México lindo y querido (III)

Vista parcial del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) Benito Juárez

Vista parcial de la Terminal #1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) Benito Juárez

La llegada

No todas las cosas tienen explicación en este mundo. No bien hube puesto los pies en tierra mexicana, sentí que estaba llegando a casa. No conocía a nadie y no tenía idea de lo que me deparaba el destino en este lugar, pero por alguna misteriosa razón lo sentía familiar. Me imagino que era la emoción de llegar a un país que había formado parte de mis ilusiones desde pequeño. Es verdad que ya había viajado al extranjero en otras ocasiones (3 veces a Guyana, y una vez a  Bulgaria). Esos lugares  me habían gustado mucho y la había pasado bien, pero en ninguno de ellos experimenté una sensación de libertad como cuando llegué a México.

Alejandro, el hermano menor de Oscarito, fue el encargado de recibirnos. Enseguida noté su amabilidad e inteligencia, y me felicité por haber caído entre gente tan amistosa. -Buen comienzo- me dije.

Circuíto Interior en hora pico

Circuíto Interior en hora pico

Una de las cosas que me llamó inicialmente la atención fue la cantidad de coches en la avenida cercana al aeropuerto. Acostumbrado como estaba en Cuba a que los coches -muchos de ellos cacharros medio desvencijados- se contaran con los dedos de una mano, el ver aquella fila interminable era en sí mismo un signo de riqueza. Luego supe que la avenida se llamaba Circuíto Interior y era uno de los dos anillos que rodean la ciudad.

Alejandro nos llevó a Iztapalapa a conocer a su papá, el industrial dueño de la fábrica de microscopios, conocido como “el Ingeniero”. Cuando estreché su mano, también sentí una corriente de simpatía. Era casi como saludar a un padre.

Jabones

Jabones

El increíble poder de convencimiento de una lomita de papas o de un estante de jabones

A las pocas horas de llegar nos llevaron a un super para que compráramos algo de comida porque otro compañero y yo íbamos a vivir solos en uno de los apartamentos del Ingeniero y debíamos prepararnos nuestro desayuno y nuestra cena. En la lista de compras, naturalmente, figuraba la palabra “jabones”. Recuerdo claramente la emoción que sentí cuando me paré frente al largo estante de los susodichos: aunque yo había vivido en el capitalismo hasta que cumplí 10 años -antes de que el Coma-Andante tomara el poder y comenzara a destruir el país-, hacía mucho que no tenía el placer de ponerme a escoger entre decenas de marcas y fragancias.

Mi mente trabajaba rápido. ¿Cómo es posible que aquí haya un verdadero mar de jabones esperándome, y en Cuba hay que pagar 50 pesos -una cuarta parte del salario promedio de un profesional- para comprar en bolsa negra una sola pastilla de un jabón de calidad inferior, sin envoltura y casi sin perfume? -me preguntaba-. Sin aspavientos, sin emulaciones, sin planes quinquenales… Una verdadera lección práctica de la eficacia de las leyes del mercado.

Mercado popular mexicano

Mercado popular mexicano. Las “lomitas” de papas, mangos, peras, manzanas, duraznos, kiwis, mameyes, ciruelas, plátanos, naranjas, papayas, etc, seguramente son contrarrevolucionarias…

Algo similar me sucedió cuando fuimos al lugar de las frutas y los vegetales. Aquellas lomitas tan parejitas y limpias me gritaban a voz en cuello que el socialismo era una mierda, la peor de las desgracias que pueden sucederle a un país.

Enseguida recordé una escena común en Cuba, cuando Josefina y yo llegábamos a la casa casi de noche cansados del trabajo para enterarnos que durante el día “habían venido las papas” y como nosotros no estábamos para hacer la cola en ese momento y siempre llegaban menos de las necesarias para satisfacer la cuota de los vecinos empadronados en nuestro puesto de viandas y además no todas venían en buen estado, teníamos que conformarnos con meter las manos en una loma de papas podridas -las que habían quedado- a ver si podíamos toparnos con alguna que aún permaneciera comestible escondida por azar debajo de las descompuestas. Alguno de Uds. ha olido una papa podrida? O la ha tocado? Son babosas, pegajosas, y huelen a rayos. Se deshacen en las manos y te dejan un olor horrible que no se te quita en días. Pero o lo hacíamos, o no teníamos posibilidades de comer puré de papa.

Papas podridas

Papas podridas

Podrán decirme que en las sociedades capitalistas también hay quien tiene que registrar entre la basura para comer, y es cierto. Pero por lo menos no son los médicos ni los ingenieros los que tienen que hacerlo.

No pude dejar de pensar que cualquiera de aquellas lomitas albergaba un poder de convencimiento a favor del capitalismo, muchísimo mayor que el de 20 discursos anti-imperialistas del Coma-Andante de 7 horas de duración cada uno y radiados en cadena nacional, pero con la barriga vacía.

¡Pobre Fifo! -pensé-, esas “lomitas enemigas”, tan obstinadamente contrarrevolucionarias, ponen en ridículo todo el cuento de las ventajas de la economía planificada del socialismo…

Pajarito escapando de su jaula

Pajarito escapando de su jaula

El Sanborns de los Azulejos y la libertad

El vivir en libertad, se aprende. O se olvida, depende de cómo lo mires. Los que hayan tenido pajaritos enjaulados y por error hayan dejado la puerta abierta, probablemente habrán tenido la experiencia de ver que o bien los pájaros no escapan, o si escapan, luego de algún tiempo regresan a revolotear por fuera de la jaula demostrando que quieren entrar de nuevo. Es que ya estaban acostumbrados a comer el alpiste sin tener que luchar por buscárselo. En definitiva, que la libertad los asusta.

En el primer fin de semana decidí ir al Zócalo a conocer la Catedral, el Palacio de Gobierno y las ruinas de Tenochtitlán. Y tuve una experiencia similar a la de los pajaritos.

Comencé caminando por la Alameda, un parque cuya historia se pierde en los comienzos de la ciudad. Me explicaron que allí, a un costadito, era donde la Inquisición quemaba a los herejes. No pude evitar un escalofrío de miedo y desaprobación a una institución milenaria que pretende darnos lecciones de moral pero que no tuvo remordimientos en torturar y quemar vivos a seres humanos por el mero hecho de disentir.

En la acera de enfrente, hacia el sur, a todo lo largo de la avenida Juárez, podían verse algunos “huecos” entre la hilera de edificios. Me explicaron que correspondían a los que habían sido destruidos por el sismo de 1985. Incluso algunos todavía no habían sido demolidos y a través de las paredes semiderruídas se veían los hierros retorcidos y se podía constatar el nivel de destrucción de los inmuebles. Me imaginé con pena el horror que deben de haber sentido los habitantes de aquellos edificios al ver que el techo se les venía encima.

Hemiciclo a Benito Juárez

Hemiciclo a Benito Juárez

Antes de llegar al Eje Central, caminando siempre en dirección al Zócalo, visité el Hemiciclo a Benito Juárez, y un poco más allá, el Palacio de Bellas Artes y el edificio del Palacio Postal o Correos de México.

Palacio de Bellas Artes, Mexico DF

Palacio de Bellas Artes, Mexico DF

Al enterarme que ambos edificios habían sido construidos por el dictador Porfirio Díaz, junto con El Angel, otro símbolo de México, pensé “Caray, Porfirio habrá sido muy dictador, pero al menos dejó algo que admirar”. Lo opuesto al Fifo, que está dejando La Habana en ruinas.

Torre Latinoamericana

Torre Latinoamericana

Una vez que había cruzado el Eje Central, y mientas me encontraba admirando el edificio estilo art déco del Banco de México y altura de la Torre Latinoamericana -que cuando fue construida en 1956 era el edificio más alto de América Latina-, vi a cierta distancia un edificio que me llamó la atención. Pregunté, y me dijeron que le decían “El Sanborns de los Azulejos“.

Exterior del Sanborns de los Azulejos

Exterior del Sanborns de los Azulejos

Déjenme explicar que “Sanborns” es el nombre de una cadena de tiendas-restaurantes que aunque tiene cocina internacional, trata de dar una imagen tradicional mexicana en el estilo de sus platillos y decoraciones. Pero eso yo no lo sabía. A mí me llamó la atención porque el exterior del edificio estaba recubierto de azulejos con figuras de color azul y blanco. En realidad ese edificio fue la casa de un noble del tiempo colonial, el Conde de Orizaba. Sanborns lo que hizo fue aprovechar la casa para poner su negocio, luego de la Independencia. Pero la cerámica de talavera poblana -que es el nombre correcto de esa artesanía- llama poderosamente la atención de todos.

Interior del Sanborns de los Azulejos

Interior del Sanborns de los Azulejos

La curiosidad hizo que me acercara a la entrada y traspasara el umbral. Y entonces, cuando me vi dentro, mirando exactamente la vista de la foto que aparece arriba de este párrafo, me sorprendí a mi mismo con una sensación no de gusto sino de… miedo!

Efectivamente, en un segundo me autoanalicé y resulta que estaba sintiendo un miedo instintivo a que alguien me dijera: “Pssst!, Qué hace Ud. ahí?, Tiene permiso?, No? Pues salga inmediatamente!“. Que hubiera sido lo natural si yo estuviera en Cuba y tratara de entrar a algún lugar reservado para turistas. Vergonzoso!

Tuve que hacer un esfuerzo consciente para quitarme esa idea de la cabeza, y sustituírla por un razonamiento similar a: “Aquí no tienes que tener permiso para entrar a un restaurante por bonito y elegante que sea, basta con tener dinero en el bolsillo“. Y como en esa ocasión yo lo tenía, pues prácticamente me obligué a seguir adelante, sentarme en una mesa y pedir un helado de vainilla. Así, como si me estuviera tomando una medicina. Bueno, en el fondo eso era lo que estaba haciendo, tomándome una medicina práctica que ayudara a quitarme el miedo a la libertad. Terapia ocupacional, diría un psicólogo.

Coco de agua

Coco de agua

Por dónde le saldrá el agua al coco?…

Otro de mis encontronazos con la libertad, sucedió cuando fui a un VIPs (otra cadena de restaurantes, más agringada que los Sanborns) a tomarme un café con una amiga. En Cuba hay una frase que se utiliza cuando alguien siente curiosidad o desea descubrir cómo funciona o está construido algo. Se dice algo similar a “Por dónde le entrará el agua al coco?” Es decir, “cómo funcionará esta cosa?”. En mi caso el interrogante no era por dónde le entraba, sino por dónde le salía.

Tetrapack conteniendo leche

Tetrapack conteniendo leche

El hecho es que junto con el café me sirvieron una cosa como un triangulito pequeño de cartón parafinado o más bien plastificado, el mismo material de lo que están hechos los tetrapacks. Yo sospechaba que adentro venía algo para echarle al café, pero no estaba seguro de qué era y mucho menos de cómo se abría aquello. Para colmo me daba pena preguntarle a mi compañera, que en definitiva hubiera sido lo más sensato.

Comencé haciéndome el tonto y mientras conversaba, intenté disimuladamente romper aquello por una esquina. Nada. No se dejaba. Entonces utilicé las uñas, y traté de rasgarlo con toda mi fuerza. Tampoco. Lo observé con detenimiento, para ver si encontraba alguna fisura o indicación de cómo se abría. Nada. Aquello era el Misterio de la Esfinge hecho tetrapack. Ya desesperado, no me quedó más remedio que preguntarle a la dama cómo diablos se abría aquello.

Me miró con cara de “De cuál cueva habrá salido este salvaje?” y me indicó que le quitara el papelito. Entonces fue cuando noté que en una de las caras del triángulo había un cuadradito de papel, tan bien pegado que parecía parte de la decoración del cartón. En cuanto logré quitarlo, apareció un agujerito redondo y por allí comenzó a salir… crema. Oh, maravillas del capitalismo!

No recordaba haber sentido más vergüenza en mucho tiempo.

Pedazos de "queso amarillo"

Pedazos de “queso amarillo”

El queso Lagos de Moreno

Por supuesto que nosotros queríamos aprender lo más pronto posible a vivir en este Nuevo Mundo sin parecer trogloditas, o sea, a comportarnos como seres cosmopolitas y acostumbrados a todas las comodidades de la vida moderna.

La primera vez que fuimos solos mi compañero de apartamento y yo al super, cuando llegamos a la isla de los quesos nuestras glándulas salivales comenzaron a trabajar intensamente al ver tantos manjares al alcance de la mano. Tardamos unos minutos en decidirnos, pero por fin escogimos un tipo de “queso amarillo”. Se lo señalamos con la mano a la señorita como si fuéramos mudos, porque no sabíamos cómo se llamaba. Déjenme explicarles que en Cuba desde hacía muchísimos años el concepto de “marca” había desaparecido. Allí, si tenías la suerte de empatarte con una pedazo de queso, lo llamabas por su color o su textura: queso blanco, queso amarillo, queso crema.

Cuando llegamos de regreso al apartamento y probamos aquel queso, nos supo a gloria. Mucho cuidado tuvimos entonces en aprendernos el nombre del susodicho, para que la siguiente vez ya pudiéramos pedirlo por su nombre propio y no parecer mudos o retrasados mentales. El nombre era Lagos de Moreno, lo recuerdo perfectamente.

La siguiente semana, cuando fuimos de nuevo al super, ya nos comportábamos como expertos en la materia. Vaya, como si hubiéramos vivido los últimos 25 años en Suiza y los productos lácteos no tuvieran secretos para nosotros. Llegamos de nuevo a la isla de los quesos y con voz de conocedor profundo le pedimos a la dependienta: “Nos da medio kilo de queso Lagos de Moreno, por favor“. Y nos quedamos esperando con cara de “¡Mírenme qué bien lo hago!“.

Pero parece que a Diosito no le gustan los tipos presumidos. Ya bien dicen que en este mundo más rápido se descubre un mentiroso, que un cojo.

Quesos

Quesos

La señorita nos preguntó con amabilidad pero con un cierto dejo de burla mientras extendía su brazo para señalarnos los distintos nombres: “¿De cuál tipo de queso Lagos de Moreno: panela, oaxaca, gouda, manchego, emmental, gruyere, brie, roquefort, cottage, camembert, de cabra…?“. Y por supuesto de nuevo nos quedamos mudos, no supimos qué responder.

¡Coño trágame tierra -pensé- aquí no hay forma de parecer normal!. Otra vez nos había mordido el subdesarrollo.

Picadillo

Picadillo

El picadillo barato

Pero no solamente a mí me pasaron esas cosas. A algunos compañeros les fue peor. Me contaron de un cubano que luego de recorrer los estantes de una carnicería para escoger un buen trozo de carne, descubrió un refri industrial con unos paquetes muy bien envasados de picadillo muy, pero muy baratos. Tan baratos, que se llevó varios. Cuando los cocinó y los probó, les parecieron fenomenales, buenísimos.

De hecho, el tipo estaba tan contento con su hallazgo que se encargó de avisarle a sus amigos, para que hicieran lo mismo. La noticia corrió como reguero de pólvora entre los cubanos de su grupo, que por supuesto siempre estaban tratando de ahorrase unos centavitos en las llamadas a Cuba y en la comida. Hasta que alguien descubrió porqué eran tan baratos aquellos paquetes de picadillo: era el refri de la carne para perro.

Acostumbrados como estábamos en Cuba a que ni para los humanos las cosas vinieran envasadas… ¡Quién se iba a imaginar que los perritos tuvieran su refri en el super!

Perrito comiendo sus croquetas

Perrito comiendo sus croquetas

Pero lo peor fue que luego del escándalo inicial, dicen que el tipo aquel los siguió comprando porque le gustaron y consideró que de todas formas era mejor carne que la que comía en Cuba.

Toallas de baño

Toallas de baño

El sexo de las toallas

Omar era un ingeniero cubano que vino a México por otro organismo, no por EICISOFT. Pero nos conocimos aquí, y nos hicimos amigos. Él era más joven que yo, había nacido ya después del triunfo de la Revolución del Fifo. Un día fuimos juntos a hacer nuestras compras. Entramos al Gigante (nombre de una cadena de tiendas caracterizadas por su enorme tamaño) de la esquina de San Antonio y Revolución y comenzamos a recorrer aquella inmensidad de pasillos con productos de todo tipo: comida, carne, quesos, embutidos, pescados, panadería, farmacia, ropa, zapatos, muebles, aparatos electrónicos, cacharros de cocina, adornos para el hogar, joyería, plomería, electricidad, jardinería, etc. Cada cual agarró por su lado con su carrito de compras según le iban llamando la atención las ofertas, y en poco tiempo nos habíamos separado. Pero eso no importaba, de todas formas nos volveríamos a encontrar a la salida. El explorar aquella infinidad de cosas, muchas de ellas nuevas para nosotros, formaba parte importante del disfrute de comprar, un placer que en Cuba hacía muchísimos años que nadie sentía.

Una media hora después, volví a encontrarme con Omar en uno de los pasillos. Enseguida me llamó la atención el ver que en su carrito había un par de paquetes de toallas sanitarias femeninas. Que yo supiera él no vivía con ninguna mujer y su esposa estaba en Cuba, así que no me imaginaba para qué las quería, y así se lo pregunté. Su respuesta me provocó un ataque de risa que duró varios minutos. Omar me dijo: “Bueno, yo quería comprar algunas toallas para mí, y me topé con éstas. Cuando vi que decían “femeninas”, pensé que por allí cerca estarían las masculinas, pero no las encontré. Y total, éstas deben de ser muy parecidas, no creo que puedan variar tanto…”

Estante de toallas femeninas

Estante de toallas femeninas

Creo que debo aclarar que Omar no era ningún tonto. Más bien al contrario, era un buen ingeniero. Pero en Cuba desde hacía muchos años ningún producto se vendía envasado. Hasta cuando llegaba a tu bodega el aceite para cocinar había que llevar una botella para que en ella te echaran tu cuota desde el sucio barril en que venía el producto a granel. Para el arroz, los frijoles, para prácticamente cualquier producto, tenías que llevar tu cartucho o tu jaba.

Precisamente, una de las cosas ante las que nos maravillábamos era lo bien envasado que estaba todo en México. Todo estaba ordenadito por edades (para niños, para adultos, para ancianos), por sexo (para hombres, para mujeres), etc.

Y en cuanto a las toallas sanitarias, hacía muchísimo tiempo que en Cuba no había. Las mujeres utilizaban sábanas viejas, las cuales dividían en varios pedazos que doblaban cuidadosamente para hacer como una almohadilla, se las ponían “ahí”, y luego las lavaban, las tendían hasta que estuvieran secas y las utilizaban de nuevo.

Ná, que el envase lo confundió.

El caso de Elián, pero al revés

Elián, pero al revés

Elián, pero al revés

De Omar tengo otra historia, esta vez no tan cómica. Es como la historia de Elián González, el niño balserito, pero al revés. Resulta que luego de muchas gestiones logró que su esposa -a través de una organización religiosa a la que pertenecía- viniera “de visita” a México. La intención era, por supuesto, quedarse.

Pero la señora -que por cierto, se llamaba Libertad, todo un símbolo- no pudo traer a su hijito pequeño (tendría unos dos o tres años). El desgobierno cubano no se lo permitió y el niño tuvo que quedarse con sus abuelos. La intención estaba clara: si Omar y Libertad se quedaban en México, como castigo perderían a su hijo, no lo verían más nunca.

La bajeza de tal acción los retrata completamente. El desgobierno que toma a niños como rehenes contra sus propios padres, se hace acreedor de todo mi desprecio. Son unos criminales sin alma ni condición humana y merecen el peor de los castigos. Punto.

Luego de meses de gestiones inútiles y con la desesperación de no tener ya a quién recurrir, Omar y Libertad regresaron a Cuba con tal de no perder a su hijo, sin saber qué represalias tomarían contra ellos por haber intentado emigrar.

En el caso de Elián, el argumento del gobierno norteamericano para enviarlo de regreso a Cuba era que la madre había muerto en el viaje y el pariente más cercano que permanecía vivo era el padre del niño, el cual vivía en Cuba. De nada valía que la madre hubiera muerto precisamente en el intento de ser libre ella y su hijo. Este argumento pudiera ser discutible.

Pero en el caso del hijo de Libertad y Omar, LOS DOS PADRES estaban fuera de Cuba, y pedían insistentemente al desgobierno cubano que dejara salir al niño para que se reuniera con ellos en México. El desgobierno del Fifo no tenía ningún derecho de retener al niño y sin embargo lo hizo a fuerzas, para joder. Si eso no es un crimen despreciable, entonces yo soy marciano.

Y ese es un caso que yo conocí personalmente, de primera mano. Quién sabe cuantos similares han ocurrido sin que trasciendan a la prensa. Sospecho que miles.

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Foto original del momento en que un elemento de la Guardia Nacional secuestra a Elián para devolvérselo a su padre. Como puede apreciarse, ante la extrema peligrosidad del niño hubo necesariamente que usar ametralladoras y toda la parafernalia bélica que se ve en la foto. Todo un ejemplo emblemático de cómo funciona la justicia estadounidense. ¿Se dan cuenta porqué desprecio tanto a la mayoría de los políticos de EU? A muchos se les ha olvidado esta escena. A mi, no.

El orgullo de tomarse un vaso de leche

Vaso de leche

Vaso de leche

Mucho antes de que Raúl Castro inscribiera su nombre con letras doradas en los anales del ridículo por su famosa frase sobre “el vaso de leche para cualquiera” (ver esta liga o este video) -promesa que en definitiva no ha cumplido-, yo llegúe a México con hambre de leche.

A mediados de los 80, cuando todavía estaba en Cuba, hubo un pequeño repunte en el nivel de vida de la gente común. Nada del otro mundo, pero si lo comparabas con ciertos períodos anteriores, se notaban algunos ligeros progresos. Por ejemplo, a veces vendían “por la libre” -es decir, sin tener derecho a ello y sin apuntarlo en la libreta de abastecimientos- algunos litros de leche en los puntos lecheros. Claro, había que levantarse a las 4 de la mañana y ponerse en la cola antes de que vendieran la leche que había sobrado del día anterior. Solamente eran unos 10 ó 12 litros y además no había garantía de nada, así que si querías alcanzar un litro debías ir bien temprano porque se acababan enseguida (luego, cuando la Perestroika puso fin a la URSS y en Cuba comenzó el Período Especial, aquella bonanza se vino abajo).

Déjenme explicar para los que no lo sepan, que en Cuba casi todos los alimentos están racionados. En el caso particular de la leche, sólo tienen derecho a ella los niños desde que nacen hasta que cumplen los 7 años. Luego les quitan la cuota y no la vuelven a ver hasta que cumplen los 65, si es que llegan vivos a esa edad.

Cuando mis hijos nacieron, a mediados de los 70, yo ingenuamente pensé que posiblemente cuando ellos llegaran a los 7 años ya el problema de la leche estaría resuelto. O por lo menos -dije yo- no me iba a preocupar del problema de la leche hasta que no se la quitaran, porque otros problemas para preocuparme en ese momento y no dentro de 7 años, eran los que me sobraban.

Pero el tiempo pasó y nada, todo siguió más o menos igual o peor. De manera que a Josefina y a mí no nos quedó mas remedio que empezar a madrugar para tratar de que los niños siguieran tomando aunque fuera un vasito de leche al día. En realidad habíamos conseguido una cepa de bacilos búlgaros y preferíamos convertir la leche en yogurt para que estuviera a salvo si por los apagones se quedaba sin refrigeración durante más tiempo del recomendable. Si bien nos iba a lo mejor sobraba algo para nosotros, pero evidentemente los niños tenían preferencia en el asunto de la leche.

Luis Carbonell, el acuarelista de la la poesía antillana

Luis Carbonell, el acuarelista de la la poesía antillana

Como el cubano tiene en general buen humor, a pesar de la molestia de tener que levantarnos de madrugada ya casi todos nos conocíamos en la cola y matábamos el tiempo hasta que comenzaran a vender la leche haciendo chistes y comentando las noticias del momento. Incluso teníamos un personaje famoso entre los habituales. Luis Carbonell era un mulato que recitaba muy bien, un verdadero maestro. Su especialidad era la poesía afrocubana. Yo lo conocía desde niño por haberlo visto en muchas ocasiones en algunos programas de tv. Por ejemplo en el Album de Cuba, de Esther Borja. Le decíamos “El Uno”, porque como era tan querido por la gente, siempre le guardábamos el primer lugar para que pudiera comprarse su litro de leche sin tener que hacer mucha cola, porque ya era un ancianito.

De una forma u otra, el hecho es que yo tenía fijación con la leche como algo importante. Una especie de símbolo de estatus socioeconómico. Una de las cosas que más disfruté desde el principio de mi estancia en México era el poder tomarme un vaso de leche cuando me daba mi reverecundísima gana. Difícilmente Aristóteles Onasis sintiera más satisfacción al montar en su yate Christina o al pedirle a María Callas que le cantara un aria de Madame Butterfly sólo para él, que yo al tomarme mi vasito de leche.

Y para ser sincero,  hasta el día de hoy. Han pasado 20 y tantos años de aquello, pero aún cada vez que me sirvo un vaso de leche siento el orgullo de la realización personal.

Manías que tiene uno, verdad?

Las reformas de Raúl

Las reformas de Raúl

Mientras, en Cuba siguen esperando que Raúl cumpla su promesa. Sentados, claro, para no cansarse.

-0-

En el próximo artículo hablaré sobre las peripecias de mi trabajo en la fábrica de microscopios y de cómo mis relaciones con la familia del Ingeniero se fueron haciendo cada vez más fuertes y entrañables. También sobre los acontecimientos que dieron lugar a que por fin pudiera cumplir mi sueño de quedarme en el extranjero y luego sacar a mi familia y mandar al carajo al odiado régimen de los Castro.

(Continuará)

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Acerca de azayas48

Físico médico, programador de computadoras. Fan de Visual Basic y SQL. Cubano por nacimiento, mexicano por naturalización y por corazón.
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5 respuestas a México lindo y querido (III)

  1. Pingback: México lindo y querido (II) | Las cosas que me gustaría saber

  2. Enrique Feterman dijo:

    a mi me quedo un ” trauma ” de la escasez, cuando hago compra de ropa invariablemente me compro un juego de ropa interior y medias ( calzoncillos, camiseta y medias ), llego a la casa y la meto en la gaveta designada, en la cual entra a duras penas, pues esta repleta, esa es my sensación de realización, como cuando tu te tomas tu leche, te entiendo perfectamente

    • azayas48 dijo:

      Hola, Enrique. Ya somos tres con manías, jejeje. Briseida me escribió y me cuenta que a ella le sucede algo parecido cuando toma café… El Hombre es muy parecido donde quiera que esté y nosotros estuvimos sometidos a la misma fuente de stress. Saludos!

  3. Maria M Casado dijo:

    Hay una anedocta del “papelazo” que hacemos los cubanos en el exterior que aunque no tengo evidencia de ello, personalmente la creo. Resulta que el cubano recien llegado a Mexico fue llevado por u amigo a un Super a comprar carne de res, pues ese era su “antojo” que queria satisfacer de inmediato, resulta que cuando salio orgulloso y satisfecho del mercado, su amigo le dijo muy serio “Cuidado,ahi viene la policia!!!!” y sin pensarlo un segundo el cubano lanzo con fuerza la bolsa de carne en un basurero que tuvo cerca. Tuvo miedo que lo vieran con un bolsa con carne de res, que habia comprado honradamente!!!!

  4. Celso dijo:

    yo tengo una anecdota de un amigo, resulta que necesitaba coger un taxi, y como tal saco la mano y para uno enseguida y que creen que fue lo primero que hizo? preguntarle al taxista si iba para el lugar que el necesitaba ir!!! el taxista lo miro extragnado y le dijo: claro segnor, a donde usted quiera

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