El Fifo vs. John Galt

Atlas en el atrio del Rockefeller Center, Nueva York.

Escultura de Atlas cargando al mundo sobre sus espaldas en el atrio del Rockefeller Center, Nueva York.

La siguiente información está tomada del artículo dedicado a la novela Atlas Shrugged (La Rebelión de Atlas), en Wikipedia:

En 1991, el Club del Libro del Mes, en cooperación con la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de America, hizo una encuesta entre los miembros del club preguntándoles qué libro había marcado una diferencia en sus vidas. La Biblia fue el primero de la lista, y “Atlas Shrugged” (“La rebelión de Atlas”) el segundo.

No creo que haya muchos libros sobre los que se pueda decir algo similar.

Ciertamente, siento vergüenza de no haberlo conocido hasta hace relativamente poco tiempo. Porque su autora, Ayn Rand, más que una novelista, fue la cabeza de toda una corriente filosófica, el Objetivismo, que sigue vigente en la actualidad y en cierta forma resume la manera de pensar de muchos estadounidenses. Dicha filosofía puede considerarse emblemática del capitalismo empresarial exitoso, competitivo e independiente.

No pretendo aquí explicar el Objetivismo a fondo. El que quiera estudiarlo, tiene a su disposición muchísimo material en internet o en las librerías. Sin embargo quisiera hablar de algunos aspectos que me ha sugerido la lectura de la novela, la cual describe magistralmente la lucha a muerte que tiene lugar en lo más íntimo de la sociedad norteamericana entre la moral y la maldad disfrazada de virtud.

En ocasiones he visto fotos de gente paseando por el atrio del Rockefeller Center, en las que aparece la estatua de Atlas sosteniendo el orbe sobre sus espaldas. Y aunque la figura me parecía bonita, no tenía idea de porqué estaba allí, o sea, de su significado en ese contexto. Ahora lo comprendo mucho mejor. Es una alegoría a la idea de que el mundo es sostenido o movido por un grupo reducido de personas -los empresarios- que asumen esa responsabilidad por motivos al parecer egoístas -su beneficio personal- pero que a la larga, con su trabajo, generan una riqueza que termina por mejorar el nivel de vida de todos. Visto así, nada más apropiado que la imponente figura del dios griego para uno de los polos comerciales del planeta.

Esta idea no implica que todos los empresarios sean buenos -como tampoco lo son todos los obreros- sino más bien que los dos son necesarios para que la economía de un país funcione. Creo que aunque tienen objetivos contrapuestos, el progreso surge precisamente como consecuencia de la lucha entre ellos y ninguno podría existir independiente del otro. Digamos que la dupla obrero-patrón constituye un ejemplo clásico de la ley de la dialéctica que se conoce por “Unidad y Lucha de Contrarios”.

Dentro de ese contexto, me llama la atención que la novela abandone el trillado esquema izquierdista del patrón avaro,  insensible y explotador, para sustituírlo por uno en donde se muestra que al menos algunos empresarios tienen la iniciativa y la valentía suficientes para fundar una empresa arriesgando un capital que muchas veces no es totalmente suyo, sin estar seguros de su éxito.

Naturalmente, no todos son así. Los hay que tratan de aliarse con el gobierno para torcer las leyes y hacerlas a su modo. De lo que se desprende que un estado que intenta regularlo todo, indefectiblemente es fuente de corrupción y fracaso. Esta afirmación incluye no solamente a la URSS y sus satélites, sino también a los gobiernos occidentales que se orientan demasiado hacia el control de la actividad económica, disfrazando sus verdaderas intenciones bajo el manto de un “interés común” -que precisamente ellos mismos determinan- de manera que si luchas por tus derechos individuales te tachan de egoísta, malvado y amoral, siendo que tú eres realmente la víctima de tales procedimientos.

Además, no deja de asombrarme el hecho de que Ayn Rand haya nacido en… la Rusia zarista (San Petersburgo, 1905). Para mí es un magnífico ejemplo de lo abierta que es la sociedad norteamericana, al permitir que una extranjera naturalizada se convierta en líder de una filosofía que propugna sus máximos valores: la libertad irrestricta, el valor del esfuerzo personal, el respeto al prójimo y el sano individualismo, junto con un gobierno reducido al mínimo imprescindible.

Pero existe otro aspecto importante que quisiera comentar. A veces sucede que cuando lees algo, descubres que sin darte cuenta, sin estar consciente de ello, ya pensabas así. El ver en blanco y negro una idea, como que te sirve para perfilar mejor tu propio pensamiento. A menudo durante los 32 años que sufrí la dictadura castrista, me hice la pregunta: ¿Para qué trabajas tanto, si sabes que tu esfuerzo beneficiará precisamente al gobierno que te reprime y niega tus derechos más elementales? ¿No sería mejor dejar de trabajar para beneficio de tu propio verdugo?. Esa es exactamente la idea central de la novela.

Las respuestas que me daba a mí mismo eran más bien excusas: -Bueno, no trabajo por beneficiar a la dictadura del Fifo, sino por respeto a mí mismo, porque sé que mi deber es usar mi inteligencia y no desperdiciarla, por entretenerme y tener algo que hacer, por tratar de beneficiar a los pobres pacientes con cáncer, porque  al fin y al cabo uno tiene sólo una vida y por las absurdas e injustas restricciones migratorias yo no podía emigrar a otro país así que más me vale conformarme que pasarme la vida mirándome el ombligo…

Habían muchas justificaciones pero en definitiva todo el tiempo que trabajé en Cuba, trabajé para mi verdugo. Y al escapar de allí, le hice mucho más daño al sistema que si me hubiera alzado en las montañas y hubiera matado a tres o cuatro milicianos imbéciles antes que me mataran a mí. Porque ellos dejaron de beneficiarse con el trabajo mío.

Y cuando tú multiplicas esto por los millones de emigrados, pues comienzas a explicarte porqué la economía de Cuba está en ruinas. Como John Galt el Atlas de la novela, nosotros los cubanos también nos rebelamos.

Signo de dolar

Signo de dolar de oro macizo, que según la novela dominaba el paisaje en la Quebrada de Galt

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Acerca de azayas48

Físico médico, programador de computadoras. Fan de Visual Basic y SQL. Cubano por nacimiento, mexicano por naturalización y por corazón.
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3 respuestas a El Fifo vs. John Galt

  1. César Rodríguez dijo:

    Me identifico con la frase donde dices:…”A veces sucede que cuando lees algo, descubres que sin darte cuenta, sin estar consciente de ello, ya pensabas así”…Muy buen post. Estoy buscando ese libro.

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