactaron con él y le echaron la culpa del plan de traición a Moctezuma, cosa que Cortés aceptó.

[Sin embargo, cuando por fin llegó a Tenochtitlán e inicialmente el Emperador lo recibió en plan de paz, supo virar la tortilla y echarle la culpa a los cholultecas para no ponerse a mal desde el principio con el gran tlatoani mexica, aunque por supuesto desde ese entonces ya planeaba tomarlo prisionero para apoderarse de su reino. Como pueden ver, parece que la política siempre ha sido el mismo cochinero…]

En fin, muy lejos estaba yo de imaginarme allá en la Secundaria, cuando conocí el poema y supe de la matanza, que el destino me llevaría algún día a visitar ese lugar.

Piramide de Cholula - Puebla

Pirámide de Cholula – Puebla. Obsérvese que está coronada por un templo católico

Pero además de esa historia, existen otros motivos que hacen interesante esa población, situada a unos pocos (~7) kilómetros de Puebla: en Cholula se encuentra la pirámide más grande de todo México. No la más alta, pero sí la de mayor área: su base es un cuadrado de aproximadamente 400 metros de lado.

Para que tengan una idea de su tamaño: los arqueólogos han excavado túneles para investigar su estructura (muchas pirámides son en realidad como unas “matriushkas” de forma piramidal que se construían unas sobre las otras porque cada gobernante quería sobrepasar la gloria y el prestigio de su predecesor haciendo un monumento mayor que además de tapar u ocultar la obra anterior, opacara el recuerdo del precursor) y esos túneles tienen unos 9 km de largo. Además, se pueden visitar.

Otra característica de la Pirámide de Cholula consiste en que es la única que tiene un templo católico en su cima. Me explico: normalmente los españoles destruían minuciosamente los templos indígenas que iban encontrando a su paso, y utilizaban las mismas piedras para construír una iglesia. Esto tenía un doble propósito: acabar con el “paganismo“, y demostrar la superioridad de su Dios.

Pero en el caso de Cholula -por motivos que aún no se conocen bien- la pirámide había sido abandonada desde hacía varios siglos y la erosión había hecho su trabajo convirtiéndola en lo que pudiera parecer a un ojo inexperto, un cerro normal. De manera que o bien no notaron que era algo artificial -quizás por su inmenso tamaño- o quizás pensaron que ya de todas formas la pirámide estaba en ruinas y construyendo la iglesia sobre la pirámide, enfatizaban la superioridad del catolicismo sobre los dioses indígenas. El caso es que la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios tiene fama de ser el único templo católico que descansa SOBRE una pirámide mexica.

Abundando en el tema, otra leyenda relativa a Cholula dice que la ciudad cuenta con 365 iglesias, una por cada día del año. Pero yo pude comprobar que aunque eran muchas, no llegaban a esa cifra. Nada, exageraciones para consumo de los turistas…

Batalla de Puebla

La Batalla de Puebla, donde el joven ejército de México derrotó al experimentado ejército de Francia, tuvo lugar el 5 de Mayo de 1862

La Batalla de Puebla

El siguiente lugar que visité fueron los Fuertes de Guadalupe y Loreto. Debo confesar que en ese entonces yo no tenía muy clara la Historia de México y por ello no sabía bien qué era la Batalla de Puebla y el por qué de su fama. Allí comencé a enterarme.

Resulta que México no solamente peleó contra los españoles (1810-1821) para independizarse, sino que también tuvo que lidiar contra franceses y gringos -que la veían como una nación grande pero económica y políticamente débil y por ello muy apetecible.

Y además para colmo -aunque les parezca sorprendente- la joven nación se vio envuelta y tuvo que luchar en una guerra civil promovida en buena medida por la muy Única, Santa, Católica y Apostólica Iglesia Romana.

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Los franceses invadieron un par de veces el territorio nacional. El primer incidente (1838-39) es conocido con el jocoso nombre de “La Guerra de los Pasteles“, porque supuestamente comenzó por la reclamación de un francés dueño de un restaurante en Tacubaya -en aquel entonces un pueblo cercano y hoy en día un barrio de la capital- que responsabilizaba al gobierno mexicano porque unos oficiales de Santa Anna (el presidente) habían consumido unos pasteles en su establecimiento y se habían retirado sin pagar.

Por supuesto que esto fue una excusa para tontos. En realidad México era un objetivo estratégico no solamente para Estados Unidos, sino también para las principales potencias europeas -Francia, Inglaterra, Alemania- que ya veían venir sus declives como metrópolis coloniales y a las que por un lado les convenía debilitar a Estados Unidos y por otro aumentar su influencia en el incipiente pero prometedor mercado latinoamericano.

Aquel incidente terminó con un acuerdo diplomático bastante desfavorable para México. Lo cual, teniendo en cuenta que Francia encarnaba en ese momento las ideas de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, evidencia que a los gobiernos, al igual que a los hombres, no se les puede juzgar por lo que dicen, sino por lo que hacen. O como decía mi abuelita en un lenguaje mucho menos culto pero muy criollo y simpático: “Al pájaro se lo conoce por la cagá”.

Luego ocurrió la primera invasión gringa (1846-48) -en pleno período de expansión territorial imperialista y un poco antes de la Guerra Civil norteamericana- y a México le costó perder 2 millones de kilómetros cuadrados (aproximadamente la mitad del territorio original de la Nueva España, que era de unos 4 millones).

La segunda invasión gringa ocurrió en 1914 por Veracruz, pero por el momento no hablaré de ella porque me desviaría demasiado del tema central de este artículo. Ya habrá tiempo más adelante.

Continuando con nuestro resumen debemos mencionar la Guerra de Reforma (1857-1861), que consistió en un enfrentamiento armado interno entre conservadores y liberales: de un lado la Iglesia Católica -que ya había fracasado en su intento por imponer a Iturbide y su Primer Imperio pero que aún aspiraba a conservar sus tierras y su poder- y del otro Benito Juárez con su visión de un estado laico, libre de cardenales mafiosos.

Los hechos: una especie de golpe de estado anti-liberal quiso llevar al entonces presidente electo Ignacio Comonfort a perpetuarse en el poder. Pero Benito Juárez, que en ese momento era Presidente de la Corte Suprema de Justicia y que en un inicio había sido tomado prisionero, escapó gracias al propio Comonfort que resultó indeciso pero no asesino, formó un gobierno paralelo en Veracruz, y al final logró derrotar a los conservadores, hacerse presidente y convertir en ley sus ansiadas reformas, que reducían en mucho el poder de la Iglesia Católica.

Paseo de la Reforma - comparacion entre 1870 y 2015

Paseo de la Reforma visto desdel el Castillo de Chapultepec, en 1870 y 2015

Este acontecimiento tuvo tanta importancia para el país, que la principal avenida del DF -iniciada por Maximiliano y terminada por Porfirio Díaz- lleva actualmente el nombre de “Paseo de la Reforma” -o para muchos simplemente “Reforma”.

La Iglesia, por supuesto, nunca lo perdonó.

Sin embargo, esta visión idílica del papel de Juárez como paladín del liberalismo se ve empañada por lo que algunos ven como el error más grande cometido en su carrera como político: en la desesperación por obtener fondos para mantener sus tropas y derrotar a los conservadores, firmó el 14 de diciembre de 1859 el Tratado McLane-Ocampo, por el cual México concedía al gobierno de Estados Unidos -el mismo que pocos años antes le había arrebatado la mitad del territorio- derechos a perpetuidad para el libre paso de mercancías por el Itsmo de Tehuantepec y otros dos corredores entre el Atlántico y el Pacífico. A cambio, recibiría un préstamo por 2 millones de dólares además de algo que también necesitaba con urgencia: el reconocimiento diplomático estadounidense a su gobierno.

Esto, para muchos, era equivalente a darle permiso a la zorra para entrar al gallinero.

La misma zorra que sólo unos años antes, en los tiempos de Antonio López de Santa Anna, había demostrado con creces su voracidad.

Al final y a pesar de que el presidente James Buchanan usó toda su influencia para que fuera ratificado, el tratado no entró en vigor porque el Congreso de EU no lo aprobó. Parece que consideraron -estaba a punto de iniciarse la Guerra de Secesión (1861-1865)- que el tratado beneficiaría a los estados esclavistas del sur porque dificultaría un posible bloqueo comercial impuesto por el gobierno federado.

Aún se discute si esto resultó beneficioso o no para México.

Pero lo que sí se nota es una cierta disposición a “olvidarse” del incidente en los textos oficiales de historia. Mmmmm… Miedito a quedarse sin héroes?

Yo creo que nadie es perfecto y que todos hemos cometido errores. Pero tratar de ocultar la realidad modificando la historia a conveniencia, lo que logra es crear suspicacia en lugar de comprensión.

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En definitiva y a pesar de que al final los liberales vencieron en la Guerra de Reforma, aún quedaban en el país muchos intelectuales y políticos conservadores que o bien de forma natural, o influídos por “alguien“, consideraban a Francia como el ejemplo a seguir. Esto no era tan descabellado, teniendo en cuenta lo que había sucedido con Estados Unidos pocos años antes: le habían arrebatado al país la mitad de su territorio.

El enemigo de tu enemigo es tu amigo y te protege, cierto?

Y para los que se pregunten porqué los gobiernos de Francia y Estados Unidos en ese entonces no eran precisamente amigos, quizás convenga hacer una pequeña digresión que de paso ejemplifica muy bien una actitud que con los años se repetiría en múltiples ocasiones, y que nos da una idea muy clara de lo que para muchos gobiernos -incluyendo el gringo- significa la palabra “solidaridad”:

Durante su guerra de independencia contra Inglaterra (1775-1783) las 13 colonias habían pedido apoyo a Francia y lo habían obtenido en grado superlativo (Benjamín Franklin fue el encargado de gestionarlo). Por ello, sería de suponer que el gobierno de Estados Unidos se sentiría agradecido hacia el de Francia, su protector y amigo.

Sin embargo, unos años después tiene lugar la Revolución Francesa -la cual por cierto a pesar de sus puros ideales iniciales, terminó como casi todas las revoluciones en un baño de sangre y una terrible dictadura- y entonces fue cuando los Estados Unidos, en 1794, haciendo gala de su sentido de fraternidad y compañerismo, firma un tratado de amistad (Tratado Jay) con… los ingleses!

Por supuesto que a Francia aquello no le gustó ni un poquito.

Se podrán aportar muchas razones para explicar este proceder, pero no creo que ninguna de ellas tenga mucho que ver con la vergüenza ni con el honor. Ya bien dicen que “El amor y el interés salieron al campo un día… y más pudo el interés que el amor que te tenía”.

Pero prosigamos.

La Historia está llena de paradojas, y en este caso fue el propio Benito Juárez -“El Benemérito de las Américas“, uno de los personajes más venerados por la historia oficial- el que, sin proponérselo, dio pie a la excusa para la segunda invasión francesa: en 1861, acuciado por los problemas financieros de un estado recién salido de una guerra civil y al parecer insolvente, declaró la suspensión de pagos de la deuda externa. Esa fue la gota que derramó el vaso (o el pretexto que estaban esperando), y los franceses volvieron a invadir México en 1862 con la intención de imponer un gobierno propio, que garantizara dichos pagos y de paso hostigara al gobierno de sus antiguos protegidos y ahora malagradecidos gringos.

Y en estas circunstancias es donde tiene lugar la famosa “Batalla de Puebla“, el 5 de mayo de 1862, entre los ejércitos de Francia y de México. En ella, brillaron sobre todo dos jóvenes militares mexicanos: Ignacio Zaragoza -como jefe máximo de las tropas- y Porfirio Díaz (¡mire Ud, el mismo que años después la cagó y protagonizó una dictadura de 30 años que a su vez dio pie a la Revolución Mexicana de 1910, otra terrible e inútil matazón!).

Debo enfatizar que en ese tiempo Francia poseía uno de los mejores ejércitos del mundo, mientras que México era una nación joven, recién salida de varias invasiones extranjeras y de una guerra civil que había agotado sus recursos y sus hombres a niveles preocupantes. Y sin embargo, los mexicanos ganaron la batalla a base de huevos e inteligencia, no seré yo quien les quite esa gloria.

Lo malo es que… perdieron la guerra.

¡Un momento, un momento! –se preguntará Ud. Y si ganaron la batalla pero perdieron la guerra, ¿por qué el gobierno mexicano la celebra a bombo y platillos?

Es como si alguien celebrara el haber ganado el primer tiempo de un partido de futbol… sin considerar que el marcador se invirtió en el segundo tiempo y por lo tanto perdió el juego.

Aunque al final -para ser justos- hayan ganado el campeonato.

¿Se dan cuenta el porqué del título de esta saga?

Porque si al fin y al cabo México logró expulsar a los franceses y recuperar su soberanía, por qué utilizar como símbolo algo que ocurrió ANTES de ser derrotados, aunque esa derrota no haya sido definitiva?

Porqué no aceptar los HECHOS, tal y como sucedieron?

No sería mejor escoger como símbolo del triunfo en esa guerra, algún suceso que de veras haya dado lugar a la victoria?

A la verdad que yo tampoco tengo muy claro por qué actúan así. No quiero pensar que sea por manipuladores y deshonestos, ¡nooooo, que va!

¿Será que por ahí hay alguien que sabe que una victoria militar a como dé lugar es la mejor forma de exacerbar el patriotismo a ultranza, para usarlo como herramienta de manipulación política?

Algo así como la mayoría de las novelas de Televisa, diseñadas no precisamente para elevar tu nivel cultural o el disfrute estético, sino para hacer negocios vendiéndote champúes para la caspa o jabones lavatrastes y predicar el mal gusto utilizando las pasiones más primitivas del Hombre.

Incluso creo que esto crea confusión entre la gente joven, que no comprende muy bien como es eso de que ganamos, y entonces perdimos, pero después ganamos.

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No pretendo hacer aquí “La Historia del tabaco” -como dicen en Cuba para referirse a un cuento muy largo- pero quisiera al menos concluír con el asunto del Segundo Imperio, para no dejar a medias esta interesante historia.

En 1863, en plena invasión francesa y con Benito Juárez gobernando desde un coche de caballos que era como una especie de casa y oficina presidencial rodante que se movía por todo el país para escapar de los franceses (interesados ver la tvnovela El Carruaje), algunos conservadores notables aposentados en la capital, intentaron persuadir a Napoleón III para que enviara a alguien que tomara las riendas de México.

Se sabe que entre los solicitantes estuvo, para su propia vergüenza, uno de los hijos naturales de Morelos, Juan Nepomuceno Almonte. Cosa que en mi opinión no disminuye en nada la memoria de su padre. Cada cual es responsable por sus actos, no por los de sus hijos adultos.

Pero extrañamente, la historia oficial mexicana sí trata de ocultar discretamente este hecho, como si lo fuera. Me recuerda el refrán: “Piensa el ladrón, que todos son de su condición“. En fin, cada cual con sus demonios, no?

Maximiliano y Carlota

Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota

Entonces en 1864 Napoleón III envió a Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota para que tomaran el control del gobierno mexicano y formaran lo que se ha dado en llamar el Segundo Imperio.

Dicen las malas lenguas que en realidad quiso matar dos pájaros de un tiro porque Maximiliano -aunque austriaco de nacimiento- era nieto “natural” de Napoleón Bonaparte (un chisme algo confuso y avergonzante pero que alguna gente sabía o comentaba a sotto voce) y alejarlo de Europa ayudaba a que no resultara un estorbo en el asunto de la futura sucesión de poderes para los Habsburgo o los Bonaparte, dos de las familias europeas más cercanas al poder en Europa (Francia, Austria…).

En realidad, parece que Maximiliano llegó medio engañado, pensando que iba a ser recibido de buen grado por la mayoría de los mexicanos. Creo que en el fondo sus intenciones no eran tan perversas como las de los que lo involucraron en la aventura que le costó la vida.

Aparte de las habladurías sobre su bisexualidad y sobre sus cacerías de mariposas apertrechado con un gran jamo por todo el Bosque de Chapultepec o en su hacienda de Cuernavaca -mientras Carlota se tenía que ocupar de gobernar- lo que sí parece cierto es que no resultó tan conservador como esperaban los que lo convencieron de venir a México.

Incluso hay quien asegura que trató de hacer las paces con Benito Juárez enviándole una misiva para dejar de lado sus diferencias y gobernar juntos.

Yo me lo imagino como un ingenuo bobalicón demasiado refinado para la realidad mexicana, lleno de buenos deseos pero mantenido en el poder no por su habilidad como gobernante, sino por la fuerza del ejército francés.

Y precisamente ese fue su Talón de Aquiles, el depender demasiado de un ejército extranjero. Porque cuando Napoleón III se involucró en una nueva guerra contra Prusia y le hicieron falta muchos soldados, sencillamente mandó a que sus tropas regresaran a Francia. Y eso motivó el desmerengamiento del mentado Segundo Imperio.

Lo cual no le resta importancia a la lucha de Benito Juárez y los liberales, que siempre mantuvieron en jaque a los franceses, pero solo a nivel de guerrillas. No había dinero para armar un gran ejército. Y sin “gran” ejército, seguramente no hay “grandes” batallas.

Quizás por eso los historiadores oficiales tuvieron que echar mano de la Batalla de Puebla, esperando ingenuamente que nadie se diera cuenta que en este caso el orden de los factores SÍ altera el producto. Más claro: no hubo ninguna otra “gran batalla” a la cual acudir para explicar la derrota de los franceses.

Algo parecido a lo que sucedió años antes con la independencia de España, en donde más que “grandes batallas” lo que hubo fue un acuerdo (Abrazo de Acatempan) entre los insurgentes y los realistas, porque estos últimos comenzaron a temer que si continuaban unidos a la metrópoli, podrían reflejarse en la Nueva España los tremendos problemas de inestabilidad que estaba sufriendo en ese tiempo la monarquía española.

Una vez abandonado a su suerte, Maximiliano fue hecho prisionero y luego de un juicio sumarísimo, fusilado junto con sus partidarios los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía en  el Cerro de las Campanas, Querétaro, el 19 de Junio de 1867. De nada valieron las súplicas hechas a Benito Juárez por casi todas las cortes europeas y muchas personalidades de fama mundial como Victor Hugo y Giussepe Garibaldi para que le perdonara la vida.

Carlota, que se había ido a Francia un año antes, le sobrevivió casi 60 años. Y aunque según la historia oficial el dolor por la muerte de su esposo la volvió loca, otros aseguran que no sucedió así. Pero ese es otro cuento.

Fuerte de Guadalupe

Fuerte de Guadalupe

Por supuesto, yo no conocía casi ninguno de estos detalles cuando hice mi primera visita al escenario de la Batalla de Puebla.

Aparte de lo silencioso del lugar -situado en una colina que domina la ciudad- y de mis dudas acerca de lo que había sucedido allí, el único otro recuerdo que tengo de esa visita es que me encontré con que una televisora estaba grabando un documental sobre los Fuertes de Guadalupe y Loreto, en el que Ricardo Rocha era el presentador. En ese tiempo (1992) él y Adela Micha estaban muy jóvenes y eran los locutores de un noticiero matutino que yo veía por la tv todos los días mientras me preparaba a ir al trabajo. Recuerdo que lo saludé y que al oír mi acento se interesó por mi origen. Y al saber que era cubano, me preguntó que si México me gustaba y yo le contesté que sí, que me encantaba, que él debía sentirse orgulloso de ser mexicano.

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Y así terminó mi visita a Puebla para aprender a ser libre, que además sirvió para reforzar mi interés por saber más de la fascinante Historia de México, sus costumbres y su cultura.

Interés que aún conservo intacto y que me ha servido no solamente como motivo de disfrute intelectual, sino para aprender a admirar y amar a su gente, que ahora también es mi gente.

(Continuará)

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Acerca de azayas48

Físico médico, programador de computadoras. Fan de Visual Basic y SQL. Cubano por nacimiento, mexicano por naturalización y por corazón.
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6 respuestas a Un mundo feliz, o falaz (IX)

  1. Pingback: Un mundo feliz, o falaz (VIII) | Las cosas que me gustaría saber

  2. Ada dijo:

    Muy interesante y sabrosamente contado, gracias po compartir y enseñar, siempre se aprende contigo.

  3. unCubanoMas dijo:

    mira a este co-professional tuyo como lo estan tratando por pensar distinto, leo esto y me acuerdo de tus escritos.

    https://www.cubanet.org/destacados/te-podemos-expulsar-del-trabajo/

  4. AUB Marysa dijo:

    Felicitaciones ! Nos lleva contigo en el viaje.

  5. cocoMacaco dijo:

    hora de escribir otra vaina porque ya esto no da para mas

  6. cocoMacaco dijo:

    brother hasta cuando con este post colgado? arriba pongase a trabajar !!!!

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