México lindo y querido (XII)

Puente sobre el Río Canímar, en la carretera de Matanzas a Varadero.

Puente sobre el Río Canímar, en la carretera de Matanzas a Varadero.

Una historia común

Luis Font Vidal es uno de esos amigos eternos,  de los que se te meten en el alma para ya no abandonarla nunca más. Lo conocí allá por 1967, cuando comencé la carrera de Licenciatura en Física en la Universidad de La Habana. Éramos compañeros de aula. Pero en ese tiempo aún no se había convertido en alguien entrañable, éramos simplemente amigos.

Luego de mi regreso a la universidad, cuando logré gracias a mi amistad con Raúl Roa que revirtieran el injusto castigo que me habían impuesto por “rebelde” y me dejaran terminar la carrera, me enviaron a hacer el servicio social en el Oncológico. Allí encontré que Font trabajaba en el Departamento de Protección Radiológica y en cuanto me vio caminando por los pasillos con cara de desorientado, me llevó a su oficina. Y la amistad se convirtió en hermandad.

Como tantos otros matrimonios jóvenes, él y su esposa enfrentaban el problema de la vivienda: en Cuba sencillamente no había forma de comprar o rentar un apartamento. Existía una escasez crónica de ese tan necesario recurso porque el gobierno, haciendo alarde de su incompetencia y su mala voluntad, ni lo resolvía él ni dejaba que la gente lo hiciera por su cuenta. Vaya, como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer.

Por suerte, su abuelita le brindó su casa y allí se fue a vivir con su mujer y sus hijos. Sólo que había un detalle: la casa no estaba en La Habana, sino en Matanzas, a unos 150 kilómetros de su trabajo.

Trencito del Central Hershey, el único tren eléctrico que funcionaba en Cuba de los 70. Iba de La Habana a Matanzas, y pasaba por el central azucarero que le dio su nombre.

Trencito del Central Hershey, el único tren eléctrico que funcionaba en Cuba de los 70. Iba de La Habana a Matanzas, y pasaba por el central azucarero que le dio su nombre.

De manera que su vida se convirtió en un interminable viaje. Muchas veces lo sorprendí durmiendo en el piso de la oficina. Una o dos veces por semana tomaba el trencito eléctrico de Hershey para pasar la noche con su familia. Pero como al día siguiente tenía que trabajar y el cupo del tren era mucho menor a la demanda, se tenía que levantar de madrugada para alcanzar asiento. Luego de tanto esfuerzo, sólo podía permanecer unas pocas horas con los suyos. Prácticamente, dormía en el tren. Era una verdadera pesadilla.

Como a Josefina y a mí nos daba pena verlo dando tumbos por ahí como una especie de homeless caribeño, con cierta frecuencia lo invitábamos a comer en la casa. Por ese tiempo ya la escasez hacía muchos años que se había instaurado en el pueblo cubano, pero de vez en cuando conseguíamos spaguettis y hacíamos unas espaguetadas de espanto, con las cuales muchas veces se mató el hambre vieja, con gran contento por ambas partes.

En esas condiciones aguantó tantísimo tiempo. El director del hospital, Zoilo Marinello Vidaurreta le había prometido una casa. Él, como ministro presidente del poderoso Comité Estatal de Ciencia y Técnica, el organismo que dizque regía toda la actividad científica del país, tenía poder más que suficiente para cumplir su promesa.

El supuesto interés de Zoilo en que Font continuara trabajando en el Oncológico, provenía de que éste había demostrado su habilidad y dedicación fuera de lo común para programar computadoras y organizar el manejo de un centro de cálculo. De hecho, los planes para el centro de cálculo del hospital nacieron en la cabeza de Font, cuando Zoilo no sabía a derechas distinguir una calculadora de mesa de una minicomputadora CID 201-B.

Pero lo engañó.

Cuando Font se cansó  de esperar en vano que Zoilo cumpliera su promesa de conseguirle una casa, buscó trabajo en Matanzas. Y lo consiguió. Resulta que en este asunto de las computadoras como reza el refrán, el hábito NO hace al monje. Es decir, de nada sirve que tengas una, si no la sabes usar. Y eso era lo que pasaba en en INRA de Matanzas, que tenían una CID 201-B pero no sabían qué hacer con ella.

Portada de revista INRA

Portada de un número de la revista INRA (Instituto Nacional de la Reforma Agraria)

Quizás lo que sucedía era que en la desorganización general en que iba cayendo el país, en donde los más hábiles en todas las profesiones estaban más interesados en escapar hacia EU que en resolver ningún otro problema y por parte del desgobierno las consideraciones políticas iban muy por delante de las económicas, el centro del cálculo del INRA en Matanzas sólo era uno más en la lista de cosas que no funcionaban.

Jesús resucitando a Lázaro

Jesús resucitando a Lázaro

El caso es que cuando Font llegó allí, fue como aquel milagro de Jesús resucitando a Lázaro.

Fifo firmando la Ley de Reforma Agraria

El Fifo firmando la Ley de Reforma Agraria en mayo de 1959, uno de sus muchos engaños al pueblo de Cuba: entregó unos pocos títulos de propiedad,pero el Estado -o sea, él- se quedó con la inmensa mayoría de las tierras.

El INRA

El INRA (Instituto Nacional de la Reforma Agraria) era el organismo que inicialmente tuvo que ver con el supuesto reparto de tierras que habían requisado a los “latifundistas” para repartírselas al pueblo -algo que en realidad nunca se cumplió- y que a la larga se quedó con la responsabilidad de la zafra azucarera, una actividad que durante siglos fue la columna vertebral de la economía cubana (aunque hoy en día ya no lo es, porque el desgobierno del Fifo la ha descalabrado totalmente).

Una de las actividades principales del organismo era lo que se dio en llamar el Parte de Zafra. Es decir, el informe diario de los volúmenes producidos de azúcar y el control de los parámetros que influyen en dicho proceso, algo que para un país prácticamente monoproductor como Cuba, tenía una importancia decisiva.

Cinta de papel perforado

Cinta de papel perforado

Pues bien, cuando Font llegó a trabajar en la delegación provincial del INRA en Matanzas, los partes siempre se emitían con retraso y estaban plagados de errores. En aquel entonces no había internet, la mayor parte de la información se transmitía mediante teletipos, que eran algo así como máquinas de escribir eléctricas que se comunicaban entre sí. Como método de almacenamiento de información eran muy utilizadas las cintas de papel perforado, parecidas a las serpentinas de carnaval pero más anchas y llenas de huequitos, en donde estaba codificada la información. Usando el propio teletipo, el operador perforaba la cinta que luego podía colocarse en el lector y transmitir la información a varios lugares sin tener que volver a teclear el documento.

Font se propuso organizar y automatizar todo el proceso de elaboración del parte de zafra de la provincia, y luego de meses de luchar con gente inepta y con el burocratismo galopante que infecta siempre la gestión de los comunistas, logró alcanzar su objetivo.

Ahora el informe siempre estaba a tiempo y contenía información real y sin errores. Lo organizó de manera que las distintas regiones y municipios prepararan informes parciales en cinta perforada, los cuales se transmitían vía teletipo. La validación e integración de la información se hacía mediante un programa de computación que corría en la CID 201-B de la delegación provincial, el cual leía directamente dichas cintas. Todo el proceso estaba prácticamente automatizado. Había logrado solucionar uno de los problemas principales de aquel lugar.

Cuando los jefes del INRA de Matanzas -que durante mucho tiempo no habían sabido resolver el asunto- se dieron cuenta que podían montarse sobre los hombros y la inteligencia de Font para dárselas de grandes estrategas ante las autoridades nacionales como si ellos lo hubieran planificado todo, se pusieron muy contentos y comenzaron a organizar cursos y a mandarlo por toda la Isla para que Font les enseñara a hacer lo mismo al resto de las provincias del país.

Esto por supuesto, también generó envidias entre muchos que quedaron en evidencia como tontos e ineptos por no haber hecho antes, lo que Font logró en unos meses de duro trabajo.

Y en Cuba, destacarse es muy peligroso.

Cubana de Miami regresando de visita a La Habana cargada de maletas

Cubana de Miami regresando de visita a La Habana cargada de maletas y paquetes para la familia

El Plan de Reunificación Familiar

La historia de Font y el parte de zafra en la delegación matancera del INRA, corría paralela con un drama mucho más importante y profundo, que afectaba a gran parte de las familias cubanas.

Hacía años que la mamá de Font se había ido del país llevándose consigo a su hija Perla. El no había podido irse con ellas porque en ese tiempo estaba preso en uno de los campos de concentración del Fifo, las famosas UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), el eufemismo con que el desgobierno llamaba a sus gulags caribeños en donde mezclaba disidentes, maricones y delincuentes.

Un buen día, luego de despotricar durante años contra las personas que querían abandonar el país, insultándolos y tildándolos de cobardes, gusanos y vendepatrias, el Fifo se dio cuenta de que aquella gente, a la cual había humillado y esquilmado quitándole todas sus propiedades y que habían salido de Cuba prácticamente en la miseria, habían vuelto a  hacer dinero en EU.

Y como el dinero siempre viene bien -¡negrero de mierda!-, decidió que era hora de cambiar los insultos por la idea de reunificación familiar (él es un experto en eufemismos y palabritas claves). En realidad lo que andaba buscando era explotar los lazos familiares de millares de padres, hermanos, hijos, etc, divididos por el Estrecho de la Florida.

Cubano gusano-mariposa

Cubano gusano-mariposa

Precisamente de allí proviene el viejo chiste de que los gusanos se habían convertido en mariposas, porque ahora eran ellos los que traían ropa, comida y dinero a sus familiares en la Isla.

Aprovechando la nueva política, la mamá de Font regresó varias veces a Cuba. En cada viaje traía consigo grandes bultos de ropa, comida, juguetes, etc. Además, cada vez que tenía oportunidad de mandar paquetes con alguien, lo hacía.

Y al segundo o tercer viaje sucedió lo que tenía que suceder: que Font se decidió a presentar los papeles para reunirse con su mamá. Es decir, emigrar a EU.

Ana Luisa Rubio, famosa artista de la tv cubana, en su juventud y en su madurez.

Ana Luisa Rubio, artista de la tv cubana. Bella en su juventud y bella en su madurez.

Los actos de repudio: el terror como política oficial del desgobierno cubano

Cuando Font le comunicó a sus jefes su decisión, éstos se espantaron.

¿Qué van a decir de nosotros -seguramente pensaron-, porque elevamos a nivel de profesor de cursos nacionales a alguien que al final resultó un “traidor”?

Además, ¿qué va a ser de nuestros planes de automatización del parte de zafra a nivel nacional, si se nos va el que de verdad sabe sobre esta maldita cosa? Vamos a quedar como unos tontos!

Es decir, para los comunistas la famosa “reunificación familiar” sólo funcionaba en un sentido: de Miami a La Habana, pero no al revés.

Normalmente, el que solicitaba permiso de salida se convertía en un apestado, una especie de leproso de la Edad Media con campana al cuello y todo, perdía su trabajo y en el mejor de los casos sólo podía laborar como peón agrícola, basurero u otra actividad manual y desprovista de prestigio. El objetivo era castigar y humillar al disidente. Sin embargo, en el caso de Font había un inconveniente: que era prácticamente insustituíble. Para ganar tiempo, le pidieron que siguiera trabajando desde la casa. Esto era algo inusual y arriesgado para sus jefes, pero al menos les daba la posibilidad de que Font terminara el trabajo y los librara del descrédito de que se fuera y les dejara la cosa a medio hacer y sin nadie que lo pudiera continuar.

Y Font, que es de los que se enamora de su trabajo y todo lo hace con pasión fuera de lo común, aceptó.

Eso implicaba que una vez por semana iba al INRA provincial para entregar los programas en los que había trabajado y recoger las nuevas tareas e indicaciones. El resto del tiempo, trabajaba en su casa.

Supuestamente la “salida” -o sea, el aviso para tomar el avión hacia EU- le podía llegar en cualquier momento.

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Mientras, la situación en el país se había caldeado bastante. En una sucia maniobra típica de su forma de actuar, por un lado -el lado de la prensa- el Fifo tomaba pose como político conciliador y hablaba de reunificación familiar. Por el otro, bajo cuerda -es decir, de manera oculta- formaba grupos de gamberros para atemorizar a los que hacían público su deseo de emigrar, que por lo general eran los más hábiles en todas las profesiones.

El sabía que si no metía miedo, se quedaba sin los mejores. Las acciones atemorizantes consistían en palizas públicas, y podían incluír violaciones y destrucción de las viviendas de los infelices que eran objeto de las iras de la turba. La policía nunca actuaba durante los abusos. Al final, entraba en funciones y se llevaba preso al culpable: el abusado. Normalmente, lo acusaban de “escándalo público”. Así que cornudo, y apaleado.

Ana Luisa Rubio en una camilla de hospital, luego de ser golpeada por una turba castrista para amedrentarla por sus opiniones políticas.

Ana Luisa Rubio en una camilla de hospital, luego de ser golpeada por una turba castrista para amedrentarla por sus opiniones políticas.

Esta técnica era la misma que había sido utilizada por Hitler para atemorizar y abusar de los judíos. Los camisas pardas cubanos se llamaron “brigadas de respuesta rápida” y a sus desmanes se les llamó “mítines de repudio”. Supuestamente estaban formadas por ciudadanos independientes que a título personal y de manera espontánea mostraban su indignación con los que querían irse del paraíso proletario. Pero esto era un engaño para periodistas extranjeros e ingenuos intelectuales de izquierda de los muchos que hay regados por el mundo. Es decir, los famosos tontos útiles. En realidad, los grupos de gamberros eran preparados por el propio gobierno. Me consta, porque en otra ocasión trataron de hacerme participar en uno de esos grupos.

Dicho sea de paso, los mítines de repudio siguen siendo una realidad en Cuba. Ya no golpean a los que se quieren ir, no. Ahora golpean a los disidentes. Aunque vivan en Cuba. Por si no me creen a mí, vean este fragmento de discurso en donde La China, hablando en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba celebrado el 16 de Abril del 2011, explícitamente da permiso para que los grupos paramilitares golpeen a los disidentes. Más claro no puede ser. Y más despreciable y criminal, tampoco.

Ana Luisa Rubio luego de ser golpeada por una turba castrista. Obsérvese la mirada de miedo y tristeza. Cobardes!

Ana Luisa Rubio luego de ser golpeada por una turba castrista. Obsérvese la mirada de miedo y tristeza. ¡Cobardes!

A patadas desde el puente del Canímar hasta el Parque Central de Matanzas

La paliza comenzó en el INRA provincial de Matanzas, en las cercanías del puente sobre el Río Canímar -la salida hacia Varadero-, cuando Font acudió allí como ya lo venía haciendo desde cierto tiempo atrás, para entregar el trabajo realizado y recoger las nuevas tareas.

La razón? Que Font quería irse a EU a vivir con su madre. Bueno, en realidad esa era la primera, la externa. La segunda era el odio que le tenían algunos hijoeputas de allí porque él había puesto en evidencia su ineptitud y su vagancia.

Le iban dando patadas, empujones y puñetazos por toda la carretera. La policía iba abriendo camino con sus patrullas, como si fuera un paseo de carnaval. En los primeros cientos de metros le arrancaron sus zapatos y casi toda su ropa, y de ahí en adelante tuvo que caminar semidesnudo y descalzo sobre el asfalto caliente.

Cuando pasaron por un garaje, alguien tuvo la idea de rociarlo con aceite de carro de la cabeza a los pies y luego tirarle puñados de tierra seca en los ojos.

Si se caía, arreciaban los golpes para que se levantara de nuevo y siguiera con su calvario.

Distancia aproximada del INRA hasta el Parque Central de Matanzas: 8.5 km

Distancia aproximada del INRA hasta el Parque Central de Matanzas: 8.5 km

Cuando alguien llamó a Purita -la esposa de Font- para informarle que estaban matando a su marido, salió desesperada en la dirección que le indicaron. Pero no pudo encontrarlo, y pensó que ya lo habían asesinado.

En realidad lo que había sucedido era que pocas cuadras antes de llegar al Parque Central de Matanzas -cuando el linchamiento ya se había prolongado durante muchos kilómetros- una valiente muchacha se enfrentó con la multitud y les espetó en sus caras: “¡Cobardes, como pueden hacerle eso a un pobre hombre indefenso?!!!”.

Entonces algunos comenzaron a gritar “¡Ésa es la mujer, ésa es la mujer!!!”, pensando que era la esposa de Font. Tiraron a un lado a Font que ya estaba desfallecido, agarraron a la valiente y siguieron la fiesta, pero abusando ya no de Font, sino de la muchacha.

Desgraciadamente, no se que fue de ella.

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No resulta difícil imaginar su terror cuando luego de ser apaleado, se vio solo, sangrante y desnudo en medio de la ciudad. Además, el aceite y la tierra que le habían lanzado a los ojos le habían producido una conjuntivitis terrible y estaba casi ciego. Su mente sólo atinó a suponer que para regresar a casa debería tomar un camino distinto al que hubiera resultado natural, para evitar caer de nuevo en las manos de alguna turba que lo estuviera esperando.

Matanzas no es una ciudad tan grande. Ocupa una franja más bien larga y estrecha a la orilla de océano. Caminó a tropezones en la dirección contraria al mar hasta llegar al monte. Esperó que llegara la noche y comenzó entonces a dar un gran rodeo por la maleza hasta que calculó estar a la altura de su casa. Llegó a ella por la dirección exactamente opuesta a la que sería de esperar. Era madrugada y Purita ya había perdido la esperanza de encontrarlo con vida.

Pero la casa de Matanzas no era un lugar seguro. Además, debía recibir atención médica porque las córneas son muy delicadas y si se rayan e infectan pueden hacerse opacas y cegar de forma definitiva a la persona. No sabían si habría daño permanente en la vista.

Para colmo, como si estuviera viviendo en Palermo -la capital de la mafia siciliana- recibió la visita de varios funcionarios del gobierno para interesarse por su salud. ¡Los mismos que habían permitido el linchamiento!. Sólo faltaron las flores.

Al fin, Font y su familia se trasladaron a La Habana, a la casa de su padre. Allí al menos podría intentar curarse sus ojos en relativa paz.

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Cuando Josefina y yo nos enteramos de lo que había sucedido, lo fuimos a ver. Todavía tenía los ojos inflamados. Además, por haber caminado sin zapatos durante tantos kilómetros sobre el asfalto caliente, había perdido grandes zonas de piel en la planta de los pies y las llagas en carne viva que tenía en esos lugares le producían terribles dolores al intentar caminar.

Font siempre fue un tipo corpulento. Pues bien, parecía un globo desinflado. En unos días había bajado tantos kilos que el pellejo le colgaba por todas partes. Enseguida me acordé de esas fotos espantosas que todos hemos visto de los judíos en un campo de concentración.

Pero lo peor era la paranoia.

Mientras con voz susurrante nos contaba los detalles de su odisea, sus ojos se movían nerviosamente de una ventana a otra. De vez en cuando se acercaba a una de ellas, levantaba ligeramente la cortina que la tapaba y miraba hacia afuera para asegurarse de que no había nadie.

Nos dio una pena inmensa verlo en ese estado.

Logo de Alianza Francesa

Logo de la Alianza Francesa

El futuro

Sin embargo, había algo todavía más frustrante: el futuro.

La famosa reunificación familiar podría durar meses, años, quien sabe cuanto. O no llegar nunca. Y de qué iban a comer, ahora que no tenía trabajo ni posibilidades de conseguirlo? Eran cuatro las bocas a alimentar: Font, su esposa, y los dos niños, en un país en que todo estaba racionado. Qué harían?

Pues vender. Qué? Todo. Ropa, muebles, aparatos eléctricos, en fin, todo. La casa de Matanzas se fue vaciando de todo lo que se pudo vender. Tenían que hacerlo con mucho cuidado para que no se notara, porque esa actividad -para variar- también estaba prohibida. Según las “leyes” del Fifo, el que presentaba sus papeles para irse del país no podía vender ni una cucharita de café de su patrimonio. Todo se quedaba en manos del Estado. Pero de algo tenían que vivir.

Además, vendían el contenido de los paquetes que la mamá le seguía enviando desde EU. Eso, y algunos trabajitos particulares de traducción del inglés o el francés al español, que le caían esporádicamente.

Porque en sus tiempos de viajero constante, cuando casi no dormía, en una acción que habla muy a favor de su inteligencia y su nivel de esfuerzo, le había dado tiempo para asistir a los cursos de francés que ofrecía la Embajada Francesa en Cuba a través de un organismo llamado Alianza Francesa con sedes en muchos lugares del mundo, y hablaba francés con fluidez.

Calle de la Habana Vieja

Calle de la Habana Vieja. Al fondo, el Capitolio Nacional

Pacotilleando en la Habana Vieja

La neolengua castrista es un fenómeno innegable que se ha enraizado en el habla normal del cubano, pero hay que estar en el “insái” (inside) del asunto, para comprenderla bien. Creo que para entender lo que sigue hay que saber el significado del neoverbo “pacotillear”.

“Pacotilla” en la neolengua del Fifo, son todas esas cositas que los funcionarios del gobierno cubano que salen al extranjero, traen a su regreso como una especie de trofeos de caza: playeras, calzones, tenis, perfumes, jabones y mil objetos más. Porque en un país donde todo está escaso, hasta un simple zipper se convierte en un valioso tesoro. Y de tal sustantivo sale el verbo “pacotillear” -o sea, la acción de adquirir pacotilla- y el gerundio “pacotilleando”. Sencillo, verdad?

Pues bien, en aquel tiempo hubo una ocasión en que Font me pidió que lo ayudara a trasladar un paquete que le había enviado su mamá a través de una americana que vivía en Cuba. Yo le pedí prestado el carro a mi papá y nos fuimos a la Habana Vieja, donde vivía la susodicha. Resultó ser una muchacha joven que según me contaron había tenido un problema en su país -no recuerdo bien pero creo que involucraba la muerte o el suicidio de alguien- y se había venido a vivir a Cuba para hacer una especie de borrón y cuenta nueva. El caso es que nos dio la caja, la pusimos en el asiento de atrás del coche, y emprendimos el regreso.

Por desgracia, las calles de la Habana Vieja son muy estrechas porque fueron diseñadas en tiempos coloniales, cuando los coches de caballos. En una de ellas nos encontramos con un automóvil de la policía interrumpiendo el paso. Para colmo, un tipejo con trazas de soplón, sucio, en camiseta y con cara de delincuente, estaba conversando tranquilamente con los policías, parado en la calle y apoyado en la ventanilla de la patrulla del lado chofer. Cuando hice sonar el claxon para que se movieran, el tipo nos miró con cara de pocos amigos como diciendo “¿Cómo te atreves a importunarme?“.

Como el carro de policía no se movía, intenté la maniobra de rebasarlo por la izquierda. Para ello, tuve que montar la mitad de mi coche sobre la acera y pasar casi rozando la patrulla . Al soplón no le quedó más remedio que quitarse de la calle, con lo cual se vio herido en su orgullo de matón callejero con ínfulas de amigo de policías.

Como pasamos muy despacito, tuvo tiempo de sobra para ver la caja que estaba en el asiento de atrás. Inmediatamente habló con los polis de la patrulla, los cuales nos hicieron señas para que nos detuviéramos. Esa fue su venganza por haberlo hecho mover de la calle.

“¡Ciudadanos, qué llevan ahí?”, nos preguntaron los polis en tono intimidatorio.

Cuando vieron el contenido de la caja, no tuvieron dudas. Las pruebas estaban ahí, claras, clarísimas: nosotros éramos contrabandistas de pacotilla (quizás algún día se use el verbo “contrapacotillear” y el sustantivo “contrapacotillero” o “contrapacotillista”).

Por supuesto que nos llevaron presos al cuartel de policía de Zanja.

A medida que el poli que estaba de guardia en la carpeta de la estación iba extrayendo las cosas que contenía la caja -con el estilo de un mago sacando conejos de su sombrero- para hacer el inventario y armar el expediente, las gentes que estaban allí por alguna otra razón, hacían coro y se maravillaban de los tesoros que salían de aquella caja: “Ah, mira, una piyama! Un par de tenis! Cinco bloomers! Unas sandalias! Seis pares de medias!…” Su asombro ante tales maravillas no tenía parangón.

Mientras, yo no sabía que era más grande, si mi miedo o mi indignación. Miedo porque en Cuba puedes caer preso por las razones más absurdas. Indignación por la evidente injusticia de que estábamos siendo objeto, al suponer de antemano que la “pacotilla” no tenía un origen legal.

Mil veces explicamos que aquellas cosas las había mandado la mamá de Font con una persona que había venido de EU y que habían pagado impuestos. No nos creían. O más bien, no querían creernos.

Luego de mucho argumentar y como nadie nos hacía caso, comenzamos a exigir que viniera el jefe de la estación. Al cabo del tiempo llegó el tipo y por suerte logramos convencerlo de que nos dejara ir a buscar a la americana para que ella diera fe de que nosotros estábamos diciendo la verdad. Font se quedó como rehén y a mí me permitieron ir a buscarla en mi propio coche. Cuando la traje, resultó que en la estación la conocían a ella y su caso porque parece que había sido algo medio sonado. Me imagino que además, le tendrían un poco de miedo porque seguramente estaba relacionada con algún dirigente político importante porque para ser americano y que te dejen vivir en Cuba hay que tener palancas.

El caso es que luego de varias horas en un jaleo espantoso, nos dejaron ir y nos devolvieron la pacotilla. Quede el cuento como ejemplo de la “justicia” del Fifo. Como dicen en México: “¡Tanto pedo pa cagar aguado!”.

Ruta 222 Lisa/Parque Central, guagua cubana

Ruta 222 Lisa/Parque Central, guagua cubana

Alta política en una ruta 22

No siempre las acciones de alta política se determinan en grandes salones alfombrados llenos de flores y muebles lujosos, o en despachos estilo Salón Oval o en fortalezas o castillos medievales o renacentistas estilo Kremlin, Windsor o Elíseo.

A veces se concretan en lugares muchos más prosaicos. Como por ejemplo, en una ruta 22, en medio de pisotones, codazos y olores a sudor y a grajo. Cosas de la vida.

O más bien cosas de Cuba, en donde Kafka hubiera sido un simple escritor costumbrista…

Francois Mitterrand (1916-1996), socialista, presidente de Francia 1981-1995.

Francois Mitterrand (1916-1996), socialista, presidente de Francia 1981-1995.

Francois Mitterrand fue uno de los políticos que trató en vano de que el Fifo entrara por el aro. Es decir, intentó aconsejarlo para  que se moderara un poco en eso de tener presos políticos hasta debajo de las piedras. Su esposa, Danielle, tenía pasión por Castro y la Revolución Cubana, y es de suponer que influyera en él para que se mostrara amistoso y conciliador con el dictador caribeño.

También al Fifo le convenía cortejar a la izquierda francesa, una izquierda de ladrido más que de mordida, pero bien relacionada. Vamos, por aquello del dinero y el prestigio al ser aceptado en los círculos políticos europeos. Hay que recordar que el ego del Fifo deja chiquito al de Napoleón.

Cuando en 1981 Mitterrand toma la presidencia, se abre la posibilidad de un flirteo Cuba-Francia de alto nivel. Entre las medidas recomendadas por el galo, estaba la liberación de algunos presos políticos muy renombrados. Ello ayudaría a mejorar su imagen en Europa, lo cual tal vez aflojaría los bolsillos de algunos posibles inversionistas.

Estando así las cosas, Font -que ya llevaba muchos meses sin trabajo y sin ninguna esperanza sobre su futuro y el de su familia- se subió a una ruta 22.

Y voilá!, allí se encontró con su destino.

Por pura casualidad en aquella guagua se topó con alguien que había sido profesor suyo en la Alianza Francesa y que ahora trabajaba en la propia embajada de Francia en Cuba. Luego de los saludos y a la pregunta de qué estaba haciendo, Font le contó su odisea.

-Déjame ver si te puedo ayudar -le contestó su amigo.

La ayuda consistió en la inclusión de su nombre en la lista de presos políticos que presentaría Mitterrand al gobierno del Fifo solicitando su amnistía por gracia real.

Y funcionó.

Portada del libro "Contra toda esperanza", del poeta y escritor Armando Valladares.

Portada del libro “Contra toda esperanza”, del poeta y escritor Armando Valladares.

El 18 de octubre de 1982 Font y su familia volaron a Francia junto con el poeta disidente Armando Valladares -quien había cumplido 22 años en las cárceles del Fifo- y otro grupo de presos políticos famosos.

Para decirlo en el sabroso caló cubano, “se había sacado la lotería sin billete”.

En Francia estuvo un año trabajando el París como ingeniero en la General Electric, hasta que pudo viajar a EU para visitar a su mamá.

De aquello hace la friolera de 30 años y he de decir que la visita no ha terminado aún, jejeje…

Botella de cognac armenio Ararat

Botella de cognac armenio Ararat

La botella de Ararat y la promesa solemne

La noche anterior al viaje fue noche de despedidas. Josefina y yo no podíamos faltar. Nos embargaba una mezcla de tristeza, envidia y alegría. Yo llevé una botellita de Ararat, un cognac armenio que por ese entonces podía comprarse con cierta dificultad en algunos lugares especializados. Fue lo mejorcito que pude conseguir.

Y en medio de los brindis y de la borrachera, hice una promesa solemne. Le dije: “Coño, Font, yo no sé cuando será, pero te prometo que algún día visitaré tu casa en cualquier lugar del extranjero en que te encuentres, y nos tomaremos juntos unas cervezas para celebrar nuestra libertad”.

En ese momento yo estaba muy lejos de saberlo, pero estaba haciendo una promesa que enlazaría hechos que tuvieron lugar muchos años después, en México. El destino es así, medio cabrón.

(Continuará)

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Acerca de azayas48

Físico médico, programador de computadoras. Fan de Visual Basic y SQL. Cubano por nacimiento, mexicano por naturalización y por corazón.
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2 respuestas a México lindo y querido (XII)

  1. cementoPortland dijo:

    tu escribes ahi con una naturalidad y una realidad que duele, es del carajo, esta historia de Font es la de muchos profesionales cubanos que han pasado las de Cain para poderse largar de la inmensa carcel que es cuba (y muchos otros no lo han logrado) , ha sido desgarrador leer lo sucedido a este pobre hombre y la tortura a la que lo sometieron los que abusadores del INRA, por eso no puede haber esa “reconciliacion” de la que tanto hablan estos abusadores de izquierda que tanto daño han causado, quizas no paguen los mayores culpables, pero sus lacayos, sus esbirros que patearon, bañaron en aceite y repartieron cabilla y patadas, esos, tienen que pagar.

  2. napoleon03 dijo:

    Horrible relato, la historia del Castrato necesita muchos kilómetros de papel. Cuba será libre.

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