Las propuestas que me gustaría escuchar

Persona emitiendo su voto

Dado que estamos cerca de las elecciones presidenciales en México y todos los partidos políticos han comenzado su bombardeo propagandístico, me siento inclinado a poner los puntos sobre las íes y explicar mis opiniones. Luego de decenios de observar cómo mis derechos ciudadanos eran pisoteados por el desgobierno cubano, ahora que soy naturalizado mexicano difícilmente podría dejar de tomar en serio esta oportunidad de ejercer mi voto.

Sin embargo, observo con tristeza que ningún candidato ofrece un programa claro para enfrentar los problemas del país sino que en sus discursos se pierden en frases ambiguas y en todo caso basan su estrategia en desacreditar al oponente, dando muestras con ello de su incapacidad y su  lamentable pobreza intelectual.

No quisiera perderme en el análisis de cómo llegamos hasta aquí y quién es el culpable de ésto o aquello. México es un país precioso y formidable, con una historia y un acervo cultural impresionante, y está lleno de gente valiosa. Sin embargo, también padecemos una serie de problemas terribles, y me gustaría que los programas de los candidatos contuvieran propuestas concretas para enfrentarlos y resolverlos. A continuación enumero los 5 principales, según mi punto de vista:

1) El problema del narco, con su secuela de crímenes e inseguridad ciudadana. Este es el principal problema del México actual, y ya me he referido a él en un artículo anterior. En resumen: Los esfuerzos del gobierno por desmantelar las redes del narco no han tenido el efecto deseado porque aunque descubren y meten en la cárcel a los capos, dejan el NEGOCIO intacto y siempre aparece un sujeto que reemplaza al que eliminaron. Lo peor no es que se hayan equivocado de solución, sino que a pesar de que ya ha transcurrido el tiempo suficiente para darse cuenta que eso no resuelve el problema, el gobierno -con Calderón al frente- sigue empecinado en seguir intentando lo mismo. Es como ponerse a barrer el agua de una inundación, sin cerrar primero la llave de paso: se te va a ir la vida barriendo agua y nunca terminarás. La única forma de hacer que la droga no sea un negocio formidable, es eliminar la prohibición. Que se drogue el que quiera. De esa forma, el precio bajaría hasta su nivel normal, y el producirla y venderla ya no sería un negocio tan rentable con lo cual los narcos lo abandonarían y muy probablemente lo sustituirían por otros (secuestro, tráfico de menores, control de la prostitución, etc.) pero ninguno les daría tanto como la droga, con lo cual no tendrían tanto dinero para corromper y comprar armas. Eso no quiere decir que no persigamos el crimen, sino que los criminales serían menos poderosos y nosotros tendríamos más dinero para acabar con ellos, o al menos reducirlos a un mínimo.

Este problema de las drogas tiene un aspecto muy delicado que me gustaría tocar: me parece que de nada valdría que en México se legalizaran las drogas, si en EU siguen prohibidas. Porque el mercado grande no está en México ni en ningún otro lugar del mundo, sino en EU. Es como si uno tuviera un perro que se orinara en las esquinas y hubiera que andar detrás de él para evitar que la casa oliera mal. Pero si el vecino de al lado no tiene uno, sino 20 perros, difícilmente me voy a librar del mal olor, porque el principal responsable de la peste no es el perro mío, sino los 20 perros del vecino. Y como yo no mando en la casa del vecino, pues estoy jodido.

El vecino con sus 20 perros

La cosa se complica aún más si tenemos en cuenta que con el dinero de la droga, los narcos, además de corromper a jueces y funcionarios públicos, compran armas, equipos de comunicación, etc. Y se lo compran principalmente a los propios gringos que por supuesto obtienen ganacias de esta venta, y posiblemente esa sea una de las razones por las que no quieren quitar la prohibición. El negocio del complejo militar-industrial es vender armas aunque sea a los enemigos de su propio país. Y al que lo dude, lo remito al escándalo Irán-Contras. Por eso tienen tantos lobbistas en el Congreso. Así que las cosas están más o menos así: ellos ponen el mercado de las drogas y las armas, y nosotros ponemos los muertos. En México ya vamos por 60 mil, sólo en este sexenio. No es justo.

Ahora hablemos de la distribución. Acabo de oír al presidente de Guatemala dar un dato revelador: dice que 1 kilogramo de cocaína en la frontera entre México y EU, vale aproximadamente 1000 dólares; pero ese mismo kilogramo, vendido en los estados más al norte de EU, puede llegar a valer 150 mil dólares. Eso ejemplifica muy bien la magnitud del negocio y explica la asombrosa creatividad que logran los narcos para introducir la droga en EU: utilizan barcos, submarinos, aviones, túneles, catapultas, perros y otros animales, niños, mulas (personas que simulando ser turistas, en realidad transportan droga), juguetes, cargas de diversos tipos… en fin, me imagino que si no fueran criminales, serían los mejores secretarios de comercio que pudiéramos encontrar.

Supongamos que Ud. nunca ha visto una supercarretera de EU y de repente yo le enseño una, mostrándole las varias sendas en ambas direcciones, la superficie de concreto sin un bache, el amplio acotamiento para detenerse si ocurre una ponchadura u otra avería, las vías laterales a todo lo largo de la principal, el inmenso camellón central que facilita que las luces de los coches que vienen en sentido contrario no le molesten a sus ojos, la completa red de señalamientos indicando las próximas salidas, hoteles, gasolinerías, restaurantes, etc., los puentes, las áreas de descanso cada cierta cantidad de kilómetros… Ud. queda sencillamente maravillado. Pero ¿qué pensaría si cuando Ud. me pregunta hacia dónde va esa supercarretera, yo le contestara que no va a ningún lado, que termina en un muro de ladrillos?. Por supuesto que Ud. no me creería. ¡A quién se le va a ocurrir hacer tan bonita supercarretera para terminarla en un muro! Necesariamente, debe terminar en alguna ciudad, en algún lugar turístico, en algún puerto, en fin, en algún lugar útil que justifique la inversión.

Bueno, pues lo mismo pasa con la droga. ¿Ud. cree que la tremenda red de transporte de droga que existe en México, que incluye grandes trailers, aviones, lanchas rápidas y todo tipo de medios de transporte, termine abruptamente en la frontera americana? ¿O que dentro de las fronteras de EU el transporte de las toneladas de droga corra a cargo de 4 negros con cadenotas y dientes de oro que la llevan en las cajuelas de sus Grand Marquis, y que no se coordinan entre sí? ¡No, qué va, allí tiene necesariamente que existir una red de distribución tan o más sofisticada que la que existe en México, y tan grande que sea la envidia de DHL, UPS y Fedex juntas!.

Ahora bien, me imagino que Ud. me preguntará: ¿y porqué no se nota del lado de allá de la frontera un ambiente de corrupción e inseguridad igual al de México?. Porque basta cruzar de Nuevo Laredo a Laredo o de Ciudad Juárez a El Paso para sentir el cambio de ambiente. En las ciudades mexicanas se respira la inseguridad y el miedo, el ejército está en todos lados, los tiroteos, los decapitados, las fosas clandestinas con decenas de cadáveres, las redadas, los puntos de revisión. Y nada más cruzar la frontera, todo limpio, los pajaritos cantando, y una completa tranquilidad. Bueno, a la verdad que yo no sé la respuesta a esa pregunta, pero me encantaría saberla. Quizás sean más discretos, o más inteligentes para ocultar la corrupción. Quizás digan que persiguen el tráfico pero en realidad miran para otro lado y estiran la mano por debajo de la mesa. No sé. Pero de lo que sí estoy seguro es que la solución de los 4 negros no me convence.

Otro aspecto a tener en cuenta es la ruta del dinero. Una vez que los narcos han vendido la droga, se enfrentan al problema de lavar el dinero que obtuvieron. Y no estamos hablando de pasar un billete falso de 20 dólares, sino de lavar miles de millones de dólares válidos, pero con un origen ilegal. Si un turista intenta cruzar la frontera americana con más de 10 mil dólares en efectivo, tiene que declararlos y justificar muy bien su origen. Sin embargo, los narcos se las arreglan para lavar miles de millones sin que nadie los descubra. Una y otra vez. ¿No será que no quieren descubrirlos? Porque la única otra posibilidad que se me ocurre es que sean imbéciles o ineptos, y no creo que ningún banquero ni político lo sea. De hecho, es más lógico pensar en que ningún banco central despreciaría un ingreso millonario proveniente de un banco extranjero, aunque el banco extranjero no fuera más que un buró y un teléfono en uno de los paraísos fiscales del mundo. Este problema está descubierto y descrito desde hace años (por ejemplo, ver esta liga a un libro de Andrés Oppenheimer), pero nadie hace nada. Sospechoso, ¿no?.

Me gustaría que los candidatos enfrentaran honestamente este problema y tuvieran propuestas concretas y no solamente promesas de que lo van a resolver pero sin decir cómo.

2) El problema del Poder Judicial. En México estamos acostumbrados a ver el gobierno como el Poder Ejecutivo. Quizás sea una secuela de haber padecido durante muchos años un régimen presidencialista muy autoritario. Todos los hilos terminaban en las manos del Presidente. Por eso el Poder Judicial pasaba prácticamente inadvertido. Sin embargo, no podemos olvidar que luego que la policía o el ejército o quien sea atrapa al narco, son los jueces los que dictan sentencia. O sea, que aún si tuviéramos una policía eficiente y no corrupta, si el criminal controla al juez, termina libre y el crimen queda impune. Los métodos son varios, pero el principal consiste en mandarle un claro aviso: “¿Qué quieres, plata o plomo?”. El resultado de muchos años de esta situación es que el Poder Judicial está casi completamente penetrado por el crimen organizado. Incluso, los procesos judiciales están diseñados para que transcurran “en lo oscurito”, donde es más fácil corromper y abusar. Por ejemplo, los juicios orales y la existencia de jurados deberían ser una realidad desde hace tiempo, y no una propuesta que avanza a tropezones. El reciente escándalo producido por el caso expuesto en el filme “Presunto Culpable“, no es más que la punta del iceberg. Las cosas llegan al extremo de que en la práctica es el acusado el que debe demostrar su inocencia, y no el fiscal el que debe demostrar la culpabilidad del acusado. Si a eso le sumamos que sólo el 2% de los crímenes son resueltos, tendremos una idea del terrible drama que se vive en México en cuanto a la impartición de justicia. Y no hay que olvidar que las leyes son el fundamento del estado. Me gustaría ver este problema reflejado en los programas de los candidatos a Presidente, pero desgraciadamente no es así. Mi propuesta ideal contendría temas como la implantación inmediata de los juicios orales con la ayuda de jurados y la aplicación de castigos severísimos a los jueces y abogados implicados en actos de corrupción.

3) El problema de la educación. Una de las cifras que mejor describe la lamentable gestión global del Estado mexicano es que según datos del CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, una organización estatal independiente), más del 45% de la población permanece por debajo de la línea de pobreza, es decir, son pobres. Yo estoy convencido que ese dato es consecuencia directa del deplorable estado del sistema educativo, que se refleja año tras año en los resultados de los alumnos mexicanos en competencias de conocimientos internacionales. Porque una vez educado, el ciudadano gana en independencia y es capaz de buscarse el trabajo y la comida por sí mismo, sin ayudas del Estado.

Los chinos tienen un refrán que dice: “Si le das un pescado a un hombre, comerá una vez. Si lo enseñas a pescar, comerá toda la vida”. En este sentido, el deber del Estado no es convertirnos a todos en doctores o ingenieros, pero sí garantizar que todo el que desee adquirir educación de calidad, pueda hacerlo a un costo aceptable, sin tener que decidir entre comer o estudiar.

Hay quien dice que el Estado no educa bien a propósito, para tener una “masa clientelar” más fácil de manipular, capaz de cambiar su voto por una playera o un sandwich. Eso sería un crimen imperdonable y habría que acabarlo de raíz, porque no solamente se estaría atentando contra la persona, sino contra el desarrollo de todo el país.

Resolver el problema de la educación en México es vital para disminuir al mínimo las cifras de pobreza, y tiene que ser atacado de una forma agresiva y total, que esté de acuerdo a su nivel de importancia. No se valen curitas de mercurocromo. Me encantaría que alguno de los candidatos planteara seriamente el desarrollo de una ofensiva educativa profunda, cuyo objetivo final fuera el lograr realmente que cada persona pudiera llegar tan lejos en su desarrollo intelectual como se lo permitieran sus capacidades y su voluntad. Eso sería la mejor inversión en el futuro del país. Y la creación de un ambiente académico que resultara en la retención voluntaria de las mejores mentes para que no pase como con Mario Molina, nuestro único premio Nobel vivo, que prefiere trabajar en el extranjero porque aquí no encuentra el apoyo necesario. Una verdadera vergüenza.

4) El problema de los sindicatos. Otro de los problemas acuciantes de México es el de los sindicatos. En principio, un sindicato es una forma que tienen los obreros para defenderse de las pretensiones de los patrones a hacerlos trabajar más y pagarles menos. Su principal arma, es la huelga. La vida me ha enseñado, sin embargo, que esto no es toda la verdad. La verdad -según mi opinión- es que al igual que los patrones sin obreros no son nada, los obreros sin patrones, tampoco. Es decir, ambos forman parte de una expresión de la ley dialéctica que se conoce con el nombre de Unidad y Lucha de Contrarios. Aunque sus objetivos se contraponen, en realidad se necesitan los unos a los otros para poder existir, y precisamente de esa contradicción surge el progreso.

Sin embargo, en México esas consideraciones teóricas se han deformado. Aquí los sindicatos están dominados por verdaderas mafias criminales que por un lado atemorizan y manipulan a sus agremiados para venderle su voto a los partidos políticos, y por otro chantajean al Estado con la amenaza de huelgas que paralicen las principales actividades del país: generación de energía, transporte, educación, comunicaciones, salud, etc.

Los ejemplos y los escándalos, sobran: la presidenta VITALICIA del sindicato de maestros, es una pobre señora que no tiene formación profesional y apenas puede leer de corrido. Se traba en las palabras de más de 5 sílabas. Sin embargo, es innegable que lo que sí sabe hacer es manipular a sus agremiados para paralizar la educación cada vez que se le antoja, con el consiguiente perjuicio para los niños. Los motivos para las huelgas son diversos, pero para muestra un botón: uno de los últimos reclamos de los maestros, es que no sean sometidos a pruebas periódicas de conocimientos e idoneidad. Es decir, que siga el relajo y el compadreo.

El sindicato de Pemex, todo el mundo conoce que es la caja chica del partido de gobierno, de ahí sacan recursos para las campañas políticas. Un tipo que durante años fue dirigente sindical de los mineros, de nombre tan ridículo como Napoleón, anda escondido en Canadá porque ya sus crímenes y sus robos fueron tantos y tan sonados, que el escándalo reventó en la prensa. Otro sujeto que manejaba a los obreros de una empresa estatal de generación eléctrica de nombre Luz y Fuerza del Centro, todavía anda dando lata a pesar de que ya hace más de un año el gobierno -es decir, su patrón- desmanteló la empresa. O sea, es el secretario general del sindicato de una empresa que ya no existe legalmente. En fin, para qué seguir…

Esto tiene que acabarse. Claro, ningún ratón le quiere poner el cascabel al gato, es decir, los políticos temen los costos de meter la mano en el hormiguero. Pero sin caer en otro porfirismo, me encantaría que hubiera alguien de gónadas que los pusiera en su sitio. No a los obreros, pero sí a los sindicatos.

5) El problema de la partidocracia. Cuando en el 2000 Vicente Fox ganó la presidencia y el PAN derrotó al PRI, muchos pensamos que vendría una etapa de progreso y bienestar para todos. Sin embargo, estábamos equivocados. De poco sirve que hayamos abandonado el sistema presidencialista y autoritario que dominó en México durante poco más de 70 años, para terminar cayendo en la partidocracia.

Encuestas de opinión pública realizadas por instituciones serias, como por ejemplo LAPOP (Latin American Public Opinion Project) sitúan a los partidos políticos mexicanos en el último lugar de la confianza ciudadana, seguidos muy de cerca por los policías, el sistema de justicia, y el congreso. Y en mi opinión, tienen razón. Los legisladores responden más a los intereses de su partido, que a los de sus electores. En vez de trabajar por el bien común, se dedican a paralizar las propuestas de sus enemigos por el mero hecho de que no son suyas, con el resultado de que vivimos un estancamiento legislativo. Todos contra todos. El PRI ya no es gobierno, pero puede paralizar en el Congreso las propuestas del PAN y del PRD y lo hace, aún a costa de México. El PAN ha demostrado ser incapaz de salir de este problema, aparte de que ahora que es partido de gobierno, ha caído en los mismos vicios que el PRI. Y el PRD, todo lo quiere resolver a silletazos y a tomas de tribuna, sin castigar ejemplarmente a sus corruptos, como Bejarano, el tristemente famoso Señor de las Ligas. Para colmo, los propios congresistas han legislado de forma que no sean legales las candidaturas de ciudadanos sin partido. Claro, para ellos sería un suicidio, y como dicen: “el que parte y reparte… se queda con la mejor parte”. En resumen, que los problemas de México siguen esperando solución, mientras ellos, los congresistas, han perdido el prestigio: borracheras, peleas, insultos, falta de iniciativas, inasistencia a las sesiones, siestas con ronquidos en los plenos y las comisiones, jueguitos de computadora en el recinto,  gentes con actitudes prepotentes que se escudan en el fuero, hasta narcodiputados y motocicleteros de Harley-Davidson y calaveras hemos tenido, en fin, que en vez de un amanecer democrático, se ha reforzado en la gente la creencia de que la democracia no funciona. Y esto es extremadamente peligroso, porque abona el terreno para que surja un caudillo que -como siempre- ofrezca resolver el problema y termine por imponer una cruel dictadura. Esto ha pasado tantas veces en la Historia de México y del mundo, que ya es lugar común.

Y este problema no es solamente de nuestro Congreso, yo creo que dondequiera que se acumule el poder y el dinero, habrá malandrines y criminales tratando de apoderarse de él. Pero mientras no se nos ocurra otra forma de gobierno más avanzada que esté a salvo de estos problemas, no tenemos más remedio que aceptar la existencia de los tres poderes y luchar contra los vicios que se generen de ello.

Yo no puedo decir que tenga la solución al problema. Pero sí algunas ideas que me gustaría que fueran planteadas por algún candidato: 1) Habilitar las candidaturas de ciudadanos sin partido. 2) Habilitar las revocaciones de los puestos públicos más importantes, incluyendo por supuesto a los congresistas. 3) Eliminar las listas de candidatos plurinominales porque se han convertido en una fuente de corrupción, y sustituírlas por un mecanismo que garantice un congreso verdaderamente representativo de la sociedad, sin dejar fuera a las minorías de todo tipo pero que escoja entre candidatos votados. 4) Exigir un altísimo nivel de educación y de moralidad a los congresistas: para hacer un puente, necesitas un título de ingeniro civil; para operar a alguien, tienes que haber estudiado medicina; pero para ser diputado, senador o incluso presidente, no hay requisitos académicos o morales. Eso no está bien. No podemos darle la conducción del país a un ignorante por muy buenas intenciones que pudiera tener, es como darle una pistola cargada a un niño.

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En vez de 5, pudiéramos hablar de 50 temas. Se me quedan en el tintero problemas tan importantes como la situación en el campo mexicano, el problema indígena, la marginación de la mujer, la unificación de las 3500 organizaciones policíacas que padece el país y su profesionalización, la ingerencia exagerada que ha tenido la Iglesia Católica en la política mexicana, la política de devaluación del peso como método para incentivar la inversión (en vez de promover montarse en alguna de las ondas tecnológicas que han surgido de la nada en los últimos 20 años: la producción de software, etc),  la emigración ilegal hacia EU, en fin, son tantos los problemas que si los candidatos quisieran, podrían hacer propuestas a montones. Pero prefieren decir cosas tan ambiguas como “Yo sí cumplo”, o “Yo sí tengo pantalones”, o “Yo le voy a dar dinero a los pobres” (y no es que eso esté mal, pero a mí me gustaría más que les diera trabajo y educación para que ellos mismos se buscaran el dinero y no promover el clientelismo).

En fin, que me parece que aunque no salga presidente, voy a votar por Brozo, que es el único que dice las cosas claras.

Brozo el payaso tenebroso

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Acerca de azayas48

Físico médico, programador de computadoras. Fan de Visual Basic y SQL. Cubano por nacimiento, mexicano por naturalización y por corazón.
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