Conociendo al pájaro

Cuervo

Lo que voy a decir es simplemente una conjetura personal. No tengo ninguna prueba documental de ello, sólo circunstanciales. Pero esto no me preocupa tanto. Al fin y al cabo, ni el FBI con todos sus medios pudo incriminar a Al Capone por mafioso o asesino, sino por evasión fiscal. Mi abuela materna, una guajira del Escambray nacida a finales del siglo XIX, -semianalfabeta porque en sus tiempos la educación era escasa, pero con un corazón de oro y una inteligencia natural envidiable- tenía un dicho que siempre he respetado porque me ha servido para evaluar a la gente. Ella decía: “Al pájaro se lo conoce por la cagá“, -es decir por sus excrementos-, que era su manera de explicar que a los hombres no hay que juzgarlos por lo que dicen, sino por lo que hacen.

Durante todo el tiempo que trabajé en el Oncológico -unos 18 años- visité con regularidad las instalaciones de radioterapia de las provincias, porque solamente en La Habana teníamos dosímetros clínicos con vergüenza y más o menos cada 6 meses había que revisar la calibración de las bombas de cobalto, de cesio, y los equipos de rayos X de alta energía de toda la Isla. Por ello, los viajes a Santiago de Cuba, Holguín, Camagüey, Santa Clara, Matanzas, Pinar del Río y algunas otras ciudades, eran habituales en mi agenda de trabajo. Por supuesto, además de trabajar yo trataba de darme mi vueltecita por cuanto lugar turístico estuviera a mi alcance. Y sin llegar a ser un experto, por la fuerza de la costumbre comencé a conocer y orientarme en cada uno de esos lugares.

En uno de ellos, Santiago de Cuba, se encuentra el Cuartel Moncada, uno de los sitios más emblemáticos de toda la parafernalia fidelista porque fue donde por primera vez el Fifo -el 26 de Julio de 1953- se enfrentó a tiros con los soldados de Batista… o bueno, eso es lo que nos han hecho creer.

La idea era tomar el cuartel -que era una de las plazas militares más importantes de Cuba-, entrar en el polvorín y distribuirle al pueblo las armas que contuviera para comenzar así la revolución, o sea, una guerra civil que derrotara al dictador. Los preparativos se realizaron en una finquita a las afueras de Santiago, la Granjita Siboney, llamada así porque está a la orilla de la carretera que va de Santiago a la Playita Siboney.

Mapa de Santiago que muestra las posiciones relativas de la Granjita Siboney (A) y el Moncada (B)

Granjita Siboney

Antiguo Cuartel Moncada, hoy Ciudad Escolar 26 de Julio

Si tomas esa carretera con dirección a la ciudad, cuando llegas a Santiago se convierte en la calle Garzón, una de las más populares. Para llegar al Cuartel Moncada, lo único que hay que hacer es doblar a la derecha al llegar a la Carretera Central, una vía que construyó Gerardo Machado y que todo el mundo en la Isla conoce porque va desde Pinar del Río hasta Santiago, con más de 1000 kilómetros de largo. Si quisieras llegar a la Posta 3, que fue por donde los atacantes pretendieron ingresar al cuartel, tendrías que doblar un par de cuadras antes, pero ese también es un camino inconfundible.

De Garzón al Moncada: doblar a la derecha y avanzar 100 metros

Tan sencillo, que parece mentira que el único automóvil que no llegó a su destino, luego de meses de preparación, fue precisamente en donde venía el Fifo.

Está claro que la Historia la escriben los vencedores, no los vencidos. Y aunque en aquel momento fueron derrotados, es de esperar que en los últimos 52 años de dictadura el Fifo haya tenido tiempo de establecer su versión de los hechos como la verdad absoluta.

Pero aún así, hay cierta sospechosa oscuridad en el relato del asalto. A grosso modo, yo he leído dos versiones: en una de ellas, el automóvil en que venía el Fifo se confundió y dió un giro equivocado, lo que provocó que se retrasara con respecto a los que iban delante. En la otra, el automóvil del Fifo se encontró inesperadamente con una patrulla armada y en el nerviosismo reinante y para evitar que la patrulla disparara por la espalda a los que iban delante, el coche del Fifo se detuvo y los atacó, por lo que no llegó realmente a las puertas del cuartel.

Hay versiones de los hechos que parecen rodajes hollywoodenses, con el Fifo bajándose del coche para darle su asiento a un combatiente herido y quedándose él a pie, sólo y desprotegido en medio de la balacera, hasta que milagrosamente es recogido por otro auto. Vaya, una historia tipo thriller de matiné dominical pero sin refrescos ni papitas, jejeje…

El caso es que de una forma u otra, el hecho de que el automóvil del jefe de la operación no haya llegado a su destino -por el motivo que sea- me resulta cuando menos, sorprendente.

La cosa se complica aún más cuando uno se entera de que dos de los asaltantes al Cuartel Moncada, Gustavo Arcos Bergnes -que viajaba en el mismo coche que el Fifo- y Mario Chanes de Armas -que también fue luego expedicionario del Granma- a pesar de haber arriesgado sus vidas en un ataque casi suicida, resultaron con largas condenas de prisión luego del triunfo de la Revolución. No sé, me parece el colmo de la hijaeputá y el malagradecimiento encerrar por 30 años a tus propios compañeros de armas. La excusa es que Gustavo y Mario no eran comunistas y al darse cuenta de que el Fifo los había engañado e iba en esa dirección, se alzaron en contra del Máximo Líder. Mmmm… ¿O les estaban tapando la boca, para que no se fueran de lengua sobre lo que pasó ese día en el coche del Fifo?

Dicho sea para los que no conozcan los hechos: el ataque no tuvo éxito, la dictadura de Batista masacró y torturó hasta la muerte a todos los que pudo tomar prisioneros (unas 100 personas) y un pequeño grupo -incluyendo al Fifo- logró escapar e internarse en las montañas de la Sierra Maestra. Pero perseguidos por el ejército, al poco tiempo de alzados se entregaron al arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Perez Serantes, el cual a su vez los entregó a las autoridades con la prensa por testigo para evitar que el ejército los matara y alegara intento de fuga o cualquier otra canallada.

Luego vino un juicio y una condena a 15 años de los cuales sólo cumplió 22 meses porque fue beneficiado por una amnistía. Entonces el Fifo se fue a EU, luego a México, preparó un nuevo ataque -esta vez por mar-, llegó con su Granma, se alzó otra vez en la Sierra, y en unos dos años y pico logró derrotar a Batista y hacerse con el poder. Poder que no ha soltado en los últimos 52 años.

Esos son los hechos. Vaya, digamos, la “cagá” de que hablaba mi abuelita. Ahora analizemos la defecación, para saber la naturaleza del pájaro.

Sin tomar en cuenta que el plan fracasó porque entre otras cosas no se produjo la esperada insurrección popular que el Fifo daba por segura, hay un hecho importante a considerar, y es que no había un plan B. Sólo a una mente empecinada y febril se le ocurre intentar una cosa así, arriesgando la vida de más de 100 personas, sin pensar en qué hacer en caso de fracaso.

Pero  hay cosas peores. Estamos de acuerdo en que hay capitanes al estilo de Aquiles, que encabronado porque le mataron a su Patroclo se batió como un toro al frente de sus soldados hasta que lo mataron, y tipos como Napoleón, que dirigía sus batallas cómodamente instalado en la cima de una colina cercana al campo de batalla, pero no tanto como para que los cañonazos lo alcanzaran. Indudablemente, creo que el Fifo es del segundo tipo.

Para mí que su verdadero plan consistía en lograr que los demás atacaran el cuartel y le sacaran las castañas del fuego. Por eso él iba en el último coche en vez de en el primero. Si ganaban, entonces él llegaba a tomar posesión de la plaza y declararse vencedor. Si perdían, entonces tendría tiempo de escapar, como en realidad sucedió. A la verdad que dudo entre llamarle a eso una cobardía, o una traición. Pero por allí anda la cosa.

Y a su hermanito Raúl lo envió a tomar el Palacio de Justicia, un lugar muchísimo menos peligroso que el cuartel. Dice que para que si lo mataban a él, su mamá no sufriera al mismo tiempo la pérdida de dos de sus hijos. -¡Vaya, qué considerado!- Menos mal que no lo mandó a resguardar el bar del Hotel Casagranda, en el centro del pueblo, porque sabiendo cómo le gusta el trago, Raulito se hubiera tomado todo el whisky del lugar y hubiera echado a perder el plan.

Camilo Cienfuegos, el Fifo y Huber Matos, entrando triunfantes a La Habana en enero de 1959

El comandante Huber Matos -otro caso de una persona que combatió junto al Fifo y luego sufrió 20 años de prisión por renunciar a su puesto al no estar de acuerdo con la taimada aproximación a las ideas comunistas- escribió en su libro “Cómo llegó la noche” un par de anécdotas en las que el Coma-Andante no hace gala precisamente de su valentía.

Dice Huber Matos:

Mientras hablamos, él observa los movimientos de los aviones que bombardean Las Vegas, describiendo un amplio óvalo que los aproxima al lugar donde estamos. Sorpresivamente, el comandante dice:

-¡Ven, corramos a refugiarnos en el túnel!

Lo sigo por la ladera unos 20 metros hacia abajo hasta lo que parece una cueva de ratón gigante por donde penetra con todo el volumen de su cuerpo, mostrando un apuro y agilidad que no son usuales en él. Con Fidel entran Celia y dos personas más y se quedan ahí, agazapados.

Me extraña tanta precaución y, como en realidad no hay peligro, me quedo afuera del hueco. Desde la cueva sale como un huracán la voz de Fidel, regañándome porque no me pongo a salvo con ellos. Le digo que no se preocupe, que no va a pasar nada; pero él insiste.

-Alguien debe quedar afuera -le respondo- para estar al tanto de los aviones cuando retornen a sus bases.

Comprendo que queda desairado ante los demás, poniendo en evidencia su temor. Él es el jefe y dos cosas le molestan: que no lo obedezca y que involuntariamente deteriore su imagen. Pero ése no es mi propósito, ya estoy acostumbrado al acoso diario de los aviones.

Cuando éstos se alejan sale de la cueva contrariado; su elocuente mutismo lo delata. Furioso, se sacude el polvo del uniforme y pienso que me va a hablar fuerte. Algunos episodios sobre el temor de Fidel a los aviones circulan entre los rebeldes que han vivido experiencias similares.

Huber Matos actualmente

De manera que no soy solo yo el que sospecha que el Fifo es un cobarde. Inteligente, sí. Valiente, no.

En definitiva, que mi abuelita era un genio.

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Acerca de azayas48

Físico médico, programador de computadoras. Fan de Visual Basic y SQL. Cubano por nacimiento, mexicano por naturalización y por corazón.
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