México lindo y querido (XI)

Termitas

Comejenes o Termitas

El vuelo de los comejenes

Casi todo el mundo que ha vivido en el campo ha tenido la experiencia de ver un enjambre de comejenes (o termitas) volando. Resulta que un buen día te encuentras con cientos de esos animalitos invadiendo algún lugar que el día anterior estaba completamente libre de ellos.

Dicen que la razón es que una nueva reina se ha ido del viejo nido en busca de un lugar para establecer su propia colonia, llevándose consigo una parte de los súbditos de la colonia original. Y si eres observador, te darás cuenta que al llegar al sitio escogido, las termitas se arrancan las alas como diciendo: “Aquí llegué y aquí me quedo”.

Abejas, hormigas y otras especies realizan ceremonias parecidas. Por cierto, los estudiosos han comprobado que luego de esos vuelos invariablemente hay un período de al menos 24 horas de buen tiempo: no lluvias, no vientos fuertes, nada que pueda impedir al menos en esos primeros momentos, el feliz establecimiento del nuevo nido. Cómo se las arreglan las termitas para emitir su pronóstico del tiempo -sin computadoras y sin complicados modelos matemáticos-, es uno de los grandes misterios de la naturaleza (pero definitivamente lo hacen mejor que algunos meteorólogos que veo por la tele, jejeje…).

Y aunque los humanos y los comejenes somos primos lejanos, parece que hemos heredado ciertos genes comunes, que provocan el deseo de emigrar en busca de espacio o de mejores condiciones de vida.

Moisés separando las aguas del Mar Rojo para que el pueblo judío pudiera escapar de Egipto.

Moisés separando las aguas del Mar Rojo para que el pueblo judío pudiera escapar de Egipto hacia la Tierra Prometida

Los éxodos del Fifo

Los éxodos son un fenómeno relativamente común en la Historia. El éxodo por excelencia -al menos en la cultura occidental- es la famosa escena bíblica en donde Moisés hace que las aguas del Mar Rojo se abran para dejar pasar al pueblo judío que estaba escapando de las garras del faraón de Egipto.

Cuentan que Moisés le había pedido por las buenas al susodicho que dejara ir a su pueblo, que estaba esclavizado. Pero el faraón se negó, y entonces Moisés le pidió a Diosito que desatara una serie de plagas contra Egipto, para forzarlo a cambiar de opinión. Primero, las aguas del Nilo se convirtieron en sangre. Luego, vino la mortandad de todos los peces. Luego, una invasión de moscas. Luego, de ranas. En fin, que cuando iban por la décima -que consistió en la muerte de todos los primogénitos de las familias egipcias- el faraón se cansó de tanta desgracia, y cedió.

Pero no bien habían salido los judíos, se arrepintió y mandó a sus soldados tras ellos. Parece que eso de quedarse sin esclavos no le gustó mucho. Entonces fue cuando Moisés extendió sus brazos y logró que las aguas del Mar Rojo se abrieran para dar paso a la caravana del pueblo judío hacia la Península del Sinaí. Una vez que hubieron cruzado, y cuando el ejército del faraón se encontraba en medio del trayecto, Moisés volvió a extender los brazos y el agua ocupó de nuevo su lugar. Los soldados del faraón, por supuesto, se ahogaron toditos.

Lástima que no dejó escrito cómo hizo el truco, verdad?

En el caso del Fifo y aunque casi todos los días desde 1959 hasta la fecha podemos encontrar alguna que otra balsa en el Estrecho de la Florida, se pueden señalar al menos tres grandes éxodos masivos, separados aproximadamente por 15 años unos de otros: el de Camarioca en 1965, el del Mariel en 1980 y el famoso Maleconazo en 1994.

El hecho de que los tres eventos estén separados casi exactamente por el mismo número de años no me parece un fenómeno casual. Yo lo atribuyo a que es el tiempo que demora una nueva generación en llegar a la adultez y darse cuenta que en su país no tienen futuro, que están en las manos de un loco asesino.

En mi caso particular, cuando Camarioca yo era todavía un adolescente inseguro de mí mismo. Y aunque sentí deseos de irme, estaba lejos de tener el nivel de independencia mental necesario para hacerlo por mi cuenta. Además, ya había cumplido los 15 años y estaba “en edad militar”, es decir, el ejército cubano no me iba a dar permiso de emigrar con la excusa de evitar que yo pudiera servir en el ejército gringo. En síntesis: miedo.

Los sucesos de la embajada de Perú que dieron lugar al éxodo del Mariel me agarraron en viaje de trabajo por Santiago de Cuba y además tuve miedo de intentarlo por los actos de repudio y las amenazas a los profesionales que manifestaban su deseo de irse del país. Es decir, más miedo.

Sin embargo, dicen que “tantas veces va el cántaro a la fuente, hasta que se rompe“. Por algo los magos no repiten sus actos en la misma función. A saber, para no correr el riesgo de que les descubran el truco.

Poco a poco me fui dando cuenta de la técnica del Fifo en el asunto migratorio:

Consiste en impedir habitualmente la salida -usando miles de requisitos y condiciones absurdas, injustas y humillantes- para no quedarse sin los mejores esclavos. Pero cuando las cosas se ponen realmente malas, permitirla durante un corto período de tiempo para que se vayan los más inquietos. Aunque se ahoguen en el Estrecho de la Florida. Es más, sin el aunque. Para meter más miedo, claro.

La prohibición de emigrar tiene además -desde su punto de vista- un beneficio adicional: el que se acumulen grandes masas de gente deseosas de emigrar que sirven para amenazar a los gobiernos vecinos con una explosión demográfica. Cuenta un viejo chiste que los americanos tienen un arma secreta: la bomba de neutrones, pero el Fifo también tiene la suya: la bomba de negrones. Cualquier país al que le caigan de improviso un par de cientos de miles de inmigrantes -aunque todos sean doctores, ingenieros y abogados-, va a sufrir un traumatismo socioeconómico, de eso no hay dudas.

Pero el éxodo del Mariel, en el que el Fifo incluyó a cuanto mariguanero, ladrón y asesino pudo encontrar en las cárceles cubanas, fue la peor pesadilla de un presidente. El caso de gentes que habían pagado al patrón de un yate para que trajera a EU a su hermano, su padre o algún otro familiar y se encontró con que el desgobierno cubano había montado en su lugar en el bote a alguien totalmente desconocido y con trazas de presidiario, se dio a montones.

El escándalo fue mayúsculo. De hecho, dicen que la cosa le costó la reelección al pendejo de Jimmy Carter. Y que aleccionó a Clinton para que negociara con el Fifo la injusta ley “de los pies secos y los pies mojados” y lo de virar a los balseros del Maleconazo hacia la base naval de Guantánamo.

Pero me estoy adelantando a los hechos. Volvamos al momento de mi regreso de Canadá.

Malecón habanero

Malecón habanero

El Maleconazo

Les juro por lo más sagrado que mis primos los comejenes no me pasaron su pronóstico del tiempo. Pero aunque cuando regresé a México no tenía puta idea de cómo le iba a hacer para traer a mi familia, en lo más profundo de mi cerebro había una cierta lucecita de esperanza de que algo iba a pasar que me ayudaría a resolver el problema.

Y pasó.

El Maleconazo

El Maleconazo

El 5 de agosto de 1994 resultó una de esas fechas en que sucede lo impensable: a raíz de unos incidentes en los que el desgobierno cubano tomó presos a unos balseros, la gente se cansó de tener miedo y comenzó a armar las balsas con maderitas y llantas en el mismísimo Malecón habanero, a unos metros del agua y en las narices de la policía del Fifo. Por cientos o quizás por miles. Fue lo que terminó llamándose El Maleconazo.

El Maleconazo

El Maleconazo

Ya está bueno, si me van a meter preso, que me metan -parece que se dijeron todos a la vez.

Entonces el Fifo -que es un cobarde, pero no un pendejo- abrió el banderín, es decir, permitió que la gente construyera balsas y se lanzara al agua. Por supuesto, los tiburones del Golfo aplaudieron la medida.

Comencé a sentir miedo de que a mis hijos les diera por intentar irse en balsa. Porque dicen que las posibilidades de terminar la travesía con éxito no pasan del 25%.

Algo tenía que hacer.

Tiburón comiendose una foca

Tiburón blanco merendándose una foca

 El Pelón

Carlos Salinas de Gortari, presidente de México durante el sexenio de 1988 a 1994.

Carlos Salinas de Gortari, presidente de México durante el sexenio de 1988 a 1994.

Y aquí es cuando el destino deja sentir su influencia. Por ese entonces, Carlos Salinas de Gortari (el Pelón, como le decía la gente) era el presidente de México. Y aunque yo estoy consciente de que el gobierno del PRI era “la dictadura perfecta” -como lo llamó Vargas Llosa- y la madre de todas las trampas, tengo que admitir que Carlitos sería muy ladrón y asesino y que hizo trampa en las elecciones del 88 cuando “se cayó el sistema”, pero a mí me hizo un gran favor.

En cuanto me enteré que Salinas había emitido un decreto autorizando a los cubanos que hubieran vivido en México más de un año de manera legal a traer a su familia para evitar que se ahogara más gente, mi júbilo no tuvo límites. Fue como si el mismísimo Moisés hubiera abierto en dos las aguas del Canal de Yucatán.

Corrí para Gobernación. Allí me encontré con un enjambre de cubanos en las mismas condiciones que yo, y a un pobre funcionario del gobierno que trataba de que nos calláramos la boca para explicarnos algo. Ya se imaginarán lo que es tratar de controlar un grupo de cubanos excitados. Silencio! Silencio! -nos decía- Lo que ha sido publicado es el decreto, pero aún falta el reglamento! Silencio! En cuanto esté listo se lo haremos saber! Silencio! .

Es decir, que había que esperar más. Bueno, algo es algo -pensé. Y me regresé a casa.

En cuanto estuvo listo el mentado reglamento, volví por mi copia. Resultó que parecía que aquello había sido escrito pensando en mi caso: yo cumplía todos los requisitos de pe a pa. Sólo era cuestión de gestionar los papeles que me solicitaban. Los cuales incluían, por supuesto, una declaración jurada ante notario público la cual además de dinero, no se conseguía en un santiamén porque los notarios se toman su tiempo para firmar cualquier cosa.

Pero ahora, luego de haber luchado infructuosamente contra la burocracia mexicana durante años, todo se había convertido en una cuestión de tiempo y dinero, dos cosas de las que yo disponía. Maravillas de la diplomacia. En relativamente poco tiempo había conseguido todos los papeles y los había mandado para Cuba por mensajería, para que Josefina los presentara en la Embajada de México en Cuba, y tramitara allá las visas.

Craso error.

Jicotea tomando el sol, una de sus ocupaciones preferidas

Jicotea tomando el sol, una de sus ocupaciones preferidas

El pasito de la jicotea

No, no voy a referirme aquí a ningún paso de baile ni a ningún cha-cha-chá famoso. El asunto tiene que ver con la lentitud del funcionario mexicano que otorgaba las visas en La Habana. Me imagino que el tipo estaba más que solicitado. Por un lado, los infelices que querían que les pusiera el cuño en sus pasaportes para poder largarse del país. Y por otro, la Seguridad cubana tratando de convertirlo en agente encubierto o al menos tratando de dominar sus acciones para tener controladita esa vía de escape. Y aunque no puedo asegurar nada, me imagino que con un par de mulatas chinas bien entrenadas habían conseguido su objetivo. Porque el tipo aquel engavetó los papeles y no les daba curso.

Gitana Tropical, Víctor Manuel, 1929

Gitana Tropical, Víctor Manuel, 1929. Una especie de Gioconda del Caribe. Y el prototipo de la mulata china, diría yo.

El 1ro. de diciembre, fecha de la ceremonia de cambio de presidente comenzó a acercarse peligrosamente, y en México todo el mundo sabe que cuando llega el presidente nuevo lo que dijo el viejo se convierte automáticamente en papel mojado. Me empecé a preocupar.

Por suerte, con tantas idas y venidas a Gobernación y a Relaciones Exteriores, ya había comenzado a hacerme amigo de algunos funcionarios. Y entre ellos, estaba Lily Chávez. Ella fue la que me abrió los ojos.

Alfredo, tú hiciste mal las cosas -me dijo. 

¡Pero si yo hice todo tal cual me dijeron! -le contesté.

Es que tú tenías que haber presentado los papeles en México para que aquí te dieran las visas y entonces mandarlas para la embajada pero ya sin posibilidades de que en La Habana detuvieran la gestión con cualquier excusa… -me explicó.

¡Haberlo sabido, eso no me lo dijeron! ¿Y ahora qué hacemos? -le pregunté, sintiendo que la tierra se abría bajo mis pies.

Vuélvelos a presentar -me dijo.

¡Imposible, no hay tiempo, sólo quedan dos semanas para la ceremonia de cambio de presidente! -le contesté.

Vuélvelos a conseguir, y dámelos a mí -me indicó.

Y así fue como se resolvió el problema. Me puse los patines, volví a conseguir todos aquellos benditos papeles, se los di a Lily, y a los tres días me entregó las visas para Josefina y los muchachos.

Nunca podré agradecerle lo suficiente.

La otra mitad de la manzana

La otra mitad de la manzana

La otra mitad de la manzana

Ahora falta explicar cómo le hicieron Josefina y los muchachos para conseguir que el desgobierno cubano les diera el permiso de salida.

Ese problema constaba de tres partes: Josefina era licenciada en química y trabajaba en el laboratorio que controlaba a nivel nacional la calidad del cemento que producían las cementeras cubanas. Y entre las trabas que ponían para que los profesionales no se les escaparan, estaba que para obtener el permiso de salida, el ministro del ramo tenía que firmar lo que se dio en llamar “la liberación”. De esa forma lograban atemorizar a gran parte de los profesionales porque ningún funcionario ponía la mano en la candela por nadie. Es decir, en una sociedad como la cubana basada en el miedo y la delación, los ministros podían ser corruptos y ladrones sin que el Fifo los regañara, pero seguramente tendrían problemas si se pusieran a firmar “liberaciones” a diestra y siniestra. De manera que lo más probable era que si solicitabas permiso para irte del país, de momento te declararan “imprescindible” y no te firmaran nada, además de que de ahí en adelante dejabas de ser “idóneo” y te bajaban de categoría y muy posiblemente terminaras cortando caña como única posibilidad de trabajar. Por eso muy poca gente se arriesgaba a solicitar el permiso por las buenas.

Alfredito estaba estudiando la prepa y ya estaba en edad militar. El problema en su caso era que el ejército cubano no le daría la liberación para evitar la posibilidad de que terminara sirviendo en el U.S. Army. Otra excusa para joder.

Adrianita estaba estudiando química en una escuela técnica. Si terminaba sus estudios, le exigirían permanecer al menos 3 años en el trabajo donde la ubicaran, sin posibilidades de moverse ni de abandonar el país. Como por ser mujer el ejército no podía poner dificultades, la excusa era que tenía que pagar la carrera.

Únicamente viviendo la experiencia se logra tener una idea del entramado de “leyes”, “decretos” y “resoluciones” no escritas -para evitar dejar evidencia de los abusos si alguna vez se vira la tortilla- que trataban de darle un viso legal a lo que en realidad era una refinada forma de negarte tus derechos como ser humano.

Sólo a una mente retorcida de maldad se le puede ocurrir algo semejante. Como el perro del hortelano, ni comían ni dejaban comer.

Pero hay un refrán que reza: “El que inventa la ley, inventa la trampa”. Y en eso, los cubanos somos expertos. La necesidad nos ha hecho así.

Dicen que los criminales no sienten remordimiento por violar la ley. Pero cuando las leyes son injustas y  están hechas a modo para perpetuar una situación de humillación y abuso, el violarlas se convierte además, en un placer. Aunque no seas criminal.

Rompiendo la Ley

Rompiendo la Ley

Cómo burlamos las “leyes” del Fifo

Déjenme aclarar que desde antes de irme a México, Josefina y yo habíamos hablado sobre la posibilidad de quedarme. Y aunque no sabíamos si las cosas iban a poder ser como nosotros hubiéramos deseado, sí sabíamos las dificultades que se presentarían para que ellos pudieran salir si yo lograba mi propósito. Y elaboramos un plan.

El caso de Adriana fue el menos complicado. Sencillamente, abandonó la escuela antes de terminar el último año. Así no tendrían la excusa de obligarla a pagar sus estudios.

El de Alfredito fue un poco más arriesgado. Comenzó a ir al psicólogo diciendo que él se quería suicidar porque su padre los había abandonado. De esa forma, le iniciaron un expediente médico por desequilibrio mental y le recetaron antidepresivos. Los cuales, por cierto, compraba religiosamente para que hubiera constancia, aunque en vez de tomárselos se los regalaba a alguien que sí los necesitaba. El asunto era empezar a tener fama de medio loco. De esa forma, cuando el ejército valoró su caso, lo declararon “no apto” para el servicio militar por su problema nervioso. Perfecto. Para algo sirvió el entrenamiento en mentir a que nos somete el desgobierno cubano como método de supervivencia. El cazador resultó cazado, diría yo.

El más complicado fue el caso de Josefina. Y aunque no estoy al tanto de todos los detalles -y si lo estuviera no podría revelarlos para no delatar a alguien- el asunto tuvo que ver con ciertas amistades de ella en su ministerio. En resumen, que como dice el refrán, “No son todos los que están, ni están todos lo que son”. Ni siquiera en los ministerios, por suerte.

La tercera es la vencida

La tercera es la vencida

La tercera es la vencida

Resueltos ya los problemas de las visas y los permisos de salida, comenzó entonces un período de angustiosa espera. En dos ocasiones les dieron fecha de vuelo y en las dos ocasiones ocurrió algo que lo impidió. No por parte de mi familia, sino por la del desgobierno cubano. Era muy común que los competidísimos asientos en los aviones que salían al extranjero se asignaran de última hora a algún funcionario, diplomático, espía o guerrillero clandestino haciéndose pasar por civil. De nada valía que tú hubieras pagado el pasaje y tuvieras asiento confirmado. Cualquier pendejo tenía preferencia ante un gusano abandonando el país.

Finalmente, por tercera ocasión les dieron fecha de vuelo. Esta vez para el 31 de Diciembre de 1994.

(Continuará)

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Acerca de azayas48

Físico médico, programador de computadoras. Fan de Visual Basic y SQL. Cubano por nacimiento, mexicano por naturalización y por corazón.
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2 respuestas a México lindo y querido (XI)

  1. Pingback: México lindo y querido (X) | Las cosas que me gustaría saber

  2. quimbombo dijo:

    Felicidades!!! es lo unico que se me ocurre decir al leer otra historia de fugas y escapes de la isla que malgobierna ese maldito.

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