Los camisas pardas del Fifo

Acto de repudio. Amenazando a un disidente. Obsérvese la expresión de odio. El delito es disentir del gobierno.

El siguiente párrafo está tomado del artículo “Adolfo Hitler” en Wikipedia:

“El 1 de abril de 1920, el Partido Obrero Alemán cambió su nombre a Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, más conocido como Partido Nazi; ese mismo día Hitler abandonó el Ejército. Poco después organizó escuadrones de veteranos de guerra, liderados por Emil Maurice, para que mantuvieran el orden en las reuniones del Partido, y expulsasen a los que no estuviesen de acuerdo con los oradores. El 5 de octubre de 1921, estos escuadrones fueron organizados bajo el nombre de Sturmabteilung, mejor conocidos como las SA o los camisas pardas, por el color de sus uniformes. Muy pronto, las SA, bajo el mando inicial de Johann Ulrich Klintzich, dejaron de limitarse a su rol de mantener el orden y empezaron a atacar a los grupos políticos opositores y a los judíos, lo cual acabó convirtiéndose en su actividad principal.”

En el verano de 1991 se celebraron en Cuba los Juegos Panamericanos. En ese tiempo yo ya no trabajaba en el Oncológico sino que me había cambiado a Eicisoft, una empresa perteneciente al SIME (Ministerio de la Industria SIdero MEcánica) dedicada a la fabricación de robots industriales y a algunas otras actividades comerciales que tenían que ver con el desarrollo de software.

Aunque mi trabajo en el Oncológico como físico médico tenía muchos aspectos interesantes desde el punto de vista científico y humano, tenía uno que no era muy agradable: casi todos los pacientes, a la larga, morían. Y a pesar de que uno trataba de no involucrarse demasiado personalmente, era casi imposible no hacerse amigo de tus pacientes. En la mayoría de los casos mejoraban durante un cierto tiempo y eso mismo ayudaba a que la relación de amistad se estableciera firmemente. Pero luego venía la recaída y tenías el dolor de verlos irse sin que se pudiera hacer nada más por ellos.

Por eso cuando el haber desarrollado junto con otro físico un programa de cómputo para ayudar en la planificación de los tratamientos de radioterapia me abrió las puertas de Eicisoft, me decidí a tirar por la ventana 18 años de experiencia y cambiar de oficio.

En la nueva empresa tenía, además de la posibilidad de crear -una de las actividades más agradables que puede realizar un ser humano- la ventaja de sentirme parte de un colectivo que francamente, desbordaba genio. Mandy el director, había sido mi amigo y mi profesor de Electrónica en la universidad e indiscutiblemente, había logrado juntar en la empresa a una buena representación de la “intelligentsia” tecnológica y científica de la Isla.

Además, Eicisoft había participado en una exposición industrial a la que había asistido el Fifo y éste quedó cautivado cuando vio un robot búlgaro que había sido programado por personal de la empresa para que ordenara pequeños bloques de metal atendiendo a su tamaño. Los bloques se tiraban amontonados de cualquier forma sobre un área determinada y el robot, que tenía visión y hasta voz, revisaba dicha área y era capaz de identificar cada pieza, agarrarla con su pinza y hacer montoncitos con ellas, separándolas por tamaño. El toque de humor lo daba la voz, porque cuando identificaba una pieza grande (las había de tres tamaños: grandes, medianas y chicas) se oía una voz que decía: “¡Ahhhhh… una grandecita! “. Eso hacía sonreír a casi todo el mundo.

Pero lo que hacía sonreír a la gente, en el Fifo se convirtió en obsesión. Parece que en ese tiempo su enfermiza psiquis andaba necesitada de otro episodio de entusiasmo desenfrenado. Y la agarró con Eicisoft como José Arcadio Buendía con el imán de Melquiades. Al punto que Eicisoft pasó de la noche a la mañana, de residir en un galpón abandonado detrás del Reloj Club (un antiguo putero habanero situado a medio camino al aeropuerto) a tener un edificio recién remozado de tres pisos en medio del Vedado, casi en la esquina de 23 y 24.

¡De lo que es capaz la ignorancia! Como en el viejo chiste, él no sabía bien qué era un elefante (en nuestro caso, un robot) pero dentro de poco nosotros íbamos a tener “500 millones de elefantes, y el elefante más grande del mundo”. Es decir, comenzó a decir que en pocos años Cuba iba a ser el principal fabricante y suministrador de robots industriales del CAME y quizás hasta del mercado capitalista. Vaya, los de FANUC, comparados con nosotros, eran unos pobres comemierdas con balcón a la calle.

Aunque quizás en el fondo tuviera algo de razón. Por allí cerca andaba flotando el negocio. Pero con ese instinto infalible para estropearlos, utilizó mal los recursos. El negocio no estaba en los hierros, sino en el software. Los hierros no son más que eso, hierros. Más o menos sofisticados, pero hierros al fin y al cabo. Lo importante es el software, que los hace cobrar vida. Varios países han logrado salir del subdesarrollo montándose en una ola tecnológica nueva que no implique tener un parque industrial grande sino una mano de obra muy especializada y una inversión pequeña comparada con la de otras industrias básicas más tradicionales como el acero, el petróleo o el cemento.

Pero bueno, a los eicisofianos nos convino ese arranque de entusiasmo enloquecido porque en vez de comer boniato con arroz (como muchas veces comí en el hospital), pasé a comer calamares, helado, y a disponer de un gimnasio bastante bien equipado en el centro de trabajo. Antes, cuando alcanzaba a leer algo con un año de atraso, me creía que tenía a Dios cogido por las barbas. Ahora me daba el lujo de tener en mis manos el ejemplar del mes en curso de PC Magazine.

Así las cosas, llegaron las elecciones sindicales a Eicisoft. Los sindicatos son un problema en muchas partes, pero en Cuba todo el mundo sabe que sólo sirven para arrear a los obreros como si fueran carneros, según los intereses del gobierno. Por eso siempre he sido reacio a participar en ese tipo de embuste. Pero se dio el caso que la asamblea me propuso como secretario general, y yo pensé: “Total, para que sea otro el que me empiece a joder, mejor soy yo el encargado de joder a los demás, y quién sabe si hasta les quito problemas de encima”. Palabras proféticas.

Como dije al comienzo de este artículo, pronto se celebrarían en Cuba los Juegos Panamericanos. Para ello el gobierno había construído varias instalaciones deportivas, incluyendo un estadio colosal. Nosotros teníamos varias prerrogativas en la empresa, producto de que éramos algo así como los consentidos del Fifo del momento. Entre ellas estaba el que salíamos de vacaciones todos juntos y se cerraba la empresa, quedando sólo uno de nosotros que hacía las veces de sereno. Esa era una idea genial de Mandy para permitirnos a todos disfrutar del verano, que es cuando Dios manda vacacionar. La excusa era que formábamos un equipo muy entrelazado y cualquiera que faltara entorpecería el trabajo de los demás. Por ello, era prerible parar todos juntos.

Pues bien, llegó el verano y salimos todos de vacaciones.

Estadio Panamericano en La Habana, sede de los Juegos Panamericanos 1991.

Un día estando en la casa recibí aviso de que como secretario general de Eicisoft, me presentara en el local del sindicato municipal. ¡Coño, no me dejan vacacionar tranquilo! -pensé-. Pero no me quedaba más remedio que asistir. No tenía idea de para qué me querían.

Cuando llegué me encontré con que la citación no era solamente para mí, sino para todos los secretarios generales del municipio. La reunión comenzó, un tipo se paró en la tribuna, y con una sangre fría sorprendente procedió a comunicarnos lo siguiente:

Los panamericanos estaban por comenzar. El gobierno tenía noticias de que aprovechando la presencia inevitable de reporteros de medios de prensa de países capitalistas, algunos grupúsculos de contrarrevolucionarios estaban planeando algún tipo de escándalo antigubenamental con la idea de que el mundo se llevara la idea equivocada de que los cubanos no querían a sus gobernantes. Esto había que evitarlo a toda costa.

El plan para impedirlo era sencillo: nos serían asignadas cuotas de participantes atendiendo al tamaño de cada empresa y era responsabilidad nuestra escoger a los mejores. Los designados deberían llegar al estadio con dos horas de anticipación a su apertura, para tener tiempo de dislocarlos convenientemente por toda la gradería. Y ahora venía lo importante: cada uno debía de traer consigo un objeto contundente, un ladrillo, una piedra, un palo, en fin, algo que sirviera para golpear. El objeto debería de estar disimulado en un cartucho o un periódico, lo suficiente como para que los periodistas extranjeros -en su ingenuidad- no advirtieran su presencia, pero no tan ocultos que los cubanos -mucho más conscientes de la realidad-  no lo notaran, para que supieran lo que les esperaba si comenzaban a protestar o manifestarse en contra del gobierno. Los objetos debían ser de naturaleza tal que no sugirieran que habían sido llevados al estadio a propósito, sino que habían sido encontrados por casualidad por allí cerca, en el fragor de la batalla.  Por supuesto, los designados deberían de no atender a los juegos sino estar muy atentos a lo que pasaba a su alrededor para abortar desde sus inicios cualquier intento de protesta, golpeando sin piedad a sus autores.

Aquello me dejó estupefacto. Todos sabíamos que el gobierno organizaba bandas de policías vestidos de civil para que atemorizaran y reprimieran a los disidentes o a los que simplemente mostraban su deseo de emigrar, haciéndolo de forma tal que parecieran desórdenes espontáneos: los famosos mítines de repudio. Pero esta vez la necesidad de represores era grande y querían involucrarnos. La vileza y la desfachatez con que hicieron la solicitud me golpeó en la cara como un puñetazo.

Comenzaron a nombrar a las empresas una por una. Cuando decían el nombre de la suya, cada secretario se ponía de pie y escuchaba la cantidad de participantes que tendría que aportar. Mientras me llegaba el turno, mi cerebro trabajaba rápidamente evaluando mis opciones. Por supuesto que mi deseo era decirles que yo no iba a participar en semejante vileza y que no contaran conmigo para ello, cosa que de seguro habría tenido consecuencias desastrosas para mí. Posiblemente perdería no solamente mi puesto, sino que caería preso por contrarrevolucionario, una acusación que en Cuba podía costarte muy caro.

Por fin me tocó el turno. Justo en el momento de levantarme, se me ocurrió la solución: les expliqué que nuestro centro de trabajo estaba completamente cerrado, que la gente estaba desperdigada por el país -algunos en la playa, otros habían ido a visitar familiares en el interior- en fin, que yo no podía convocar a la gente porque no sabía siquiera dónde estaba cada uno. Y me quedé esperando el efecto que habían tenido mis palabras, mientras por dentro sentía una mezcla de cólera y temor. Y por suerte, se lo tragaron: me había salvado yo, y de paso había salvado a mis compañeros de Eicisoft de una situación muy incómoda.

Luego aprendí que la idea de organizar bandas de facinerosos para atemorizar ni siquiera era suya, había sido utilizada años antes por Hitler, del cual había tomado además otras ideas como la famosa frase que cierra y le da nombre al discurso que el Fifo pronunció frente al tribunal que lo juzgaba por el ataque al cuartel Moncada: “Condenadme, no importa la Historia me absolverá”, que es muy similar a la que pronunció Hitler en el alegato que hizo en su defensa en un juicio al que fue sometido como acusado por haber participado en un golpe de estado fallido. O la famosa consigna con que terminaba sus discursos “¡Patria o Muerte, Venceremos!”, la cual se dice que la tomó de Mussolini.

Pero lo importante no es que tome consignas y hable con las palabras de dictadores famosos y despreciables, lo importante es que el crimen de reprimir con pogromos a los disidentes y a los que desean emigrar, esa cobardía y esa vileza, es una práctica oficial que utilizó y utiliza actualmente el desgobierno cubano. Me consta.

Nancy Gozalez García

Guillermo Fariñas

Orestes Suarez

Juan Wilfredo Soto García. El 5 de mayo de 2011 recibió una paliza sin ninguna razón en el parque Leoncio Vidal de la ciudad de Santa Clara. Murió en horas de la madrugada del domingo 8, Día de las Madres.

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Acerca de azayas48

Físico médico, programador de computadoras. Fan de Visual Basic y SQL. Cubano por nacimiento, mexicano por naturalización y por corazón.
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