El INOR y sus historias (II)

Birrete de graduación

Birrete de graduación

La ubicación definitiva

Como ya expliqué en un artículo anterior, entré en el Oncológico como alumno insertado mientras cursaba el último año de mi carrera. Pero el tiempo pasó, y llegó el momento de graduarme y ser “ubicado”, que era el término utilizado para referirse a que las autoridades del Ministerio de Educación te asignaran un puesto de trabajo en donde deberías permanecer como mínimo tres años antes de poder trasladarte a otro lugar. Por supuesto que todo el mundo quería ser ubicado en los mejores lugares, pero esto no era siempre posible. Es más, la ubicación se usaba como un medio de castigo a los tipos rebeldes. Si tú eras “conflictivo”, podías dar por descontado que con toda mala intención te iban a poner a dar clases en una Secundaria Básica y bien lejos de tu casa.

Mi caso era aún peor, porque yo no solamente había sido “conflictivo” sino que fui expulsado de la UH y luego readmitido a regañadientes gracias a la influencia de Raúl Roa, que era amigo de mi familia desde antes del triunfo del Fifo. Para colmo, mi amigo el Chino Heredia me había insertado en el Oncológico, un lugar que era considerado bueno, pero las posibilidades de que me ubicaran en el mismo lugar de inserción eran sencillamente tan remotas que no tenía la menor esperanza en lograrlo. Sin embargo, la peor gestión es la que no se hace, y me encaminé al Ministerio cargado con cartas de recomendación de Font y de Gavilondo, el Profesor Doctor.

En la oficina de ubicación, para decirlo de una buena vez, ni siquiera me dejaron entrar. En cuanto dí mi nombre y buscaron mi expediente, noté cierta animadversión hacia mí. Yo era un apestado. El funcionario encargado de ubicarme, me tiró la puerta de su oficina en las narices y no me atendió. Varias veces se repitió la escena, hasta que no me quedó más remedio que volver a hablar con Roa. Le expliqué que ya había cumplido con mi condena en Tapaste, que ya había cursado de nuevo asignaturas que tenía aprobadas con anterioridad a la expulsión y otras nuevas pertenecientes a los nuevos planes de estudio, que ya había terminado la carrera, que en el Oncológico me querían, pero que el funcionario de las ubicaciones ni siquiera quería hablar conmigo.

Roa, enojado, llamó por teléfono al Ministro del Trabajo y le pidió que me ayudara. El Ministro del Trabajo llamó a su vez al funcionario que no me quería atender, y le dijo que yo era un caso especial, que hiciera el favor de atenderme. Y sucedió como en las comedias italianas, cuando la mafia siciliana le manda un mensaje de advertencia a alguien que hasta ese momento se negaba a hacer algo. La siguiente vez que fui a verlo, el tipo era una seda. Fue tan, pero tan amable, que me hizo reír. En realidad, el tipo se estaba cagando de miedo. Me imagino que supuso que yo era un agente encubierto o algo por el estilo, y que era muy importante cuando el mismísimo Ministro lo había llamado para interesarse por mi ubicación. “Mira -me dijo- ya estás ubicado en el Oncológico, se te van a pagar los salarios retroactivos a la fecha en que te graduaste, si tienes algún problema no más tienes que llamarme, aquí está mi teléfono directo de la oficina, y éste es el de mi casa. Cualquier problema que tengas, no dudes en llamarme, a cualquier hora del día o de la noche”. Era tan distinto, que yo hasta sentí pena y vergüenza ajena por él. ¡Lo que logra el miedo! Pero bueno, así funcionan siempre la burocracia y las cosas de la mafia, a puro chingadazo.

Simbolo de la mafia siciliana 2

Símbolo de la mafia siciliana

Zoilo, el director

Zoilo Marinello Vidaurreta

Dr. Zoilo Marinello Vidaurreta

Otro de los personajes interesantes que conocí en el Oncológico fue su director, Zoilo Marinello Vidaurreta. Si tuviera que describirlo con una sola palabra, usaría “déspota“. Sin embargo, no puedo decir que no era inteligente. Incluso tenía fama de buen cirujano. Se daba aires de personajón importante, con su bata blanca y su cohorte de discípulos como les encanta a los profesores médicos. Pero era del tipo de persona que se rodea de guatacas, para poderlos pisotear a gusto. Exactamente como hace el Fifo. Y como dice el refrán, “Dime con quién andas, y te diré quién eres”.

En realidad mi opinión es que sin llegar a ser una lumbrera, sí sobrepasaba la media. Y supo aprovechar muy bien la oportunidad y sus relaciones familiares. Zoilo era sobrino de Juan Marinello, un destacado intelectual de izquierda compañero de lucha de Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena. Juan pertenecía al grupo de viejos comunistas que se plegó al régimen y por ello fue encumbrado por el Fifo, que necesitaba intelectuales de prestigio para darle respetabilidad y soporte ideológico a su naciente dictadura. Y Zoilo, que hasta el triunfo de la Revolución “no le había tirado un hollejo de naranja a un chino” (como se dice en Cuba para explicar que alguien no se metió en problemas), supo montarse en la fama de su tío. De manera que de médico de burgueses, pasó a ser el gran científico revolucionario.

Juan Marinello Vidaurreta

Juan Marinello Vidaurreta, prestigioso intelectual de izquierda, y tío de Zoilo

Pero en el fondo, era el mismo elitista de siempre. Dicen las malas lenguas que antes de la Revolución, cuando su tío Juan iba a verlo a su elegante consulta privada de la calle K #420, en el Vedado, le decía sin mucho tacto: “Coño, tío, no vengas tan frecuentemente por aquí, que me espantas la clientela…”, porque los ricos y los comunistas siempre se han llevado como perros y gatos.

En fin, que Zoilo supo jugar sus cartas y terminó siendo director del Oncológico, miembro del Comité Central del PCC y además Ministro Presidente del Comité Estatal de Ciencia y Técnica, el organismo que dirigía no solamente la medicina, sino TODA la actividad científica del país. Ya bien dicen que “en la tierra de los ciegos, el tuerto es rey”, jejeje…

En mi opinión, regir toda la ciencia en Cuba era una actividad que le quedaba un poco grande. Zoilo era inteligente, pero no era un Nobel. Sin embargo, no creo que pueda negársele un mérito. Aunque en Cuba existía una escuela y una tradición médica que comenzó desde los tiempos coloniales (ver Carlos J. Finlay, por ejemplo) y que luego se nutrió de la escuela americana de medicina, a raíz del triunfo de la Revolución esa clase médica en su mayoría se fue del país, disgustada con el gobierno (lo mismo sucedió prácticamente en todas las profesiones). Y Zoilo supo organizar de nuevo la Oncología cubana, formando decenas de nuevos cuadros en la especialidad.

Zoilo Marinello Vidaurreta al centro, rodeado de miembros de su staff

Zoilo Marinello Vidaurreta al centro, rodeado de miembros de su staff

Lástima que no todos los convocados tuvieran la calidad humana necesaria para ejercer la muy noble profesión de médico. Los había muy buenos y los había muy malos. Luego mencionaré a algunos de ellos.

El Grupo Nacional de Oncología

Título que me acredita como Miembro Numerario de la Sociedad Cubana de Oncologia Radioterapia y Medicina Nuclear

Título que recibí cuando fui aceptado como Miembro Numerario de la Sociedad Cubana de Oncología Radioterapia y Medicina Nuclear

Quizás la mejor manera de describir la forma de ser de Zoilo sea contar un par de anécdotas que lo involucran, y de las que yo fui testigo.

Existían dos instituciones que agrupaban a los profesionales de la oncología cubana: la Sociedad Cubana de Oncología, Radioterapia y Medicina Nuclear, de la cual yo era miembro numerario, y el Grupo Nacional de Oncología, al cual también pertenecía. La primera era más bien una cosa del Ministerio de Salud Pública, y Zoilo no tenía mucho control sobre ella. La segunda -o sea el “Grupo”-, era su feudo. Una vez al año se celebraba la comida anual, a la cual venían incluso los integrantes del interior del país. Recuerdo especialmente una que se celebró en una de sus casas, en la calle 1ra. en Miramar. La larga mesa estaba situada en la terraza posterior, frente al mar. Zoilo, por supuesto, ocupaba una de las cabeceras. Déjenme explicar que en Cuba, a pesar de ser una de las cunas del ron, era muy difícil conseguir una botella de la sabrosa bebida. Todos los asistentes sabíamos que íbamos a tomar y a comer bien, mejor que en nuestras casas y mucho mejor que en el hospital -donde muchas veces nos servían un boniato hervido como plato principal- de manera que estábamos contentos.

Antes de comer, nos sirvieron el primer CubaLibre (“el mentiroso“, como le llaman en el slang cubano) compuesto por ron carta blanca, refresco de cola, hielo y un chorrito de limón. Los vasos dispuestos delante de cada asiento, según la costumbre para servir ese trago, eran más bien altos y estrechos. Sin embargo yo noté que el vaso del Profesor era distinto, más bien bajo y ancho, de cristal tallado y con una base gruesa y pesada. Parecía un vaso de los que se usan para beber whisky escocés.

Tabío

Y quizás éste sea el momento para hablar de Tabío, el valet de Zoilo, un negro alto, viejo y mastodóntico que conservaba un vigor envidiable para sus años. Todas las mañanas, al entrar al hospital, era Tabío el que cargaba el maletín con los papeles del Profesor. Su piel era áspera y casi azul, de puro negro. Sin embargo, cuando te daba la mano tú sentías una fortaleza superior, como esas manos de albañil que parecen de lija pero que aprietan fuerte. Tenía más de 70 años, y cuando alguien le preguntaba la edad, respondía con un dicho que expresaba con gracia: se llevaba las manos a la cabeza, se agarraba los escasos cabellos y te espetaba “¡Cuando tu ves un negro con pasas blancas, es porque es muy viejo!“. Por supuesto, era incondicional de Zoilo. ¡El Profesor es lo más grande del mundo! era otro de sus dichos, que pronunciaba levantando el brazo derecho y trazando un arco como si estuviera dando un discurso a una multitud. A mí se me parecía en el físico a Barbarito Diez. En general, era simpático y todos lo estimábamos y bromeábamos con él, pero nunca a costa de Zoilo, porque lo adoraba. Quién sabe de dónde lo habría sacado, a lo mejor era un viejo criado de su familia -que indudablemente tenía dinero- o a lo mejor era un guardaespaldas que conservó a pesar de su edad porque seguía siendo muy fuerte y confiable.

Whisky vs. Ron

Pues bien, nada más comenzaron a servirnos el ron, llegó Tabío con una botella de whisky para servirle exclusivamente al Profesor. Así que no solamente el vaso parecía de whisky, sino que ERA de whisky. Hasta aquí -y viéndolo con buenos ojos- era una descortesía menor hacia nosotros, pero al fin y cabo podría ser justificable dadas las circunstancias de que el ron carta blanca es una bebida más irritante y más dañina que un buen whisky escocés de varios lustros de añejamiento, sobre todo teniendo en cuenta que el Profesor ya era una persona de edad -quien sabe si delicado del estómago- y nosotros una bola de jóvenes impetuosos, mucho más resistentes a la resaca.

Si lo hubiera hecho discretamente, seguramente se lo hubiéramos perdonado. Pero donde francamente se pasó de la raya fue cuando hizo alarde en alta voz de que él tomaba whisky, mientras nosotros teníamos que conformarnos con el ron. Lo dijo riéndose, como si fuera un chiste. Era su forma de restregarnos en la cara el hecho de que él era más poderoso y mejor que nosotros. Así era en el fondo Zoilo Marinello Vidaurreta, elitista hasta la médula, nada más alejado de un verdadero camarada.

Y quizás esa sea la razón oculta por la que mi psiquis siempre ha preferido el buen ron al whisky, por muy refinado que éste sea.

Pithecanthropus Erectus

Pithecanthropus Erectus

Del Pithecanthropus Erectus al platanito de fruta

La otra anécdota involucra a Gavilondo, mi jefe, el Profesor Doctor, que también había asistido a la comida. Todo exhibicionista tiene sus momentos dorados y él no iba a dejar pasar la oportunidad de estar rodeado de casi todos los profesionales de la oncología en Cuba. Así que en cuanto nos sentamos asumió con mayor fuerza su pose doctoral y comenzó a comerse un plátano de los que había en la mesa, sin quitarle la cáscara.

Cuando ya había captado la atención de casi todos nosotros por semejante conducta, comenzó a hablarnos de las propiedades de la cáscara del plátano, y los beneficios a la salud que reportaba su ingestión. El tenía una frase maestra que usaba en las grandes ocasiones en que quería mostrar su erudición a los demás. Comenzaba diciendo “Del Pithecanthropus Erectus al Homo Sapiens Sapiens de Linneo…” y con eso apantallaba a los ingenuos, que si no conocían el truco, pensaban que estaban ante un verdadero sabio.

El caso es que cuando suponía que había logrado la mayor impresión entre su audiencia, se encontró con un jodedor cubano que “le desinfló el globo“. Aquilino Santiago, el técnico estrella de los equipos de radioterapia, que también había sido invitado a la comida y que lo había oído sin decir esta boca es mía, se comió su plátano y con un gesto de reverencia y en silencio, le depositó sus cáscaras en el plato del Profesor Doctor. Entonces musitó algo parecido a: “Ya que Ud. las prefiere, cómaselas, se las regalo, a mí no me gustan“.

La carcajada fue general. Y por supuesto, directamente proporcional a la molestia del Profesor Doctor, que se vio en el más cruel de los ridículos, la pesadilla del exhibicionista.

Y uno de los que más se rió fue precisamente Zoilo, a pesar de que Gavilondo le mostraba siempre una devoción rayana en lo abyecto. No sé, a mí me parece que si a un amigo mío le sucede algo así, yo trataría de ayudarlo a salir del ridículo. O por lo menos, no participaba tan activamente en la burla. Algún placer adicional sacaba Zoilo con participar en la humillación de su amigo, me pareció a mí.

Platanito de fruta

Platanito de fruta

-0-

En el siguiente artículo continuaré describiendo otros personajes y anécdotas de mi paso por el Oncológico. Supongo que me va a llevar algún tiempo, porque en ese lugar trabajé por casi 20 años y conocí a muchísima gente. Pero les prometo que haré mi mejor esfuerzo y que seré lo más justo que pueda, expresando honestamente mi opinión sobre todos ellos, sin mentir pero sin miedo a expresar mis verdades.

Anuncios

Acerca de azayas48

Físico médico, programador de computadoras. Fan de Visual Basic y SQL. Cubano por nacimiento, mexicano por naturalización y por corazón.
Esta entrada fue publicada en Historias personales y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a El INOR y sus historias (II)

  1. Pingback: El INOR y sus historias (I) | Las cosas que me gustaría saber

  2. Conozco el INOR y sus historias y sus personajes también. Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s