México lindo y querido (V)

Logo de PCC (Partido Comunista de Cuba)

Logo del PCC (Partido Comunista de Cuba)

El “llamamiento” al IV Congreso del PCC

Unos meses antes de mi viaje a México había ocurrido en EICISOFT un evento desagradable relacionado con el “llamamiento” al IV Congreso del PCC, que nos había dejado a todos un mal sabor de boca.

Déjenme explicarles que según la propaganda comunista la vida es por un lado una sucesión interminable de escándalos y agresiones provenientes del extranjero, para enfrentar y vencer las cuales hay que estar unidos -por eso cualquier disidencia de la opinión oficial es considerada traición- y por otro, una sucesión interminable de planes y victorias internas que hay que celebrar o conmemorar. No hay derrotas ni culpas propias, y si las hubiere, las barren disimuladamente debajo de la alfombra, es decir, no hablan jamás de ellas. Por eso todas las promociones escolares son muy cercanas al 100%, las votaciones son por unanimidad, los planes productivos o bien se sobrepasan o si no se logran la culpa del incumplimiento la tiene el “enemigo”, muchos de los acusados públicamente de un delito político confiesan ser culpables e incluso piden su propio castigo, etc. Los comunistas se inventan una realidad falsa, e insisten en ella con la esperanza de que el resto de la gente se la crea, al más puro estilo Goebbeliano.

Y dentro de esta parafernalia está el rito de los Congresos del PCC (Partido Comunista de Cuba, que por cierto es el único legal), los cuales comienzan generalmente con un “llamamiento”. Esta palabreja que forma parte de la neolengua que utilizan, quiere dar la impresión de ser un primer aviso para que la gente vaya pensando en los temas que quisiera que se discutieran en el futuro congreso. ¡Como si todo no estuviera ya pensado y “aprobado por unanimidad” con mucha antelación al evento!.

En este “llamamiento” se pedía que todos redactáramos nuestras críticas sinceras al gobierno para ser discutidas abiertamente en las sesiones de la reunión. Aclaraban que no tuviéramos miedo en enjuiciar lo que fuera, que ellos se iban a aguantar como hombrecitos. Y aunque muchos de nosotros ya estábamos escaldados y huíamos del agua caliente, siempre hubo quien creyó ingenuamente en que “ahora sí” hablaban en serio.

El mecanismo consistía en que los interesados escribieran sus opiniones y las entregaran al Secretario General del núcleo de PCC de su centro de trabajo. Éste las entregaría en el Comité Municipal y de allí irían subiendo por todos los niveles hasta llegar “a la nacional”, en donde serían estudiadas e integradas para su análisis y discusión en el próximo congreso.

Varias semanas después, mientras estábamos en EICISOFT, recibimos aviso de que dejáramos cualquier cosa que estuviéramos haciendo y nos reuniéramos con urgencia en la sala de juntas. Nada más llegar al salón, nos dimos cuenta por las caras largas de los que iban a presidir la reunión de que algo malo iba a pasar.

No fue, pero éste muy bien podría haber sido el Logo oficial del Grupo de Apoyo del Coma-Andante.

No fue, pero éste muy bien podría haber sido el Logo oficial del “Grupo de Apoyo” del Coma-Andante.

El Grupo de Apoyo

Antes de continuar, creo que debo presentar al personaje de Carlos Lage y hablarles del Grupo de Apoyo.

El Fifo, en su enfermizo afán de controlarlo todo de manera personal, había implementado su régimen sobre tres organizaciones: el Gobierno, el PCC y el Grupo de Apoyo. Las dos primeras casi replicaban sus funciones a nivel local, municipal, provincial y nacional, con lo cual se duplicaba el burocratismo y se reducía la eficiencia a un mínimo, pero eso nunca fue algo que preocupara mucho al Coma-Andante. Supuestamente el Gobierno tenía funciones de simple administrador, mientras que el PCC era el encargado de dirigir y controlar que la administración funcionara bien. Al menos en el papel, estas organizaciones respondían a la Constitución de la República o a los Estatutos del Partido, de manera que tenían predefinidas sus funciones y sus límites. La realidad era que rivalizaban y se pasaban la vida peleándose entre sí por una cuota de poder, lo cual en definitiva reducía la efectividad de ambas. Por el contrario, el Grupo de Apoyo era el feudo exclusivo del Fifo y aunque nada estaba escrito y quizás por eso mismo, su poder sobrepasaba con creces el de los otros dos organismos. Aunque su presencia no era tan global como la del Gobierno o el PCC, se entrometía prácticamente en donde le diera su gana. De manera que en definitiva el que mandaba desde lo oscurito, era el Coma-Andante.

El Grupo de Apoyo se nutría de jóvenes que de alguna forma entraban en contacto con el Fifo y se convertían en sus ayudantes, de ahí su nombre. La única verdadera condición para ingresar al mismo era una lealtad ciega y una fe a prueba de bombas hacia el Máximo Líder. Cosa que por cierto, convertía a sus miembros en enemigos naturales de Raúl, el hermanito segundón, que los veía como una especie de futuros usurpadores del trono que él ambicionaba en silencio desde las sombras. Vaya, la versión caribeña del interminable pleito entre Borbones y Habsburgos.

Carlos Lage había entrado en el Cepero Bonilla cuando yo ya estaba en el tercer año de manera que nos conocíamos, pero no éramos precisamente lo que se llama amigos. Sin embargo, tenía noticias de que era extremadamente inteligente y sobre todo organizado. Pronto escaló por toda una serie de posiciones de dirigencia, hasta que llegó a ser el Secretario General de la Unión de Jóvenes Comunistas. Me imagino que de esa forma conoció al Fifo. Estudió medicina pero decían que el Coma-Andante lo había enviado a Harvard para hacer un postgrado relacionado con Economía. De una forma u otra, cuando yo estaba en EICISOFT él ya pertenecía al Grupo de Apoyo y era el que nos “atendía”. Es decir, como EICISOFT ya había entrado en la lista de las locuras del Coma-Andante, Lage era el halcón que lo mantenía informado de cómo iban las cosas en la empresa.

Halcón

Halcón

Por un lado eso nos convenía porque teníamos en su persona a una “palanca” en las altas esferas de gobierno que servía para que nosotros disfrutáramos de una ración inusual de proteínas y carbohidratos en el comedor de la empresa (calamares y helado, por ejemplo) o de revistas de computación actualizadas o para que los permisos de viaje al extranjero se tramitaran de manera expedita. Pero también tenía su parte mala porque no estábamos protegidos por la anonimidad de las manadas, sino que cualquier problema que surgiera en la empresa iba a ser mucho más notorio a los ojos del Máximo Líder.

Y eso fue precisamente lo que pasó.

La asamblea

En cuanto estuvimos todos en la sala de juntas, se cerró la puerta y comenzó la reunión. Lage tomó la palabra. Se veía molesto, sudaba a mares y los papeles que estaba sujetando delataban el temblor de sus manos. Para una persona que normalmente era más bien tranquilo y analítico, aquello no auguraba nada bueno. Aún antes de que explicara los motivos de su disgusto, comencé a sentir un cierto dolorcito de estómago. El miedo es del carajo, ya lo he dicho en otros artículos de este blog.

Comenzó hablando sobre lo buena que había sido la Revolución con nosotros, y de las esperanzas que había depositado en el éxito de nuestro trabajo como fuente de ingresos en moneda convertible para nuestro país. Dijo que nosotros habíamos sido escogidos para trabajar en EICISOFT precisamente por pertenecer a la flor y nata de la juventud formada por ella. Pero que precisamente por eso, le debíamos agradecimiento y obediencia, bla, bla, bla…

Luego de otros lugares comunes parecidos, poco a poco comenzó a revelarnos la verdadera razón de tanto teque. Resultó que entre los papeles que habían entregado con las críticas, había varios que habían planteado cosas sencillamente inadmisibles… ¿Y no que se iban a aguantar como hombrecitos? -pensé enseguida- pero me quedé callado.

Roberto Hourrutinier

Roberto Hourrutinier

Cabilla

Roberto Hourrutinier era uno de nuestros compañeros de trabajo. Un revolucionario convencido. Cabilla -así le decíamos- no era de los hipócritas que buscan beneficios personales escondiendo sus verdaderas opiniones, sino de los revolucionarios de verdad, de los que dicen lo que piensan. Según él mismo contaba, había pertenecido durante un tiempo a la escolta personal del Fifo. Pero no había podido aguantar la tremenda tensión que ese trabajo demandaba y como decimos en Cuba, “se tostó”, es decir, tuvo una crisis nerviosa que lo obligó a dejar esa ocupación tan desgastante. Él era mi amigo y aunque naturalmente no podía sincerarme completamente ante él, lo apreciaba e incluso admiraba su apego desinteresado a los ideales de la izquierda.

Pues bien, a Cabilla le dio por echarle las culpas de no se qué al “Gallego Fernández”, el Ministro de Educación, un personaje medio aventurero, de esos españoles que llegaron a Cuba huyendo de las garras de Franco y que hizo carrera como revolucionario profesional.

Ninguno de nosotros nos hubiéramos atrevido a, por escrito, culpar de nada al verdadero culpable de todo, es decir, al Coma-Andante. Todos sabíamos que eso equivalía a maldecir a Cristo en los tiempos de la Inquisición. Pero aún esas pequeñas críticas a personajes secundarios eran interpretadas como ataques frontales a la sacrosanta Revolución.

Gilberto Viciedo, autorretrato realizado con pequeñas imágenes de distintos valores lumínicos, una de sus sorprendentes habilidades.

Gilberto Viciedo, autorretrato realizado con pequeñas imágenes aleatorias de diferentes valores lumínicos, una de sus sorprendentes habilidades.

El Vicie

Otra de las críticas provenía de Gilberto Viciedo, “el Vicie”, como le decíamos con cariño. Viciedo era un tipo excepcional, con una clara inteligencia y una calidad moral a prueba de bombas. Era Lic. en Química pero desde hacía un tiempo se había convertido en nuestro bibliotecario, el encargado de lidiar con la tremenda tarea de escoger y ordenar la inmensa marea de información que se generaba a diario en el mundo sobre los múltiples temas que le interesaban a los profesionales de EICISOFT, relativos a la robótica y otras líneas de trabajo: electrónica, técnicas de control numérico, herramientas para desarrollo de software, aplicaciones en medicina, máquinas-herramienta de precisión, etc.

Era uno de mis mejores amigos, yo lo quería y admiraba sin reservas. Tenía una cultura enciclopédica y una visión humorística del mundo que hacía que conversar con él sobre cualquier tema fuera un verdadero placer. Por lo general sus opiniones estaban desprovistas del fanatismo absolutista que caracteriza al cubano común sino que eran el resultado de un análisis equilibrado de las opciones existentes, algo que muchos llaman sabiduría.

No recuerdo exactamente cual fue la naturaleza de su crítica, pero sí estoy seguro que sólo a una psiquis paranoide como la del Fifo y sus acólitos aquello pudiera resultar ofensivo o peligroso.

El Fifo y Carlos Lage. Por la mirada, algo malo están tramando, verdad? Parecería que el Fifo le está diciendo a Lage: vigílalo, vigílalo bien!

El Fifo y Carlos Lage. Por la mirada, algo malo estaban tramando, verdad? Parece como si el Fifo le estuviera diciendo a Lage: ojo, mucho ojo, vigílalo bien!

 El Dr. Menguele

Recuerdo la escena como si hubiera ocurrido ayer. Incluso puedo citar textualmente sus palabras. Una vez que hubo leído con voz trémula de indignación los escritos de Cabilla, del Vicie y de Abel (otro compañero nuestro que también había redactado una levísima crítica sobre algo inofensivo), Carlos Lage tiró con fuerza las tres cartas sobre la mesa mientras nos gritaba: “¡Y si así es como piensan aquí, entonces este colectivo se ha perdido para la Revolución!”.

Silencio sepulcral.

Sólo los que han vivido en Cuba pueden comprender a fondo el significado de que alguien con poder absoluto sobre tu vida y hacienda, pronuncie esas palabras.

Cuando logré recuperarme un poco de la oleada de pánico, mi primer pensamiento fue: ¡Adiós calamares, adiós helado, adiós trabajo, esto se jodió!

Al mirar hacia el Vicie, Abel y Cabilla, vi que las lágrimas corrían por su mejillas, no sé si de miedo o de indignación por verse humillados en público. O quizás por ambas cosas.

Mientras ellos balbucían incoherencias que pretendían ser palabras de réplica, en mi mente bullían varias ideas al mismo tiempo. En primer lugar, yo sabía por lo que estaban pasando mis tres compañeros. Cuando muchos años atrás me botaron de la universidad, sentí también una mezcla de rabia, impotencia y miedo. Rabia por la tremenda injusticia que estaban cometiendo conmigo gentes sin ninguna calidad moral. Impotencia, por no poder responderles como se merecían para no empeorar aún más las cosas, porque en Cuba el Poder Judicial le hace los mandados al Coma-Andante de manera que no hay una instancia en donde reclamar. Y miedo al futuro, porque sabía que no me dejarían ni emigrar, ni continuar mis estudios, ni siquiera trabajar de barrendero. Aquello era equivalente a quitarte tu derechos ciudadanos. Exactamente como hicieron los nazis con los judíos.

Pero en este caso había más. No es lo mismo llegar a la escena de un crimen cuando este ya se ha cometido, que VER cometer el crimen ante tus ojos. Lo segundo es mucho más humillante para la víctima y terrible para el espectador. Yo sabía que el desgobierno cubano era una dictadura despreciable y asesina, pero en este caso el abuso había sido cometido delante de todos, sin el menor recato. Era como si me hubieran invitado sin saberlo, a asistir de testigo a una sesión de tortura de un inocente. Para colmo, el verdugo era alguien con quien yo había convivido un año entero en la prepa y del cual tenía la opinión de ser un tipo inteligente y organizado, no un guajirote ignorante, arrastrado y manipulable como otros muchos de los que rodeaban al Fifo. Pero ahora veía que me había equivocado. Carlos Lage era tan abusador y tan despreciable como el que más. Aún admitiendo que estuviera fingiendo una miserable abyección para salvar su pellejo, la inteligencia no le había servido para evitar llegar a esa posición tan arriesgada. Seguramente, su ambición era mayor.

Por eso no sentí ninguna lástima cuando “le partieron las patas”, como se dice en Cuba cuando a algún funcionario lo defenestran. Porque después de muchos años como dirigente de primer nivel -incluso llegó a ocupar el tercer lugar en la jerarquía de poder- el Fifo terminó devorándoselo como Saturno a sus hijos. Claro, a instancias de la China (como le dicen a Raúl) que se la tenía jurada y seguramente fue el que le preparó la cama. Creo que estuvo un tiempo en el “Plan Piyama” que en el slang cubano significa que te mandan para tu casa sin trabajo mientras deciden si te fusilan, te meten preso o te dan un trabajito sin importancia. Y ahora está administrando cualquier nosequé, pero en casa del carajo. Y mientras Raúl esté ahí, nunca levantará cabeza. Bien dicen que “El que a hierro mata, a hierro muere”. Ahora, que se aguante.

Si acaso lo sentí fue por Agustín, su hermano mayor, también médico pero dedicado a la investigación, muy inteligente y trabajador, con el que también conviví un año en la prepa y que luego fue subdirector de investigaciones en el INOR durante el tiempo que yo trabajé allí. No puedo decir que Agustín fuera un gran amigo, pero sí un amigo. Nos separaba la ideología, pero digamos que nuestras diferencias no eran irreconciliables. Incluso publicamos juntos un pequeño articulito en una revista médica checa de entonces (Neoplasma, 28, 1, 1981) en donde él me puso como primer autor. Pero eso es de otro cuento.

El título de este epígrafe proviene de que Viciedo, a raíz de los hechos relatados y haciendo gala de su humor a toda prueba, comenzó a referirse a Carlos Lage como el “Dr. Menguele“, el famoso criminal nazi que realizaba con la mayor crueldad supuestos experimentos utilizando prisioneros judíos como si fueran cobayos, los cuales casi siempre le costaban la vida o dolores insoportables.

La Gioconda reproducida con la misma técnica de la imagen anterior.

La sonrisa de la Gioconda reproducida por Gilberto Viciedo con la misma técnica del autorretrato mostrado anteriormente.

Hice aquí el cuento del Dr. Menguele para ilustrar la sordidez y el ambiente malsano de las esferas de poder en donde Mandy se desenvolvía y con ello resaltar el peligro adicional que acciones como el cuento “El Castor y los Salmones” (ver artículo anterior) podrían acarrearle si se descubría su autoría.

Pero prosigamos con la historia principal de este relato.

Sandalias voladoras de Hermes, el dios griego mensajero

Sandalias voladoras de Hermes, el dios griego mensajero. Exactamente las que le hacían falta a Mandy.

El plan de escape

Una vez que Mandy había decidido desertar para evitar caer preso, tenía que pensar en un motivo plausible que implicara un viaje al extranjero. Su credibilidad política ante los funcionarios que debían aprobar sus viajes había sufrido bastante a consecuencia de las deserciones de Marco y Julián, y de algunos otros eventos como el que acabo de relatar. Comenzó así un intercambio de mensajes en clave entre él y Brunet, que permanecía en México como jefe del grupo de cubanos que trabajábamos aquí.

Según él mismo cuenta en su libro “Los robots de Fidel Castro” fue Alejandro, el hijo menor de Don Oscar, un verdadero amor de tipo por noble e inteligente, el que propuso la solución: había que tentar a los funcionarios cubanos que aprobarían o no el viaje, con un nuevo gran negocio que les prometiera pingües ganancias. La fábrica de microscopios estaba precisamente intentando hacer un buen negocio en Brasil. De manera que en el siguiente viaje a La Habana de Oscarito -el primogénito de Don Oscar e iniciador de la relación de negocios con EICISOFT- le propuso al Viceministro Arañaburo (¡vaya nombrecito!) que Mandy participara en el mismo. Lo del negocio era cierto pero lo de la participación de Mandy en el mismo, era la trampa.

Y cayeron en ella. Parece que el hecho de que Mabel, la esposa, se quedara en Cuba -siempre utilizaban la familia como rehén- fue suficiente para convencerlos de que valía la pena arriesgarse.

De manera que a finales de 1992 y luego de un periplo por Brasil, Mandy hizo su entrada triunfal al DF. Supuestamente, venía para aprovechar la salida al extranjero y revisar el estado de los negocios con México.

Hasta poco antes, yo era totalmente ignorante de todo. Mi única preocupación había sido ver cómo podía escapar yo, sin saber lo que se estaba tramando en mis narices. Sin embargo ya habían transcurrido varios meses desde mi llegada y Brunet y yo habíamos comenzado a intimar.

Robertiño

De Roberto Martínez Brunet puedo decir sin ambages que pocas veces yo he conocido a alguien tan hábil, inteligente e íntegro. Rápido en sus respuestas, disciplinado y profesional en su trabajo, tenía indiscutiblemente el don de mando del líder natural. Pero además, era un atleta responsable que se ocupaba de cultivar su cuerpo con la misma seriedad y dedicación que su mente, algo verdaderamente raro en nuestro medio. En cuanto a su cultura general, baste decir que hablaba con fluidez el ruso, el inglés y por supuesto, el español.

El trabajo y la soledad hermanan, y durante los más o menos 6 meses que viví en México antes de que llegara Mandy, tuvimos el tiempo suficiente para conocernos bastante bien, cosa que no se había producido mientras los dos estábamos en Cuba. Resultó que pensábamos igual sobre muchas cosas, incluyendo la naturaleza criminal del desgobierno cubano.

Por aquellos años vimos el filme “Doña Flor y sus dos maridos”, basada en la famosa y divertida novela del queridísimo poeta y escritor bahiano, Jorge Amado. Y a raíz de ciertas aventurillas intrascendentes que lógicamente tuvimos porque éramos hombres jóvenes y prácticamente solteros, él comenzó a llamarme a mí Alfrediño y yo a él Robertiño, en referencia a Bandiño, el héroe de la novela, un verdadero gamberro mujeriego y jugador pero muy simpático y exitoso con las mujeres, que aunque muere desde el principio de la trama, continúa influyendo en la historia hasta el final. Era nuestra forma de divertirnos un poco para tratar de no pensar tanto en las intrigas políticas y los problemas familiares.

Invasión a Normandía

Invasión a Normandía

La Invasión a Normandía

Yo empecé a sospechar que algo raro estaba pasando con Mandy por una serie de indicios, pero no supe de qué se trataba hasta que Brunet me lo dijo por lo claro: nuestro jefe había venido a quedarse.

Mi primera reacción al saber la noticia, fue de asombro. ¡Así que Mandy quería lo mismo que yo! Y el corazón me latió con fuerza cuando comencé a darme cuenta del corolario de tal acción: si habían confiado en mí, de cierta forma me estaban preguntando si yo quería hacer otro tanto. ¡Por fin había aparecido la oportunidad ansiada durante tanto tiempo!

Y entonces ocurrió algo extraño. En vez de sentir miedo como la vez que estuve en Gander, comencé a sentir euforia. Me acordé de una historia que una vez leí sobre un soldado que participó en la invasión a Normandía. Contaba que luego de sentir temor durante la preparación, en el momento del desembarco la adrenalina lo hizo cambiar y comenzó a sentir un arrojo extraordinario.

El tiempo relativista se aceleró aún más. Mi día D estaba llegando.

(Continuará)

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Acerca de azayas48

Físico médico, programador de computadoras. Fan de Visual Basic y SQL. Cubano por nacimiento, mexicano por naturalización y por corazón.
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5 respuestas a México lindo y querido (V)

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  2. David Viciedo dijo:

    Casualmente me tropecé con esta página. Conocía algo de esta historia, que en un pedazo forma parte también de mi historia y la viví desde otra dimensión. Mi papa era un gran tipo, yo me siento muy orgulloso de el.

  3. Elena Guede dijo:

    Sí, David, tu padre era un tremendo ser en todos los aspectos. Me alegran mucho tus palabras. Estará siempre con nosotros.

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